Blasco Ibáñez inicia su vuelta al mundo en crucero en Nueva York a finales de 1923, y en este primer tomo viaja a La Habana, atraviesa el Canal de Panamá visitando algunos puntos del país, visita San Francisco, varias islas del archipiélago de Hawaii, Japón (dónde desembarca y pasa la mayor parte del libro recorriendo el país), y Corea, ocupada en 1924 por los japoneses.
Sin duda, lo más interesante es tener un testimonio sobre distintos países y zonas geográficas vistas a inicios de la década de 1920. Cada región aún tenía una personalidad propia. A pesar de la creciente influencia americana y del resto de Occidente, cada cultura seguía siendo un universo propio, individual y distinta a las culturas vecinas. Es testigo de mundos que empieza a dar señales de fundirse en uno solo, pero que aún guarda tradiciones que resultan sorprendentes, y sobre todo, diferentes.
Es interesante también la vida a bordo de un crucero en un momento en que aún era algo poco habitual, y cómo describe ciertas costumbres, como el surf en Hawai, sin llegar a nombrarlo como tal.
Tiene algunas frases e imágenes bonitas, buenas descripciones y se esfuerza por informar acerca de la historia y del contexto, aunque a veces se queda un poco en la superficie, y puede llegar incluso a ser un poco frívolo.
Por ahora, una lectura amable, entretenida, sin mayores pretensiones, y por encima de todo, una visión a un mundo que realmente era multicultural.