La sucesión, primera novela de Cynthia Edul, narra tres momentos, a lo largo de varios años, en la vida de un personaje que convive con el miedo y la fascinación que le produce su padre. La narradora es la hija menor en una familia de clase alta que está siempre al borde de la inestabilidad emocional y de la violencia. A medida que avanza el relato nos vamos involucrando en los vínculos que establecen los miembros de la familia, con un padre jugador y una madre complaciente. La historia se mueve en la tensión entre el amor y el desamparo.
La dramaturga y escritora Cynthia Edul se revela en esta novela como una narradora hábil, con un mundo propio, rico, que nos hace pensar en los climas de algunos textos de Fogwill y con escenarios y personajes poco transitados en la literatura argentina.
Una narración ágil y atrapante que nos lleva de la cotidianidad de una familia de clase ascendente en los 90 hasta la debacle del padre que arrastra a todo el círculo familiar
Cynthia creó una familia tan real e imperfecta que por momentos me hacía sentir tan cercana que podía padecer la tensión en el departamento sobre av Libertador y me hacía querer gritarle a ese padre que tome las riendas de su vida y deje de hipotecar la vida de su familia de esa forma. Que claro, esto es algo que ninguno de sus hijos jamás pudo decírselo
“Los pasillos del departamento estaban vacíos, parecía que cada uno, en su dormitorio, en secreto, anhelaba que el tiempo no avanzara, porque si al llegar las doce, alguien pronunciaba ese singular, feliz año nuevo, el solo enunciado de la novedad indicaría el inicio de una serie que ya comenzaría a dejar atrás a mi padre.”
3.5. Lo compré en la primera FED allá por el 2013, pero lo leí 13 años después (otro rescate de la biblioteca transoceánica). Me encantó la forma ágil del relato sin línea de diálogo, los recuerdos fragmentados e inconexos de la narradora como niña y las imágenes de la década (algunas ya muy obvias, otras no tanto). Qué odio me dio todo ese silencio familiar y ese temor reverencial al padre, pero qué respeto me genera la forma en que lo contó.