Esta es la historia de una revolución inexistente. ¿Y cómo contar un hecho que nunca existió si no es inventándolo o tergiversándolo todo? ¡La historia la puede escribir cualquiera! La literatura es una forma de conocimiento y hay ficciones que cargan más verdad que el relato verídico de los hechos. 1810 es un fantástico ejercicio de imaginación histórica. Solo la pluma agitada de Washington Cucurto podía reconstruir los hechos de la Revolución de Mayo tal como los sintieron y los vivieron los negros y los miembros de las clases sociales sumergidas. Con golpes de boxeador desesperado atizado por la realidad delirante que reina en América Latina, Cucurto labra una picaresca social afroamericana, el lado oscuro de una aventura en la Buenos Aires colonial emprendida por hombres atolondrados y advenedizos a los que hoy llamamos próceres.
En 1810 en la aldea junto al Plata no reina la calma: un general José de San Martín pansexual, contrabandista y fumanchero es el protagonista de esta historia junto a miles de descendientes del África a quienes libera en Buenos Aires para desencadenar una orgía sexual social y política que dejará todo patas para arriba.
“Cucu —me dijo Santiago, aferrándose a su vaso de cerveza Condoriña—, la literatura, la historia, los personajes, no son lo importante en un libro. Cucu, los escritores que hacen eso están perdidos. Usan palabras como calidad, logros,estética, poética, elipsis, simbolismo alemán, parodia,gauchesca. Esas palabras dejaron de existir hace cincuenta años y no tienen ningún valor. Lo importante en un libro es lo que representa para el mundo”.
Washington Cucurto, considerado por sí mismo marginalizado, en la novela a través de su lenguaje y su trama incomoda, vulgar, obscena nos saca a los lectores de nuestro lugar cómodo y natural, para que a docientos años de la revolución de mayo se desestabilice la idea de ser nacional, de lengua nacional y sobre todo de historia nacional que se construyó y naturalizó en su momento. Cucurto le da voz a un sector social marginalizado obligándonos a cuestionarnos sobre estas cuestiones, nos pone frente a ese discurso violento y obsceno que se ha construido alrededor del “otro”. Su estrategia es sacarnos de ese lugar cómodo y de naturalización continuo para que suceda una reflexión y una desnaturalización sobre el negro, el inmigrante, el marginal. Tengo que confesar que varios capítulos y partes no las pude terminar, algunas las leí en diagonal y otras directamente las salte, pero tengo que reconocerle a Cucurto que definitivamente hace lo que nos propone en el prólogo, de algún modo nos presenta esa nueva perspectiva de la historia. A través de la trama y si escribir distorsionado y obsceno nos hace reflexionar de la “verdadera historia” distorsionada y obscena.
Entre tanto desorden y sin sentido (mayor parte de la obra) algunos momentos de “lucidez” del autor argumentaba y defendía su pensamiento y punto de vista. (Las estrellas son solo por su pensamiento desnaturalizador).
“Que la historia la cuenten otros, porque como la realidad tiene mil caras, ósea, no existe y es solo un instrumento de la política partidaria y las grandes empresas de best sellers”.
El libro más falopa que leí en mi vida, pero me reí muchísimo. Tenemos a un señor que cree fervientemente ser descendiente de San Martín y que gracias a sus antepasados pudimos llegar a la revolución. La mezcolanza que hace de datos, da vuelta todo lo que conocemos, inventa otras tantas cosas que eso es lo que te lleva a reir, que hay cosas que decis ¿de donde salio con esa paparruchada? Obvio que no es un libro para leer si te queres documentar sobre ese hecho ocurrido en la Argentina, pero si queres reirte un rato y pasar un buen momento, definitivamente te lo recomiendo.