"Premio Círculo de Críticos de Chile, 2018, mejor obra literaria categoría Escrituras de la memoria"
Un libro autobiográfico sobre la infancia y los secretos
familiares
"La niñez es eso, la voz primera, la piel que se estira, los ojos de dulce mirada y, en mi pequeño recuerdo, la niña que un día fui y que se quedó bailando en medio de la sala más grande". Cada uno de los 67 fragmentos que componen este relato sobre la infancia nos acercan al complejo tejido de la intimidad familiar, donde se asoman las verdades inconfesadas
de los padres sobre el telón de fondo de un Santiago ensombrecido por la dictadura militar.
Un debut literario sutil y brutalmente honesto que aborda la vulnerabilidad y a la vez la inteligencia infantil, capaz de percibir las amenazas incluso en los entornos más queridos.
Reseña
"Camila Couve sabe que la infancia es un país extraño. Por eso en esta primera novela reconstruye aquel paisaje con una delicadeza entrañable, pero también con el arrojo necesario para indagar en aquellos rincones oscuros que, muchas veces, preferimos olvidar."
Diego Zúñiga
"Un documento entrañable, íntimo, escrito con mesura e la memoria opera a través de chispazos que alumbran esa oscuridad que siempre es el pasado."
Juan Manuel Vial
"Cuesta mucho decir más cosas sobre un libro tan breve y que tiene tanto por ofrecer. Solo queda decir que este, el primer libro publicado de Camila Couve, demuestra de sobremanera talento, honestidad y belleza."
El desconcierto
"Un debut sencillo, sensible y con una cuota importante de valentía."
Lorena Amaro
"Una atmósfera brumosa, confusa, llena de luces y sombras, devela a la niñez como un puzzle que nos pasamos la vida intentando armar con la esperanza de que contenga la imagen total de lo que somos. Una historia grande y potente plasmada en un libro pequeño y delicado".
Catalina Infante
"Con Estampas de niña, su primera obra literaria, Camila Couve demuestra una notable capacidad de construir imágenes mínimas cargadas de sentido. Las 67 estampas que componen este fino y breve relato corresponden a la memoria fragmentada de una niña de ojos azules e inteligencia despierta que observa la realidad, a veces dolorosa, y trata de entenderla. Una historia familiar construida con destellos que activan todo un universo de recuerdos."
Del acta del premio a Mejor Obra en la categoría "Escrituras de la memoria" del Círculo de Críticos de Arte de Chile, 2018
Durante la niñez hay muchas cosas que son parte de un mundo ajeno al que sólo podemos observar desde afuera y del que nunca sabemos demasiado, hasta que lo vivimos en carne propia: el mundo de los adultos. Estampas de niña de Camila Couve, es un retrato de la memoria infantil. Ese mundo que aún no le pertenece, pero que sin embargo habita, se ve relatado desde una inteligencia de niña, sin mayores juicios, con honestidad, mientras de fondo el velo de la dictadura ensombrece la vida familiar. A lo largo de 67 fragmentos Couve va construyendo la historia de una familia desde la visión de una niña. Un relato íntimo lleno de verdades sugeridas, todo eso que los adultos no comparten con la niñez, pero que lejos de pasar desapercibido, va construyendo el carácter de esta niña que finalmente se convierte en adulta y entiende que su madre es humana, a tal punto que pareciera que dejamos la niñez atrás cuando entendemos que los adultos son personas, cuando bajan de ese lugar todopoderoso en el que los ponemos cuando son quienes nos sostienen mientras vamos viviendo
Al comienzo de Estampas de niña (Alfaguara, 2018) de Camila Couve se narran los objetos: “La cama es útil”. Luego, los espacios: “El living es el lugar común”. Y después emergen los adultos y sus conflictos: los objetos destruidos, la separación, los gritos desaforados (“mi papá con los ojos inyectados de ira”). Es un libro breve, sencillo, que alumbra los rincones oscuros de una infancia borrosa, pero que a través de una escritura lúcida emerge y se reconfigura con toda su honestidad.
De verdad no sé qué calificación ponerle, tiene cosas muy dulces que me recordaron mi infancia o la infancia de mi mamá, en especial la infancia de mi mamá porque ella me contaba todas sus historias, pero lo he llorado todo y la palabra máxima para describir esta lectura es desgarradora. Tal vez le pongo 4 y no 5 estrellas por la pena que deja, no en términos literarios.
Un relato hermoso sobre la niñez de la protagonista, quien nos sorprende contándonos detalles de su vida diaria, en un contexto social y familiar difícil, marcado por la dictadura militar chilena. En el texto, la protagonista nos comparte sus relaciones tanto familiares (madre y padre), experiencias, juegos y danzas. La cotidianidad y espontaneidad del relato hacen que uno conecte con la visión del mundo de una niña, inocente y feliz, expuesta a las atrocidades de la época.
Un viaje por la niñez marcada por el contexto político, la relación de los padres y esa constante sensación de ser muy chica para opinar o para tomar decisiones. Lo mejor del libro es que la autora le cede el espacio a esa niña para que cuente su historia, por lo que todo lo podemos ver a través de sus ojos. Se develan entonces episodios duros y terribles pero siempre desde la mirada de una niña que no siempre entiende o interpreta el real peso de lo que sucede.
Llegué por casualidad al libro y de inmediato quise leerlo ya que la autora tienen un colegio que conozco y lo he visitado, luego porque es hija de la Ilustradora Marta Carrasco y el escritor y pintor Adolfo Couve. Me encontré con una escritura cuidada y sintética, lo leí en menos de dos horas, quedé atrapada porque va narrando y uno va componiendo en la cabeza como si fuera mi propia historia, los padres, la quemazón de libros, los títeres, el ballet, las relaciones familiares todo de manera sugerida, sin aspavientos emotivos ni torceduras literarias. Un texto que corre, un texto que nos ayuda a entender: "Los dormitorios de mis padres son dos. Nunca están juntos en nada. Viven y conviven como si dos casas distintas y opuestas hubiesen sido construidas por el mismo arquitecto", para quienes han vivido esa situación no se necesita más, el lector profundiza según sus vivencias. Como dice el título son "estampas" y esa visualidad que genera la lectura son como revisar un álbum personal de la mano de la autora con la distancia emocional necesaria.
Hay algo muy frágil y bello en la infancia. Es increíble como nuestro mundo transcurre y a veces no tenemos idea de lo que sucede alrededor. Mantener esa inocencia aún entendiendo que algo sucede es un equilibrio delicado y en este libro es posible encontrarlo.
Es muy bello y emotivo. Es muy delicado y eso es lo que lo vuelve un libro muy bello.
Se lee muy rápido, tal como transcurre la infancia: en un suspiro.
Llegué a este libro por simple casualidad y debo decir que lo disfruté mucho. Es simple y a la vez muy profundo. Relata tanto con tan pocas palabras que hace casi obligatorio leerlo todo de una vez, y demuestra una vez más que ver la vida desde los ojos de una niña puede ser tan adorable como tremendamente triate y desolador.
El año pasado, estuve en una conferencia de debate en el comité del Gabinete de Augusto Pinochet. En ese comité, pude “experimentar” lo que fue la dictadura militar de Pinochet desde una perspectiva más adulta. En “Estampas de Niña” fue de una perspectiva más joven.
A pesar de que no está muy explicado que la niña está viviendo durante el régimen de Pinochet, siento que eso le añade al efecto de niñez. Cuando sos niña, no tienes ninguna noción de lo qué pasa al rededor tuyo, menos si es sobre política.
Estas estampas resonaron mucho con mi vida—aún más con las experiencias de mis padres y abuelos en el exilio. Me gusto mucho el libro, si alguien sabe de alguno similar, aquí estoy.
Lo termine súper rápido. Me encantó la estructura con la que está escrito, fragmentos que juntos componen una historia , un momento en el tiempo pasado de una niña y sus recuerdos. Simple y claro, profundo y retrospectivo.
Este libro lo leí el mismo año que salió. Y ya en esa época se me hacía difícil llorar, en especial en público. Cuando chico siempre me consideré una persona buena para llorar pero en un circulo de confianza. En el colegio por ejemplo, tuve la oportunidad de hacerlo pero siempre me la aguanté, me iba con una pelota de tenis en la garganta a mi casa con solo el propósito de que no me vean llorar. Recuerdo que este libro lo leí en el recorrido que hacía desde mi universidad hacia mi casa. Y fue en uno de sus cuentos, mientras seguía arriba de la micro, que me hizo volver a llorar, como nunca lo había hecho en publico. Me veo haciéndome la pregunta sobre lo extraño que era que un libro me hiciera llorar, tanto que era tal la vergüenza, que solo pude esconder mi llanto desviando la mirada hacia la ventana.