Esta historia empieza cuando Blancanieves abandona el bosque montada en el caballo del príncipe y cruza las puertas de la felicidad que prometen los cuentos. En un intento de olvidar las crueldades de su madrastra, decide escribir un diario. Su suegra, enferma de Alzheimer y gran lectora por prescripción médica, es su primera crítica. Blancanieves recorre en bicicleta las calles de la ciudad, trata de darle esquinazo a su guardaespaldas y se aparta de la fidelidad matrimonial al conocer a Tristán, el violoncelista. Llega el divorcio y la princesa debe ganarse la vida; primero trabaja en un McDonald’s, más tarde en una emisora llamada Radio Babel. Deseosa de escuchar historias ajenas que la ayuden a escribir la suya propia, Blancanieves visita a Euclides, el librero, que la admite en su club de viejos narradores. Mientras tanto, el reino ha entrado en crisis; los cuentos de hadas han sido prohibidos y ha estallado la revolución. La vida del príncipe está en peligro. Los diarios clandestinos de Blancanieves es una fábula incisiva sobre el conflicto entre la felicidad individual y los imperativos del poder político, entre las leyes opuestas del deseo y la realidad; en sus páginas anida una subversiva reflexión sobre la belleza dolorosa de los sueños.
Estuvo bueno, pero no me voló la cabeza. Esperaba, después de semejante sinopsis, un libro donde Blancanieves se salga con vivacidad del heteropatriarcado por el que está particularmente consumida. Básicamente pasa únicamente lo que dice la sinopsis, no se agregan muchas cosas más. Podemos decir que no se trata de contar en sí la historia, sino las divagaciones y los ocurrentes pensamientos que va teniendo la protagonista (¿puedo llamarla así?) y algunos otros personajes que empiezan a tener voz entrada ya la novela. Como sea, la historia transcurre y la gran parte del tiempo Blancanieves vive y se acomoda a la historia que construyen los hombres a su alrededor. Si bien al principio hay algunas frases o pasajes que podrían clasificarse de feministas o empoderantes, la princesa se amolda a lo que le toca y se dispone a los placeres masculinos. Su dialogo con otros personajes femeninos es casi nulo, de la múltitud de personajes que vemos, sólo hay dos con los que nuestra narradora interactua. Pasaría el test de Bechdel pero pobremente, creo que mayoritariamente vemos un ejemplo del complejo de Pitufina(una mujer en un mundo de hombres). Con las escenas más eróticas del libro, por más de aquellos pasajes que daban a cierto matiz de repensar lo instituido, sentía que el escritor era varón y que estaba pensando en el placer desde esa construcción social. Me siento decepcionada con el desarrollo, porque me parece que se desperdició el potencial de la idea: con esa premisa se pudo haber logrado un texto súper innovador o, al menos, no tan machista porque, sí trabaja en la radio, pero no porque la movilice eso sino porque se va llevando y no tiene un lugar de productora de contenido activamente, sino que hace el relevamiento de los servicios informativos y una única entrevista. Si bien el texto era ocurrente y mezclaba muchas cosas de la cultura general y generacional del escritor, muchas veces la línea del juego literario y el afán de mostrarse un culto literato se desdibujaba. Es un texto que, se nota, que está gramaticalmente mal escrito a propósito: tratando de imitar un lenguaje oral. Debió de haber sido un enorme desafío haber escrito oraciones que conocen su final a media carilla y te llevan a distintos sujetos y temas; pero también significa un desafío importante leerlo. Imposible para leer en voz alta y para entrar distraído en la lectura. Agradecida de haberlo comprado en una mesa de saldos
Muy bueno, ácido, crítico, actual, postmoderno, la narración vuelca los.pensamientos de Blancanieves aparentemente sin control, sin . y aparte, solo comas que permitan entender el fluir del pensamiento contradictorio del yo.