La sucesión, primera novela de Cynthia Edul, narra tres momentos, a lo largo de varios años, en la vida de un personaje que convive con el miedo y la fascinación que le produce su padre. La narradora es la hija menor en una familia de clase alta que está siempre al borde de la inestabilidad emocional y de la violencia. A medida que avanza el relato nos vamos involucrando en los vínculos que establecen los miembros de la familia, con un padre jugador y una madre complaciente. La historia se mueve en la tensión entre el amor y el desamparo.
La dramaturga y escritora Cynthia Edul se revela en esta novela como una narradora hábil, con un mundo propio, rico, que nos hace pensar en los climas de algunos textos de Fogwill y con escenarios y personajes poco transitados en la literatura argentina.
Me gustan las narraciones desde el punto de vista de niñxs que registran lo que sucede alrededor suyo, sin entender bien en el momento qué significa, pero sabiendo que son cosas importantes. Párrafo aparte para toda la descripción de lo que se siente ser siempre la más chica en todos lados en los que estés y esa sensación de ser básicamente invisible.
Una narración ágil y atrapante que nos lleva de la cotidianidad de una familia de clase ascendente en los 90 hasta la debacle del padre que arrastra a todo el círculo familiar
Cynthia creó una familia tan real e imperfecta que por momentos me hacía sentir tan cercana que podía padecer la tensión en el departamento sobre av Libertador y me hacía querer gritarle a ese padre que tome las riendas de su vida y deje de hipotecar la vida de su familia de esa forma. Que claro, esto es algo que ninguno de sus hijos jamás pudo decírselo
“Los pasillos del departamento estaban vacíos, parecía que cada uno, en su dormitorio, en secreto, anhelaba que el tiempo no avanzara, porque si al llegar las doce, alguien pronunciaba ese singular, feliz año nuevo, el solo enunciado de la novedad indicaría el inicio de una serie que ya comenzaría a dejar atrás a mi padre.”
Me pareció espectacular, de esos libros que no puedo parar de leer. Quizás fue la mirada nostálgica sobre los 90, mi infancia, Punta del Este. Quizás fue la curiosidad por la vida de los ricos o los nuevos ricos. Quizás porque conozco la adicción al juego y lo que eso implica para una familia. Quizás porque en nuestra infancia elaboramos historias del entorno que se van diluyendo con el pasar del tiempo. Quizás simplemente porque está bien escrita (salvo algunos errores de edición) y porque fue acertado comenzar a leerla.
Llegué a la novela gracias a un club de lectura en el que participo y agradezco profundamente a las chicas que organizan el club y nos acercan este tipo de novelas que jamás hubiese empezado porque, directamente, desconocía su existencia.
¿Cómo se quiere a un padre que solo sabe lastimar? Una novela impecable. De esas que estrujan el corazón, que suben el calor por la bronca que producen los personajes, que dan ganas de llorar de impotencia. Maravillosamente triste.
3.5. Lo compré en la primera FED allá por el 2013, pero lo leí 13 años después (otro rescate de la biblioteca transoceánica). Me encantó la forma ágil del relato sin línea de diálogo, los recuerdos fragmentados e inconexos de la narradora como niña y las imágenes de la década (algunas ya muy obvias, otras no tanto). Qué odio me dio todo ese silencio familiar y ese temor reverencial al padre, pero qué respeto me genera la forma en que lo contó.