La Segunda parte del Lazarillo de Tormes (Amberes, 1555) ha vivido secularmente bajo sospecha. La tardía continuación escrita con el mismo título por Juan de Luna en el siglo siguiente optó por seguir el modelo «realista» de sátira religiosa y social de la Primera parte, y decidió, en función de esa elección estética inicial, leer la auténtica Segunda parte de 1555 desde una perspectiva crítica sesgada, rechazando su planteamiento imaginario, basado en la combinación del «relato de transformaciones» derivado de Ovidio, Apuleyo y Luciano (Lázaro transformado en atún) y del «relato alegórico» (el mundo islámico del agua frente al mundo cristiano del vino). Por otra parte el texto mismo, desatendido en su tratamiento filológico, se ha transmitido con evidente deterioro tanto en su fijación como en la atribución de su autoría. Esta edición, para abordar el problema global de la "Segunda parte" de la historia de Lázaro de Tormes, se replantea algunas cuestiones de tipo filológico y crítico, que demuestran la errónea y constante transmisión editorial.
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* They are officially published under that name * They are traditional stories not attributed to a specific author * They are religious texts not generally attributed to a specific author
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Me ha gustado el principio y el final. Desde mi punto de vista como filóloga, no es el mismo protagonista del anterior libro. Es un puro fanfic seguramente hecho por otro autor (hipótesis) en el que sobra la mitad de la trama. Es gracioso lo de los atunes, pero se lleva a un extremo que se encuentra fuera de la seriedad del género. Resulta ser también un avance en la literatura de su tiempo, por lo que se trata de una cuestión de gusto
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La segunda parte del Lazarillo de Tormes es un intento de continuar las aventuras de Lázaro, pero la verdad, acaba por ser una decepción. Aquí el autor anónimo saca a Lázaro de la España de la pobreza y el ingenio, y lo mete de cabeza en una especie de parodia política. En esta continuación, Lázaro se convierte en un atún (sí, un pez) y pasa a vivir en un reino de atunes donde sirven a un rey que simboliza a Carlos V.
Lo que en la primera parte era picardía y humor para sobrevivir, aquí se convierte en una sátira política que no tiene ni la gracia ni el filo del original. Aunque el autor intenta seguir el estilo de la novela picaresca, la crítica social resulta forzada y pierde el toque sutil que hacía tan entretenida la primera parte. En vez de aprovechar el personaje de Lázaro, el libro se desvía en un mundo surrealista que convierte a este pícaro tan astuto en un pez atrapado en una trama ridícula.
En lugar de amos hipócritas o escenas de hambre y miseria, tenemos un reino de atunes que discuten sobre política y corrupción. La idea es tan extravagante que acaba por diluir la chispa de la obra original y dejar al lector con la sensación de que se perdió la esencia del Lazarillo. La continuación no aporta nada valioso a la historia de Lázaro, y más bien deja la impresión de ser una secuela forzada.