Esta vez Le Breton me dejó mas inquietudes que certezas. Entre la desaparición de sí y la evasión hay una línea muy tenue, que filosóficamente (y sin duda el autor es conocedor profundo de la filosofía continental) se puede diferenciar con claridad y distinción si consideramos los diferentes niveles en que se piensa la autoconciencia: Conciencia de sí, la relación de sí a sí, y la conciencia como síntesis de representaciones del pensamiento. En ese sentido, el punto débil del que ya considero mi autor favorito, es que a la conciencia que se está formando (el adolescente) lo ubica en la desaparición de sí, con ello pienso que la equipara con la evasión y me pregunto si eso es adecuado.
También inquieta su tratamiento a los desaparecidos, que hace pensar en las desaparecidas, a las cuales no aborda. En ese rubro entran los migrantes que no pueden ser tratados como transfugas. El doloroso desarraigo no tiene nada de poético. Las demencias de la vejez, en cambio, las muestra como el pulso desgarrador del mundo contemporáneo, en donde el sujeto no puede coincidir con su propio mundo.
Poner en liza al "sí mismo", esa certeza casi inobjetable para decirnos que se trata de una creencia a la que damos nuestro asentimiento, es un atrevimiento que no se puede tomar a la ligera. Tenemos que plantearnos muy seriamente la tarea de reflexionarlo.