4.9
Me demoré en leer el libro por la densidad y complejidad que se escondía en la sencillez. Me encantó, sentí una escritura muy sincera, armónica, con mucho sentido e importancia. Sentí su fuerza como la fuerza que más admiro: la de la danza o la natación. Es decir, quien danza/nada/escribe necesita tanta fuerza, tantos pulmones, tanta capacidad de expansión y retracción que no los dice ni los muestra... o que, justamente, los muestra en el acto más delicado y precioso que conmociona a quien no sabe qué hay detrás (por su indudable belleza) y, sobre todo, a quienes trabajan tras bambalinas (soñando y practicando) ese arte que pide y entrega tanto.
Es un desastre que te arrastra lento para que, en el intermedio, puedas ver todo lo que hay. Todos esos mundos posibles, reales, pululantes que emergen y te chupan... y aprender a leer la lengua de la baba que señalan. Todavía no sé leer el fuego, pero pude verlo.