La protagonista de Luro es una joven embarazada que trabaja en una estación de servicio, en un pequeño pueblo de la pampa argentina. Atiende el bar y limpia. Los días son todos iguales, sumergidos en la lentitud que provoca el calor infernal del verano. Pero esa quietud se altera cuando la joven encuentra a un inmigrante escondido en el baño, temeroso y hambriento, y rápidamente le avisa a Julio, el dueño del bar. Mientras la joven, Julio y Sánchez —un empleado solitario y algo deprimido— intentan decidir qué hacer, el extranjero desaparece sin dejar rastros. La búsqueda de ese hombre será la excusa para escapar de una tranquilidad sospechosa. Recorriendo lugares agobiantes, aislados y desoladores, la joven se preguntará si es posible abandonar el pueblo, dejar todo atrás y empezar de nuevo. Luciana Sousa, una de las narradoras argentinas elegidas por Bogotá 39, nos zambulle en una atmósfera y en un tiempo ralentizados y ahonda en el dilema de escapar, sin saber que esa, muchas veces, es la manera de que todo siga igual.
Qué lástima la sensación que me deja este libro. Hay material, hay prosa, pero la autora no tenía la menor idea de qué hacer con la trama. Se nota demasiado...
luro es la historia de una piba embarazada en un pueblo monótono, tranquilo, que a partir de un suceso extraño comienza a pensar en un cambio para su vida. hay que leerlo porque describe a la perfección la vida de pueblo chico, porque plantea la duda que nos pinta cuando estamos aburridxs sobre la posibilidad de dejar todo, irse y empezar de nuevo. pero, además, lo que logra luciana es transmitir el agobio, el calor, el tedio. y en lo personal me cabe poder sentir lo que viven lxs personajes. . y también léanlo porque lu es mi amiga y adentro hay una foto de mi autoría (?)
“—¿Hay plazas en las ciudades? —le pregunto a Sánchez. —Seguramente no. En las ciudades no hay tanto espacio. —¿Vos fuiste alguna vez? —No, pero veo la televisión. Pienso en los lugares. Hay ciudades. Hay mares y océanos. Hay selvas. Hay bosques, con árboles de todas las formas y colores. Y hay campo. Cuando iba al colegio, me decían que vivíamos en la llanura o en la pampa. Pero así, ya de grande, pienso que se parece mucho más a un desierto de tierra”.
Novela diminuta que contiene una historia inmensa. Personajes hermosos en su sencillez y de una bondad hondísima, genuina. Esta es Luro de Luciana Sousa. Vuelvo a leerla después de un par de años ahora en su edición de Tusquets y la disfruto mucho más que en ese momento. Para eso atravesó el continente en una maleta y hasta esta ciudad montañosa arrastró un poco de ese aire pampeano.
Ahora que ya se ha vuelto un lugar común eso del iceberg, de las historias incompletas, preñadas de sugerencias y espacios en blanco, ya me empiezo a cuestionar qué autores lo hacen porque de verdad es necesario para lo que cuentan o quiénes se dejan llevar por el simple truco. Me parece que los primeros escasean y los segundos abundan. Por fortuna, Luciana hace parte de ese primer grupo.
Allá lejos y en los noventa la, para muchos de nosotros, mejor sitcom de la historia, se definía a sí misma como una serie que trataba sobre "nada". No "la nada" como metáfora del vacío existencial, el fracaso del amor y el fin de los relatos de la edad moderna. O mejor dicho también sobre esa nada, pero con una historia que era la nada misma desde la perspectiva de la trascendencia. La vida, si es que ese concepto es lo suficientemente maleable como para convertirse en libreto, de cuatro amigos y sus familias, entrando y saliendo de relaciones de pareja altamente insatisfactorias, aguantando padres que envejecen y echan cosas en cara, renegando para conseguir mesa en un restaurante. Digo esto porque si me preguntan de que trata la novela de Luciana Sousa, no se me ocurre mejor definición que esa: "De nada" y las infinitas cosas que esa nada sugiere, implica, redunda, hace visibles. En un pueblo perdido en medio de la Pampa, tres personajes de esos que parecen trabajar de extras en los viajes de todo el mundo, atienden una estación de servicio sobre la ruta. Nuestra narradora, una joven embarazada cuyo nombre, pareja, edad y demás señas de identidad no nos son dadas, se encarga de la limpieza y del "toque femenino" en un espacio tosco y varonil en el sentido más pueril del término. Completan el elenco Don Julio, el dueño del bar al paso, y Sánchez, un empleado tan callado como ineficiente. A ellos recurre la chica cuando, al entrar al baño de mujeres a limpiar, encuentra un joven negro escondido entre los sanitarios. ¿Qué hace allí? ¿De dónde viene? ¿Es un sujeto peligroso o simplemente es su extrañeza lo que lo reviste de un halo de peligrosidad? Interpelado por los locales, el chico no parece entender el idioma ni preocuparle en lo más mínimo hacerse entender. De este modo, la distancia linguística lo convierte en un bárbaro, un ser que habita en el linde de la palabra y, por ende, de la racionalidad. El dueño procede a encerrarlo, pero al día siguiente, misteriosamente, se ha ido. A lo largo de los días, nuevos "avistamientos" del joven negro inquietan a la embarazada y su huida se convierte de deseo quimérico en una posibilidad real de la propia. Ilustrada con sencillos dibujos a lápiz en blanco y negro, Luro inquieta y moviliza al lector con la incertidumbre y la morosidad de una precuela. Simple narración del momento bisagra que precedió a lo otro. Para bien o para mal.
Libro que está escrito de una manera muy bella. La autora le imprime un toque melancólico, poético, a ratos triste, pero sin llegar a a abrumar. Esto me encantó de Luro. Pero, es una historia tan simple que pareciera que no hubiese trama. Intenta seguir por un lado, pero luego queda en nada e intenta seguir por otro que también termina en nada. Por como está escrito, esta supuesta falta de trama se la perdono, porque leerlo es sumamente relajante y fácil. Lo que sí no me gustó fue el corte abrupto del final, que aunque se entiende la intención de la autora, me dejó con la sensación de una historia a medio contar. De todas formas lo recomiendo, es corto. Lo lees en lo que demoras en tomar una o dos tazas de café.
Me parecio que su lectura es sencilla, pero siento que leí un libro sin trama solo con descripciónes de a momentos muy repetitivas como la programación de la tv de la estación. Y la situación que intenta ser el nudo de el relato no cierra por ningún lado (si uno encuentra una persona en un baño en el piso o descompuesta . lo primero que intenta es matarla???? No le pregunta si esta bien , si necesita algo??? Opción 3 encerrarla??? La verdad que no se que quisieron hacer. Cada cual asimila la lectura a su gusto y manera. Pero eh visto hasta calificaciones de 5.
No sé muy bien qué decir. Estuvo interesante, Sousa escribe bien y tuvo momentos poéticos, pero la estructura de la historia le jugó en contra, se sintió como desencajada entre dos subtramas y no una GRAN trama, más allá de estar unidas por el TEMA: moverse, irse, viajar, escapar, ser extranjero, estar perdido. Espero pronto leer más de la autora.
Ágil, preciso, espontáneo. Un libro corto pero intenso que no da respiro de principio a fin. Situada en un clima desolador y vacío, la novela nos lleva a un pueblo perdido en el medio de la nada y nos presenta a 3 personajes principales y un extraño que aparece de repente en un bar al costado de la ruta.
Una mujer protagonista y otros dos hombres protagonistas. La novela se aguanta 100 páginas sin que sepamos nada de ellos. La novela es sobre el pueblo, se llama así. No pasa nada. Aparece un negro, rompe el tiempo, desaparece y queda igual. Disfruté más su siguiente novela. Mucho más conseguida la descripción del no-lugar.
Me demoré una hora en leer el libro y no sé qué leí 🧍🏻♀️
Encontré muy nada el libro y me dejó con gusto a poco, la contraportada es más interesante.
Por la forma en que está escrito, engancha, eso me gustó, pero no pasa nada 🤷🏻♀️ y el final lo encontré muy abrupto, pensé que le faltaban páginas al libro 😂
Hubiera sido mejor para la historia que estuviera narrada en tercera persona. Un narrador omnisciente no intrusivo hubiera quedado perfecto. No es verosímil, aunque tiene partes muy lindas.
Es una imagen muy bonita de un pueblo en Argentina. La voz se siente ni bien se empieza a leer y engancha la protagonista y el tiempo que va pasando. No hay una trama súper visible de entrada. Hay posibles conjeturas. Tiene linda escritura, le falta un poco más de trama para cerrarla. Es lindo leerlo igual. Disfruté mucho el inicio del libro.
Muy simple, pero entrete y bien escrito. Se nota que Sousa es una escritora bien del tipo brújula, porque se puede sentir en cada página esa improvisación latente a la hora de desarrollar la historia, como si ella como autora estuviera más perdida que nosotros los lectores. Sin embargo, y pese a que puede resultar contradictorio, no es algo que me haya molestado particularmente: al contrario, encontré que la esencia de la novela era justamente esa. Destila desasosiego, tristeza, monotonía, aburrimiento, incertidumbre. Y no solo la historia, también la prosa: es directa, a veces árida, con descripciones muy bien planteadas sobre el paisaje y el clima, que acompañan perfectamente a ese sentimiento de claustrofobia y sofoco al que se intenta abocar constantemente. La ambientación es sin duda lo mejor del libro. Guatea harto en otros aspectos, como los personajes, pero tampoco puedo criticárselo mucho porque no creo que haya la intención de profundizar sobre ellos: con cuea sabemos sus nombres y sus respectivos pasados y lo que los llevan a estar ahí son un misterio que nunca se llega a resolver. Funcionan muy bien como espectadores testigo y van acorde a la novela. Siendo objetivo, el no desarrollarlos no es un error como tal (como dije, es obvio que Sousa lo hizo así a propósito) pero cuesta llegar a sentir algo por ellos si con suerte los conocemos. El libro cumple muy bien con su propósito, y sin duda la propuesta es arriesgada, considerando lo olvidable que es todo y lo fácil que resulta desprenderse de los personajes. Admiro la valentía de la autora por querer contar una historia así, porque es básicamente pisarse la cola a sí misma.