“En enero de 1974 salí en tren y en parte a dedo en un viaje que me llevaría casi once años de búsqueda por los territorios de la contracultura que se propagaba desde y hacia la Costa Oeste norteamericana.”
Con estas palabras Osvaldo Baigorria da comienzo a un ejercicio de la memoria que, disparado por las capturas fotográficas de una vieja Pentax y otra aún más vieja Leica, traza el mapa personal de una época a la que una y otra vez sentimos el impulso de regresar, como buscando las razones de por qué no fue lo que pudo haber sido. California, San Francisco, las costas, rutas, desiertos y bosques que durante el estallido del “verano del amor” habían funcionado como geografía imaginaria y límite huidizo hacia donde se orientaba la fuga de los jóvenes desertores del sueño americano, compondrían en la década del setenta el escenario de una silenciosa batalla cultural y civilizatoria. Llegar ahí en esos años era enfrentarse a una promesa que comenzaba a retroceder ante la lenta captura de la revolución psicodélica por el advenimiento del capitalismo cognitivo y sus nacientes utopías digitales. También a la coexistencia de hippies, yippies, poetas, Panteras Negras y comuneros con fanáticos religiosos, junkies, profetas de Silicon Valley y traficantes de todo tipo.
Estas postales son el testimonio de una experiencia del “afuera”. Imágenes de otro tiempo que interrogan nuestro presente y enhebran el ritmo de un relato trunco, el de un joven que deja tras de sí una Buenos Aires policial y asfixiante para ser testigo del repliegue de una movida que abandonaba el entorno urbano para derramarse hacia sus márgenes. En él se entrecruza el recuerdo de los compañeros de ruta, los trabajos temporales, los tocadiscos estridentes y las publicaciones subterráneas. También la experiencia indeleble de hacer tabula rasa y aprender a vivir en comunidad desde cero, en las profundidades del bosque canadiense que al mismo tiempo era ecosistema, escondite y laboratorio de vida.
Osvaldo Baigorria (Buenos Aires en 1948). Publicó los libros Llévatela, amigo, por el bien de los tres (Grupo Editorial Latinoamericano, 1989 y Caja Negra Editora, 2016), En Pampa y la vía (Perfi l Libros, 1998), Georges Bataille y el erotismo (Campo de Ideas, 2002), Correrías de un infiel (Catálogos, 2005), Un barroco de trinchera. Cartas a Baigorria de Néstor Perlongher (Mansalva, 2006), Anarquismo trashumante (Terramar, 2008), Sobre Sánchez (Mansalva, 2012), Cerdos y porteños (Blatt & Ríos, 2014) y Poesía estatal (Iván Rosado, 2017).
Además ha compilado las antologías Con el sudor de tu frente. Argumentos para la sociedad del ocio (La Marca, 1995 e Interzona, 2014) y El amor libre. Eros y anarquía (Utopía Libertaria, 2006, Txalaparta, 2010; en catalán, L’amor lliure, Aldarull, 2014).
Actualmente dicta clases en la Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Buenos Aires."
La configuración de Postales de la contracultura es atractiva desde el planteo inicial: conocer qué fue del hippismo media década más tarde de la abrupta y dramática decadencia del movimiento: las drogas no eran generosas, los mesianismos de la West Coast encerraba homicidas, el sexo libre era más ventajoso si eras macho heterosexual, etc. Ahora bien, esto que escribí recién es un hecho que es muy fácil dilucidar a medio siglo de distancia de los hechos, pero en esos días la información no llegaba con tal celeridad, y menos a Argentina. Osvaldo Baigorria recuerda desde acá (tanto en el tiempo como en la geografía) lo que pasó allá (en tiempo y espacio). Y su recuerdo lo engarza en su propia persona, joven hijo de obrero que quería huir de la Argentina de los 70 antes de que estallase la peor violencia.
Entonces, el libro plantea un viaje iniciático personal hecho en la incandescencia que culminaría con la dictadura militar de 1976 y hacia las brasas de lo que quedó del "verano del amor" de 1967. Un viaje que será difícil y penoso por momentos y grato, alegre e iniciático la mayor parte de las veces. Lo que verá Baigorria es la resaca del hippismo, que para esos años ya habían mutado bajo el nombre de "freaks": aún sostenían las banderas de las drogas y el amor libre, pero había algo que se resquebrajaba a pasos acelerados en todo ello y pronto algunos de sus mayores referentes se volverían el ala más visible del capitalismo financiero que tendría a Reagan como su presidente de cabecera. Los que quedaban a la vera del camino, o bien se perdían en las calles de San Francisco y Los Angeles, o bien se iban a buscar la quimera de una vida buena nueva a los bosques y montañas, casi como unos vagabundos del Dharma de Kerouac (esta segunda opción es la que tomó Baigorria un par de años después de arribar a San Francisco).
Baigorria es consciente que lo que él escuchó del movimiento contracultural tiene pequeñas cláusulas: solo puede ser bien vivido si uno es estadounidense blanco. Negros y latinos deberán atenerse a los márgenes del American Dream como siempre.
La génesis de escritura del libro de memorias son las fotos que acompañan la edición, documentos que fue tomando inconscientemente por su paso desde San Francisco hasta los bosques canadienses. En definitiva, es un buen libro de vacaciones y un buen documento (otro más) sobre lo que queda de los sueños que plantean una realidad distinta a la crueldad consumista capitalista.
A Baigorria ya lo conocía cuándo elegí este libro, buscaba justo lo que encontré, el idealismo de la igualdad y las ganas de vivir otra vida si fuera posible otro mundo. Parece por momentos que lo es, en el relato que Baigorria hace de su recorrido geográfico y cultural. Las fotos son muy bonitas y suman a la narración dando otra voz que habla y canta lo que se vivía por entonces. Me imagino las miles de anécdotas que no entraron en este libro, porque no todo puede estar en un libro. Me quedo con las ganas de abrir caminos, el intento de buscar que cierre lo que no cierra, las ganas de cambiar y el deseo profundo de crear otro universo en el cuál todos podamos vivir de manera más armonica.