Leer este poemario es asistir en primera persona a un deshielo, ese mismo que se evoca en su título.
Dos polos, que no eran tan opuestos, que se derriten, hasta la última gota definitiva. El adiós y la distancia entre dos cuerpos y los gestos del otro, esos que creíamos aprendidos y, de repente, son solo una sombra. Desconocidos. Como si no (re)conociésemos a esa persona sino es dentro de la intimidad compartida.
“quebrada miro tus quebrados”
Este poemario rompe un poco el corazón y si has pasado por una ruptura puede que te reconozcas en algunos versos.
[…]
A TI, QUE TENDRÁS una vida
feliz lejos de la mía, una vida que ocurrirá sin
mí como se suceden las estaciones, el envejecimiento, las hojas de los libros
imploro una verdad, imploro
algo tan real como esta certeza de que tu vida
ocurrirá
felizmente
pese a todo,
pese a mí
[…]
Claudia transmite de manera brillante el resquebrajamiento, el dolor en el pecho, esas primeras ideas y pensamientos inverosímiles y desconcertantes ante lo que está ocurriendo. Para pasar a la cotidianidad de que esos días se fueron y con ellos, un poco de nosotrxs.
“te escribo
no porque busque recordarte,
sino como camino que me aparte del recuerdo”.
Me quedo con dos cosas: las huellas que dejan en nosotrxs las personas y los vínculos, como caudales de ríos extintos. Y la aparente solidez de la intimidad que se desmorona con solo una fractura.