Amenazado de muerte por el novio de Yeraldín, la alumna con la que tuvo la suerte y el infortunio de acostarse, un joven profesor de filosofía debe abandonar su Medellín natal, y se exilia en Nueva York. Nostálgico, extraviado, casi hastiado, parece no tener más opción que hacer un repaso franco de su vida, con el que intenta recuperarle su sentido o, por lo menos, comprender por qué ya no lo tiene. Pero más que una colección de sus desventuras, su recuento es una disección crítica de lo que lo ha condicionado: por su mirada —cáustica, polifacética, divertida— pasan la sociedad antioqueña, la sociedad colombiana, la academia, el ejército, sus lecturas de filosofía, los valores de Occidente, las convenciones amorosas, como si hubiera querido saldar cuentas en su nombre y en el de muchos otros.
Sinceramente no supe cómo pudo el autor comprimir tanto en un libro tan corto. A la línea central se le unían muchas más líneas como huesos de un esqueleto de pescado. Europa, la Loca, Antioquia, La Grande, Nueva York, el servicio militar, la filosofía, la mafia, los dos Escobares, las referencias a canciones de Salsa, las oraciones, las pecas en los hombros de Chitara, su colección de tragedias... pasan sin uno darse cuenta cómo, por delante, mientras Gil desliza con sarcasmo o, más bien, con exactitud, sin esconder nada, críticas a un Medellín que sepulta, a la iglesia, a Platón. En suma, a la sociedad Occidental. Esta no parece la primera obra del escritor, parece la más importante. Parece la obra de un autor consagrado que reúne con calma la historia de su generación. Si puede echarle mano a un ejemplar de la Cámara de Comercio, hágalo sin dudarlo. Si ve que lo descuidan en una mesa al lado de la suya, y miran distraídos el cielo mientras canta un sinsonte, no lo dude, tómelo con disimulo y váyase para la casa porque tiene un tesoro. Si se lo regalan en un taller de escritura, como a mi, dele la bendición, 1.000 jesuses y bautícelo con aguardiente. Y si usted es de los que prefiere no meter la mano en los bolsos ajenos, y no tiene tiempo para talleres literarios ni ninguna de esas vainas inútiles que no dan plata, espero que salga a la venta pronto.
Por donde empezar???? Tuve la fortuna de leer "Colección de tragedias y una mujer" en el avion de regreso de Roma donde no me dejo dormir y para escapar de los ronquidos de los turistas exaustos me meti en el libro de David mientras escuchaba musica clasica…. y como solo me pasa con los libros buenos, no me lo quise terminar asi no mas y deje las ultimas paginas hasta hoy que finalmente me decidi con angustia a dejarlo ir.....Quiza porque somos pocos los afortunados de pasar por la Universidad Publica o por la casualidad de conocer tambien NYC..... pero David me hizo recorrer de nuevo todos aquellos rincones mientras regresaban los olores de las cloacas de ambas ciudades… Ojala la Camara de Comercio siga apoyando a escritores jóvenes y talentosos como David, aquí estaré esperando que salga su próximo libro
Lo leí en tres días de asombro. Engancha y no suelta hasta la última página. El protagonista-narrador tiene la voz-tono más pujante que he leído en años. Una prosa tan nítida como sólida, y un fraseo con dos cojines. A leer y releer.
Comencé a leerlo un poco sin entusiasmo, y me fue atrapando. Caústico, mordaz, cínico, divertido, caótico, este relato es a un monólogo donde el protagonista nos narra episodios de su vida y a la vez reflexiona sobre la sociedad colombiana, la sociedad de Medellín, y la vida de emigrado en Nueva York. Muy vívido el relato.
Hace tiempo pensaba yo que la “Gran novela nacional” en la actualidad tendría que estar atravesada necesariamente por la migración. Con esto, no solo se forzaría a involucrar en el relato nacional la presencia de este segundo país, sino que esta distancia geográfica implicaría también acceder a una imagen panorámica y privilegiada sobre el país de origen, tal y como, quizá vanamente, los inmigrantes solemos pensar. Y es que, en el caso de “nuestros” países, es imposible pensarlos sin su relación con el afuera. Ya hoy no sé si sea adecuado o ingenuo seguir con esas viejas jerarquías de “la gran novela”, pero igual valoro mucho que este texto responda a ese tipo de grandes ambiciones temáticas y escenifique y discurra sobre estas relaciones y dependencias entre el origen y el devenir, el centro y la periferia, el colonialismo, el trasplante, el destierro, la cultura, la identidad, entre muchas cosas más, y que además lo haga con humor y acidez, sin lugares comunes, con buen gusto, ritmo y excesiva impertinencia. Esta novela-clase-carta, aunque solemne y distante, no para de reírse. A la vez que “explica” nuestros pilares culturales, también se ríe de ellos, así como del narrador mismo, y del lector. Desde su narración en segunda persona encontramos un narrador-profesor que se dirige a su noviecita, su estudiante. Este profesor no puede parar de “enseñar”, al punto que exacerba y explota la figura del profe-padre-jefe versado y condescendiente, o como se dice tanto ahora, la noción misma del “mansplaining”. Y todo esto es demasiado serio, por supuesto, pero pronto también ha perdido su seriedad. Así, con el pasar de las páginas, uno, su lector, ese tú al que se dirige el profesor, pasa a aceptar la condición de ser su “estrella de la mañana”, su “cachito de luna”, su “tontita”. El realismo en Colombia --por nombrar un lugar-- toma fácilmente visos de caricatura, y en esta novela no es la excepción. Aquí conviven narcos, filósofos, mujeres abundantes, lucha de clases, prejuicios y resentimientos históricos, religión, alta cultura y reguetón. Normal.
Ay, David. He leído tu libro con algunos prejuicios que intenté disimular, con la actitud de lucida que tienen los niños al saber un poquito más del libro antes de leerlo que los demás. Y que maravillosa cachetada le has dado a mi prejuicio. Preste el libro en la biblioteca de la universidad, casualmente nadie lo había tocado desde el 2023 y me alegro ser quien lo desempolvara.
Me ha encantado, no, no. De verdad, me ha encantado. Si no me hubiese gustado tal vez diría en la reseña cosas como: “que hermosa portada” “que gran titulo” pero colección de tragedias de una mujer me ha impactado el corazón en sobre manera. Escribes bien, y lo sabes, no tienes ni una sola psico de vergüenza de utilizar todas las referencias, formales, académicas, literarias, culturales, musicales y cómicas que tienes en la cabeza ¿o en el corazón? Me gusta que tu escritura es sin vergüenza, altaneras, retadora, y molesta. Porque claro, me has dejado tremendamente enojada, por favor dime ¿a quien se lo has escrito? No te atrevas a decir que todos esos adjetivos amorosos son ficción porque nadie tiene un variedad tan amplia si no se los ha dicho a alguien en la realidad. ¿Como te atreves a no darme un final feliz? ¿Como te atreves a no tener mas libros? Ay, David. Esta relación entre autor y lector no puede ser una máquina perezosa, debe activarse de parte y parte.
Haciendo acabado de leer desgracia, de coetzee, puedo ver los guiños que hiciste y que fortuna haberme dado cuenta.
Me ha gustado el libro en sus aspectos formales, como no, de nuevo sabes que eres un gran escritor, me gusto lo cotidiano y trágico de cada pequeña tragedia, tenia la necesidad de ayudarle al personaje, tirarle alguna soga, alguna Epifanía, pero como en mi propia vida, lo que mas me ha formado han sido las tragedias, que, qe tragedia, pero donde estaríamos si no.
Le raye al libro con lápiz algunos comentarios en las márgenes, cozones y signos de exclamación, para que la próxima tragedia que lo encuentre sepa que alguien mas ya ha sido impactado y que el o ella sera el siguiente.
La prosa de este libro destaca por su fluidez y agilidad, transformando la lectura en una experiencia sumamente placentera y cautivadora. La incorporación de expresiones características de la región de Antioquia, en Colombia, se fusiona a la perfección con la trama, otorgando una singularidad y profundidad notable a la narrativa. Esta característica me lleva a pensar que la obra podría ser un referente futuro en el estudio de las expresiones lingüísticas locales.
En lugar de centrarse en una sola trama principal, el libro se presenta como una compilación de relatos que, a través de la ironía y reflexiones filosóficas, indagan en el universo interior del narrador. A pesar de esto, sentí que la estructura de la novela era algo fragmentada, lo que chocó ligeramente con mi preferencia por narrativas más lineales y lógicas. Además, los elementos metanarrativos introducidos añaden una capa de complejidad al relato, llegando incluso a burlarse de sí misma, entre otros elementos. Estos aspectos, aunque interesantes y creativos, no lograron captar completamente mi agrado.
Primera novela del autor. La estructura un tanto caótica puede confundir o aburrir al lector. Para resaltar la voz de narrador: un tono desenfadado y políticamente incorrecto que no decae a lo largo del libro.
El encanto de una vida plana, rodeada por las aventuras de la juventud y el amor, son el marco de un problema más profundo, el contexto del país, la crítica a la forma de pensar de una genera y el choque con la personalidad ensimismada.