"Del campo son y han sido mis amores;
rosas son y jazmines mis cadenas;
libre nací, y en libertad me fundo."
Esta no es una gran novela, pero sí que es ya un mundo habitable. Y si uno puede vivir, por supuesto, uno puede morir, es inevitable. Por ahí van las novedades de este libro (¿pero es que acaso vale la pena inventar de nuevo el asesinato?)
Basta coger los capítulos XI a XIV de la primera parte del Quijote, publicada tras un silencio literario de casi veinte años, y el salto cualitativo es mucho más evidente. En los poemas, en la narración… La prosa de Cervantes es mucho más fluida allí.
Por lo demás, es un libro curioso. La mezcolanza empieza con la de verso y prosa, pero se extiende a los contenidos: se podría decir que la literatura pastoril redefine el oficio de pastor, pues este, más que de pastor, es de cortesano; y más que un oficio, es un ocio. Se cuentan la vida (más de la mitad de la novela es puro y duro cotilleo), juegan a las adivinanzas, celebran funerales y justas poéticas, entran en disputas neoplatónicas sobre qué dolor de amor es peor, y sobre todo, cantan, cantan mucho.
A los interesado/as: no, lamento decir que este libro es bastante heteronormativo. Muy triste, lo sé. Con nombres tan maravillosos como Teolinda, Artidoro, Nísida, Silerio, Telesio, cómo no quedar luego decepcionado.