Un académico es despedido de su universidad sin razón aparente y tiene que buscar un nuevo modo de sobrevivir. El protagonista, «Rojitas» o Juan Pablo Rojas Cruchaga, prueba suerte ofreciendo un descabellado Taller de Semiótica. Más tarde intenta radicarse en un pequeño campo de Rinconada de Tromén, donde se enfrenta a una actividad que tampoco traerá frutos. Con humor paródico, la novela retrata las aventuras y desventuras de un profesor errático y antiheroico, que no logra adaptarse a sus circunstancias y se ve arrastrado a continuos desplazamientos a raíz de malentendidos y decisiones que provienen de un poder difuso y arbitrario.
Lingüista, académico, cuentista y novelista, la figura de Andrés Gallardo se asemeja a la de aquellos intelectuales del siglo XIX latinoamericano que entendían y trabajaban de forma inseparable las diversas disciplinas del lenguaje. En su trabajo, como en el de aquellos intelectuales, los límites de una y otra disciplina se difuminan, concebidas como ámbitos siempre complementarios e interconectados.
Nacido en Santiago, Gallardo se tituló de Profesor de Castellano en la Pontificia Universidad Católica el año 1966, para continuar luego sus estudios en la Universidad del Estado de Nueva York, donde obtuvo el grado de Doctor en Lingüística en 1980. Su sólida formación académica puede observarse -más allá incluso de las distinciones y grados obtenidos- en su abundante contribución en el ámbito de la investigación lingüística. En igual medida, su interés académico se vio también materializado en su labor como docente en el Departamento de Español de la Universidad de Concepción.
Por otra parte, la obra narrativa de Gallardo se distingue por hacer confluir una estética cuidadosamente trabajada, con anécdotas y un lenguaje propios de la vida cotidiana. En su prólogo a la primera novela publicada por el autor, Cátedras paralelas (1985), el crítico Mauricio Ostria describió esta confluencia calificándola como un nuevo criollismo, del cual destaca la "sugestiva naturalidad", tanto del lenguaje utilizado como de la construcción y desarrollo de sus relatos. El vínculo que estableció Ostria con el criollismo, más que relacionarse con la construcción de tipos humanos y sociales que buscó, entre otros, Mariano Latorre, guarda relación con la necesidad de entrar en contacto con esa realidad indiscutible que se encuentra en los pequeños gestos de la experiencia cotidiana.
En reconocimiento a su destacada labor en los ámbitos literario y lingüístico, el año 2005 la Academia Chilena de la Lengua nombró a Gallardo miembro de número, ocupando el lugar del destacado escritor Francisco Coloane, fallecido el año 2002. Allí participó activamente en las Comisiones de Lexicografía y Gramática, labor conjunta de la que se desprende, entre otros trabajos, la producción del Diccionario del uso del español en Chile (DUECh), publicado el año 2010.
Paralelamente a estas actividades de gran incidencia en la dimensión social del lenguaje, las publicaciones en periódicos que Gallardo realizó, aunque en apariencia de menor peso que su trabajo literario y lingüístico, fueron parte imprescindible de su proyecto intelectual. En ellas, tratando temas variados y en un tono siempre ameno, el autor logró reforzar esa concepción integral de los diversos ámbitos del idioma, que no solo se limitó a la construcción de su propia figura como intelectual, sino que buscó involucrar a toda una comunidad en torno a la experiencia lingüística.
Andrés Gallardo Ballacey falleció la noche del miércoles 6 de julio de 2016.
Una pequeña novela, demasiado entretenida, sobre la literatura, los sapos, la absurdidad de la academia frente a la realidad, el fracaso, la "sabiduría popular", etc. Muy recomendable, desearía haberla leído hace años. Me recordó a lo mejor de la literatura humorística-seria nacional, tipo el socio.
-no, usted no tiene derecho ni a sugerirme eso, ni usted ni nadie me puede hacer pisar un liceo, y parecía que todos los conflictos adolescentes de Rojitas hubieran revivido como en aquellos días, que se hubieran dicho olvidados, cuando tuvo que enfrentar, en su práctica pedagógica, hordas de desalmados que lo recibían a él con agresividad y a la literatura con indolencia -Nadie, ni menos ahora, me hace meterme en una sala de delincuentes, ¿lo oye? Rojitas estaba tan enojada que temblaba todo y daba más pena que miedo y la Nana tuvo que levantarse y calmarlo igual que cuando, de niño, le daban pataletas.
Frente a todo pronóstico, me gustó harto esta lectura, que trata sobre las desventuras de "Rojitas", un profesor de teoría literaria que, sin previo aviso y sin ninguna explicación, es despedido de la universidad. Una universidad que, de forma totalmente vigente, se dibuja con las herramientas del humor como un rincón de negligencia e ignorancia, poblado por gente como Rojitas, que en muchos sentidos nos parece un niño que solo sabe sobre libros y teorías. Ni siquiera de docencia, porque cuando la Nana le sugiere trabajar como profesor de liceo, Rojitas se altera más que cuando recibe el sobre azul. Más que cuando decide volver al campo. Más que en cualquier otra parte del libro. (Entiendo el sentimiento, en todo caso).
Me sorprendió mucho leer que esta novela se publicó en 1985, porque es sumamente atingente para hablar de varias temáticas: la crisis de la educación, el funcionamiento absurdo de la institución, los roles de género, la ciudad y el campo, la docencia, la literatura.
Entendiendo la importancia de este libro en el contexto de la literatura en medio de la Dictadura chilena, igualmente acarrea un sinsabor y una letanía que intentan pasar por parodia.
En esta obra, un profesor de semiótica tiene un viaje subvertido hacia el campo chileno y la novela toma tintes criollos que a veces desconciertan. De todos modos, es un libro a leer, el que explica por medio de la pantomima de sus personajes, la hondura de esos años en Chile.
Como lo dice en su contra tapa, este es un libro al cual no se le ha prestado la suficiente atención. “Rojitas” sabe de literatura, es un gran académico, es de lo único que sabe. Por ello queda mirando su vida cuando le llega el sobre azul, parte al campo para intentar encontrar entre sus recuerdos la forma de ganarse la vida; don Venancio le dirá que el campo todo lo aguanta. Es una novela irónica, divertida, espacial para rescatar en una época en donde los currículos en internet parecieran ser de una especificada que no permite pensar en volver a ganarse el sustento con las propias manos metidas en la tierra. Y aquí se ríen de ello con un humor preciso, como deberíamos hacerlo siempre. Un gran descubrimiento para mí Gallardo al comenzar a leer este 2019.
(...) “de haber sido hombre, la Nana con toda seguridad habría sido mecánico, pero como había nacido mujer y pobre fue nana, aprendió a cuidar hijos ajenos y a mantener autos ajenos.” “-Don Venancio, ¿a usted le interesa la teoría literaria? -¿Qué es eso? -Una manera de hablar de literatura. -A veces me ha interesado.” “Cómo se llamará la Nana, no puede llamarse Nana, tiene que tener un nombre.” (...)
Rojitas, quédate, no te vayas a ir. Cuando tuve que salir salí casi contento, me rodeé de una aureola de heroísmo y me gustó que me creyeran o por lo menos que me miraran como héroe. No creas que he dejado de creer en lo que creía, pero por caminar de nuevo por la plaza, por un lomito, por un día de lluvia, por un mariscal caliente, por una noche en mi cama, oliendo a mi familia, yo por eso me quedaría callado, yo barrería las calles o repartiría gas licuado
Y Rojitas se queda. Profesor universitario de literatura exonerado sin razón aparente, Rojitas opta por quedarse en Chile. Y quedarse en Chile implica intentar trabajar, generar ingresos, hacer algo productivo. Pero Rojitas, quijotesco, sabe mucho de libros y muy poco de la realidad. Así que se estrella una y otra vez. En este espiral patético y cómico, se concluye que los intelectuales universitarios son inútiles, o que más bien son tontos útiles. Lo que era muy cierto en el año de publicación de esta obra, 1985. Lo que, de distinta manera, es todavía cierto hoy.
Una joyita. Se lee de un viaje. Muchas gracias a Andrés, el librero que me lo recomendó.
Gran descubrimiento! Un habla olvidada/perdida, que se conecta desde el humor y el absurdo con la poesía, si en Chile tenemos facilidad para el humor y la poesía se lo debemos sin duda al campo chileno.