Piel de mujer es una colección de doce crónicas en las cuales se llegan a conocer pinceladas de mujeres que están en nuestro país. Mujeres que han sufrido, que han vivido realidades que parecen de película, y que no tienen miedo en contarlas con el máximo lujo de detalle.
Como puntos fuertes, la capacidad de Mora de caracterizar a cada una de ellas sobresale. De inmediato, cada narradora es diferente, algo que es difícil de lograr cuando se utiliza siempre el mismo elemento de primera persona. El lujo de los detalles, las esencias de cada vida, son clave para ubicar al lector, algo que la autora logra de manera sumamente eficiente. Luego, está la profundidad de investigación de la autora, que suelta datos de sumo interés de la realidad latino y centroamericana.
Es un libro cuya forma hace que sea muy fácil de leer, no por su contenido, sino por la narración fluida. Las historias son todo lo contrario: tocan temas que pasan en Costa Rica, y que no queremos ver. Pero, es un ejercicio necesario.
Como oportunidades de mejora, el libro se vuelve estructuralmente predecible. Al pasar las primeras dos crónicas, se entiende que el fenómeno de escritura es el mismo: una narrativa en primera persona, que jugará con el tiempo, llevando a los lectores, al futuro y al pasado. Utiliza los datos de manera casi idéntica en cada historia, y esto puede llevar a sentir monótona la lectura en ocasiones. Al variar este estilo, que no necesariamente hará que se pierda la esencia de las mujeres que bajan su escudo y cuentan sus vidas, se lograría un libro más dinámico.
Piel de mujer es un muy buen ejemplo de cómo la entrevista a profundidad puede sostenerse por sí sola y contar historias de sumo interés.