Un diario en orden cronológico del desarrollo político del procés visto desde el interior de la estructuras de gobierno, que no esconde su animadversión a las tesis independentistas y a las que atribuye la responsabilidad del descalabro institucional de los últimos años. Su mejor aportación es la información de primera mano de los entresijos políticos a los que tiene acceso un diario como La Vanguardia. Lo peor no es ya su manifiesta aversión al catalanismo independentista, sinó la escasez de argumentos para justificar el inmovilismo político con el que han respondido laa instituciones del Estado ante la desafección en Catalunya. Y muy especialmente la ingeniudad con que resuelve que el proceso se limita a ser un virus político en el que unos cuantos han caído arrastrando a una multitud, sin tener en cuenta mayores repercusiones sociológicas, económicas y políticas al respecto.