Sylvia Arvizu ha ganado tantas veces el premio "José Revueltas" que ya no recuerda con exactitud cuántas son. Es el premio intercarcelario de cuento más importante del país. Y recientemente su equivalente en dramaturgia. Pero con "Las celdas rosas" pega un brinco en su ascendente carrera y gana por primera vez un premio en el ámbito civil, el Concurso del LIbro Sonorense en el género de crónica, que han obtenido autores publicados por Nitro/Press como Franco Félix, Carlos René Padilla Carlos Sánchez, y en cuento Sylvia Aguilar Zéleny y Cristina Rascón Castro.
Hay dos formas fáciles de afrontar la vida de las mujeres en prisión en nuestro país y los motivos que las llevaron allí: una es pasarla por alto y la otra es convertirla en un valle de lágrimas. El mérito de Sylvia Arvizu ha sido encontrar una tercera opción. La más ética y estética posible. La de reintegrarle su carácter humano.
Dese sus primeros libros, "Breve azul" (Ediciones La Cábula, 2008) incluido junto a textos inéditos en "Mujeres que matan" (Nitro/Press, 2014), Arvizu ha optado por convertir casos foliados y desechados por nuestro sistema judicial, en historias con carne y hueso, entrevistando y conociendo a fondo a sus compañeras, y, literariamente, encontrando el punto de equilibrio desde donde empezar cada historia, por donde llevarla y como concluirla, para mostrarnos algo que no funciona nada bien en nuestra vida diaria.
A pesar de no considerarse una escritora formal, pues su formación es en Ciencas de la Comunicación, ha adquirido tal nivel de maestría, que no leerla es un error.
Estas historias me turbaron mucho, me fastidiaba lo grotescas que estaban algunas o tan entretejidas y luego para mi gran sorpresa me entero que la autora había estado presa y esto esta basado en la vida real y su propio conocimiento de la cárcel para mujeres en Sonora y me entro un sentimiento muy grande.
Aun así algunas excusas que la autora intenta meter no me dejan buen sabor de boca pero definitivamente las malas experiencias nos pasan a todas y algunas las tienen peores. Juzgar es fácil, leer esta compilación también lo es y te dará una percepción distinta de la realidad.
[4.5] Una lectura excelente, muy fluida y a la vez muy difícil.
Dibujar en la mente los rostros detrás de los cada uno de los nombres en las 23 crónicas le da un toque más humano y sensible, la autora transmite a la perfección las alegrías y los pesares de las mujeres reclusas.
Una compilación de relatos muy dura de mujeres privadas de libertad. No considero que pueda darle un rating, pero destaco que la autora a través de este libro le de voz y nombre, al menos a 18 mujeres de miles, y dar a conocer sus historias.
Interesante colección de relatos sobre la realidad de la vida de las privadas de libertad... las injusticias, la carencia, los abusos, la soledad, etc. Excelente versión en audiolibro.
me sorprendí mucho con las menciones de Hermosillo y otros lugares de Sonora, no sabía nada del libro antes de comenzarlo y me conmovió muchísimo, qué tristeza e impotencia SIGH
Este libro me rompió y me confrontó de muchas maneras. Las historias de mujeres presas contadas por alguien que está ahí dentro resultan impactantes, crudísimas y a la vez tan profundamente conmovedoras. Es necesario escuchar/leer estas voces, que en lo literario son valiosas y en lo real deberían también serlo, y recibir respuesta. Es complejo explicar, porque hay relatos que parecen hermosos y después se arruga el corazón al recordar que hay alguien ahí encerrada, sufriéndolo. Es mi favorito desde hace mucho tiempo, un libro sin las pretenciones de muchos otros que tienen los reflectores
Joya de libro, lo leí en 2 días y es increíble como la autora logra un equilibrio entre historias desgarradoras y algunas con toques de humor en un contexto tan hostil como lo es la cárcel.
Hoy tuve el placer de estar en una reunión de un taller con ella y es una gran mujer, muy inteligente y con una capacidad enorme para crear.
Ojalá más personas conozcan y lean sus obras.
Regalazo por cierto nos dijo que está disponible en Spotify leído por ella.
Súper sencilla y nos ofreció compartirlo en pdf ya que sus libros se encuentran agotados.
Estas narraciones cimbran, enternecen e impactan. La humanización de las mujeres privadas de la libertad sin juicios, sin romantización y sin revictimización. Sin drama y, precisamente por eso, lo que leemos aquí genera impotencia, lágrimas y alguna que otra sonrisa.
Me siento afortunada de haberme encontrado con este libro. Gracias, Sylvia.
Una vez más confirmo que el sistema de justicia en México es un chiste y que la corrupción con la que actúan aumenta la delincuencia y limita a las presas a una rehabilitación casi nula. Este libro genera impotencia en muchos momentos, con historias duras sobre mujeres privadas de la libertad y el motivo que las llevo a serlo.
Este libro me rompió el corazón de muchas maneras. Es imprescindible conocer las historias de mujeres en prisión, con una mirada más humana, como nos da la oportunidad de hacerlo quien ya también estuvo ahí: Sylvia.
Relatos muy crudos y difíciles. Me gustó mucho la forma en la que está escrito y como nos ayuda a empatizar y humanizar a las mujeres privadas de su libertad, sea cual sea el motivo por el que estén en esa situación.
Son una series de relatos de reclusas. Descripciones breves que te hacen ver, como espiando por un hueco pequeño, lo que hay detrás de las altas bardas de la cárcel de mujeres. Asíncrono y atemporal. Cualquiera podríamos estar en una celda rosa.
Un libro lleno de esas vivencias que no reconocemos. Uno bien ve en las noticias " Una presa más, una menos" siendo estos relatos sumamente intimos. Hubo algunos que me dejaron pensándo en ¿que paso despues?.
Sin embargo si me hubieran gustado que fueran un poco mas extensos.
Las historias de las mujeres en la carcel suelen ser muy tristes y éste libro nos habla de las que están ahí por una mala decisión, por un error, por pobreza... Una serie de cuentos donde las celdas, definitivamente, no son rosas.
Un libro que apesta a encierro, polvo y violencia estructural. Sylvia Arvizu escribe desde adentro, con una mirada sobria y sin adornos sobre la vida de mujeres marcadas por la cárcel y la frontera. Me recordó a Perras de Reserva de Dhalia de la Cerda, pero desde una trinchera más institucional, menos incendiaria y más contenida. Duro, directo, sin necesidad de exagerar. Aquí, el rosa no es color de esperanza: es el color de la celda.
"Once años después, los presos seguimos siendo lo mismo: una nota roja, la plana principal del periódico. A pesar de ser madres, hijas y hermanas de alguien. Somos una situación indeseable. A pesar de pertenecer a una familia y soñar también con un hogar."
Las Celdas Rosas, un libro de crónicas que revela las historias de mujeres encarceladas en México. Escrito por Sylvia Arvizu, comunicóloga y escritora que actualmente cumple una condena por un delito relacionado con violencia de género, el libro nos adentra en un universo de vidas fragmentadas, sueños postergados y luchas por la dignidad en un entorno hostil.
Para Sylvia, la literatura se convirtió en un refugio y una herramienta de autoconocimiento. Lo que empezó como un pasatiempo, escribir sobre las experiencias de sus compañeras de prisión, se transformó en un ejercicio de empatía y denuncia. En sus páginas, Las Celdas Rosas no solo retrata los hechos que llevaron a estas mujeres a prisión, sino también los contextos de violencia, desigualdad y abandono que marcaron sus vidas.
A lo largo de la lectura encontré varios temas que invitan a la reflexión. Uno de ellos son los entornos sociales de las reclusas: hogares marcados por violencia, drogadicción, crimen, y abandono, dinámicas que muchas de ellas replican al crecer. Una frase que me marcó profundamente aparece en el relato La Lupe: “La Lupe aprende a esquivar los golpes que su mamá le propina cada vez más duros. También aprende a darlos, con sus hermanos, y a recibirlos, con los novios.” Estas palabras resumen cómo las condiciones de violencia no son solo un contexto, sino un ciclo difícil de romper.
Desde una posición de privilegio, es común escuchar frases simplistas como “el pobre es pobre porque quiere” o “ponte a trabajar,” pero Las Celdas Rosas nos recuerda que para muchas mujeres esas condiciones no son una elección, sino una realidad donde es difícil salir.
El libro también invita a cuestionar cómo el sistema judicial en México aborda los casos criminales. Los delitos no se erradican únicamente encarcelando a las personas, sino atendiendo las causas estructurales que los generan, algo que el gobierno no hace. Sylvia expone de manera implícita que los crímenes de estas mujeres no ocurren en el vacío, sino que están ligados a historias de violencia intrafamiliar, exclusión social y falta de apoyo estatal. Prevenir futuros delitos requiere tratar estas raíces en lugar de limitarse a castigar.
En cuanto a la escritura, la prosa de Sylvia es ligera y fácil de digerir. Con palabras concisas, logra transmitir una gran variedad de mensajes que impactan al lector. El hecho de que la mayoría de las crónicas tengan una extensión de 2 a 3 páginas hace que la lectura sea dinámica y no se sienta abrumadora.
Mi relato favorito fue “Mónica”, donde una mujer decide hacerse cargo de la hija de su vecina, quien cae en la drogadicción. Considero esta historia desgarradora, ya que muestra cómo el deseo de ayudar puede transformarse en una experiencia llena de desgracias.
Por último, y no tanto como crítica o reflexión al libro, quiero suplicarles que lean Las Celdas Rosas. Este libro es una herramienta poderosa para darle voz a aquellas mujeres que no pueden hablar por sí mismas, mujeres que, por una serie de circunstancias, se encuentran detrás de las rejas.
Uno de mis propósitos para este 2025 es divulgar literatura latinoamericana, y en este caso, quiero destacar este libro escrito por una mujer sonorense que, desde la adversidad, demuestra una resiliencia admirable al compartir sus textos incluso desde el encierro.