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392 pages, Paperback
First published October 10, 2018
«Pero qué tío más creído. El hombre más vanidoso sobre la faz de la Tierra, vamos. ¿Qué se habrá pensado el desgastador de espejos este? Seguro que se mete en la cama con el traje puesto, el muy imbécil».
«Soy tu jefe, Luna. Nada más. No lo olvides nunca».
«Yo no lo sabía, pero un beso puede hacer que el tiempo se detenga. Un beso puede silenciar los pensamientos más oscuros y las palabras más hirientes. Un beso es la cura contra el dolor, porque un beso es el perdón por todos los pecados de la estupidez humana.»
«—Se acabó la fiesta. Te llevo a casa.
—¿Cómo dices?
—Ya me has oído. Espérame aquí mientras voy a buscar el coche.
—¿Qué? Pero ¿por qué?
—Porque lo digo yo.
—¡No! ¡Ni hablar! —Levanto la mano y le apunto directamente al pecho con el dedo índice—. Pero ¿tú qué te has creído? ¡No tienes ningún derecho a darme órdenes fuera del trabajo!
—No discutas más, por favor —dice él, imperturbable ante mis gritos.
—¡He dicho que no!
Oliver se acerca e intercede.
—Eh, déjala en paz. No quiere irse contigo, ¿o es que no lo ves?
—¿Y tú quién coño eres? —le escupe como una advertencia. Es evidente que la pregunta es retórica. Y, dirigiéndose a mí otra vez, añade—: Voy a llevarte a casa y no se hable más. Espérame aquí. Sola —matiza deslizando una mirada hostil hacia Oliver—. ¿Lo has entendido?
No digo nada. Me siento como si una enorme bola de demolición amenazara con destrozarme la cabeza.
—Que si lo has entendido —insiste elevando el tono de voz.
—Sí —musito al fin.»
«La única mentira que te he dicho es que me gustabas cuando en realidad ya te quería.»
«Tú eres tan de verdad que has conseguido que lo imprevisible se convierta en inevitable y lo inevitable en bello.»
«¿Cuándo se volvió más importante vender que curar? Supongo que cuando las empresas como Laboratorios Grau o Felleman Galenics se dieron cuenta de que las enfermedades les salían rentables. Es innegable que ganan tanta pasta con ellas como la industria armamentística con las guerras. Y, del mismo modo que los fabricantes de armas no promueven precisamente la paz en el mundo respondiendo a intereses lucrativos, no es tan descabellado pensar que las farmacéuticas tienen idénticos motivos para no promover la salud.»
«Se puede llorar sin derramar una sola lágrima.
Romperse por dentro en la más absoluta quietud.
Gritar en silencio.
Volar sin tener alas y hacer del cielo un refugio secreto.
Ser culpable e inocente a la vez.
Porque, al final, todo se reduce a un montón de sentimientos verdaderos encerrados en un cuerpo extraño transitando por un universo equivocado.»