A la estupidez, que no conoce límites, solo cabe combatirla, por muy desigual que resulte la lucha y mucha sea la pereza que nos venza. Es preciso sacudírsela permanentemente para no tener que deplorar males mayores, porque es más dañina que la maldad. Este breve tratado sobre la estupidez humana va dirigido contra los idiotas, tontos y necios que nos rodean, y contra las ideologías que contribuyen poderosamente cada día a incrementar sus filas y fomentar la estupidez: son jaulas de las que no se puede salir, que impiden pensar, discurrir, dudar y razonar. Los inteligentes tienen ideas, cambian de ideas, incluso argumentan por qué cambian de criterio; los tontos, en cambio, se esconden tras una ideología y así, cómodamente, resuelven su carencia de ideas propias. En eso consiste lo que hoy se denomina políticamente correcto: sostener lo que dice todo el mundo para no crearse problemas con los demás. La estupidez es amnésica, y propicia lo intelectualmente fácil, lo personalmente cómodo, lo socialmente inútil. En tiempos del más obtuso populismo, de las frivolidades de la posverdad, de los estragos del nacionalismo, de los desvaríos del nuevo lenguaje presuntamente inclusivo, de la ciega militancia del animalismo y del postureo de cierto feminismo de sofá, Ricardo Moreno, ejemplo de lúcido escéptico racionalista, firma un libro muy oportuno y actual, pero sobre todo inteligente y con grandes dosis de sentido del humor.
Entiendo que este libro sólo se titula como tratado para hacer el título más llamativo (por lo que lo compré), pero es difícil ver realmente qué tanto valor tiene leerlo.
No podría decir que no estoy de acuerdo en varios puntos con el autor, pues también me ha frustrado mucho la estupidez de la gente. Sin embargo, esperaba algo muy diferente en un sentido tal vez más irónico y con un propósito más de entretenimiento que de crítica a personas que no van a leer el libro.
Moreno se enfoca en criticar la ignorancia y la banalidad en España, atacando principalmente al lenguaje inclusivo y a los siempre presentes fantasmas del socialismo y el separatismo. Pero esto lo hace con un aire de superioridad moral haciendo énfasis en argumentos que considera sólidos, y que no está dispuesto a someter a discusión, a pesar de criticar a quien no cuestiona su propia estupidez.
No me simpatiza mucho quien se escuda en la humildad de reconocerse estúpido para adquirir la superioridad moral. Y lo que al final sugiere este libro es leer mucho para aprender y razonar, aunque este tipo de lectura de por sí se dirige al público más letrado.
Un doctor en Filosofía que comete falacias y no cita ninguna fuente y un catedrático de Derecho Constitucional que habla de cuestiones lingüísticas errando cada dos frases como un cuñadísimo. Creo que el libro es una performance. Si es así, 5 estrellas. Si es en serio, que me lo temo, 1/2 estrella me parece mucho.
Horrible lectura, se me ha atravesado muchísimo. Pensé que sería un análisis más filosófico y profundo pero me he encontrado con un autor lleno de prejuicios y soberbio en muchas ocasiones. No desaprovecha cualquier ocasión para criticar a Cataluña, el conflicto vasco y el feminismo desde una perspectiva muy superficial e incluso 'estúpida' como él diría. Sabes que el libro no puede ir a mejor cuando habla de 'progres desnortados'. En fin, un libro nada imparcial, chabacano y que no recomendaría jamás.
Me gustaría hacer una reseña esmerada, pero todo lo que puedo decir ya está dicho. Lo único que diré es que el tonillo condescendiente de cuñado me ha matado, y la superioridad en la que se escuda para criticar a los "inferiores", más.
Pensaba que aprovecharía el humor y la ironía para analizar con criterio la tesis que sostiene y el mal que nos rodea, pero he asistido a una chapa de cuñado que apesta (y mucho) a discurso de señor mayor letrado. El típico señor de derechas que te va a hacer mansplaining con la sonrisa irónica en la cara del que se siente superior y se le nota. Este hombre ha venido a hablar de lo mismo que habla con los colegas en el bar, pero haciéndote el favor, para que seas menos tonto, de confesarte el secreto que solo saben los listos como él (Esa ha sido mi sensación)
Estando de acuerdo con la descripción de la estupidez humana que se desarrolla en la contraportada doy las gracias a Ricardo Moreno por su humildad al ponerse el mismo como un miembro de honor de ese grupo de tontos y necios de la sociedad. El tono de superioridad moral que utiliza, los ejemplos totalmente partidistas que definen la estupidez sin cuestionar la suya propia y sin admisión de crítica así lo atestigua.
Un ensayo irónico a la vez que realista. Qué refleja todas las estupideces que estamos viviendo ahora mismo de una manera que todos podemos entender y dejando ver qué mejor si no repetimos la historia, ¿no?
Es doctor de filosofía y como buen doctor de filosofía, ama las falacias. Ha sido como leer el tratado de un cuñado de bar: usa términos de intelectual, pero sin profundidad ninguna. Su bibliografía consiste en citas sacadas de los libros más importantes de autores muy importantes pero de nuevo sin profundidad. Pensaba que me estaba doliendo leerlo porque a la hora de aprender siempre duele salir de la caverna, pero no, simplemente me ha dolido porque ha sido terrible. Cuesta que no me guste un libro, lo consideraba imposible, pero este me ha matado.
En una muestra de estulticia sin precedentes, el autor señala como estúpido todo aquello contrario a sus valores: le molesta el feminismo, el activismo, los animalistas, los catalanes, los vascos... Y casi cualquiera que no sea de su cuerda. Ciertamente, para ser un tratado amplio de la estupidez humana, como reza el título, se centra mucho en el caso ibérico.
Lo tomaría como un ejercicio metaliterario, donde la pluma se viste del objeto de estudio, pero lo cierto es que me temo que el escritor no está emulando ser tonto, sino presumiendo abiertamente de ello.
Aunque no todo es negativo: que hoy día leer estas opiniones nos de urticaría a tantas personas demuestra que en algo su autor sí estaba en lo cierto. Hay sandeces que, con el devenir del tiempo, se destierran del quorum colectivo. Cuando eso sucede... Bueno, digamos que al libro en cuestión le ha pasado como al vino que cita al principio de uno de los capítulos: siendo malo de base, al envejecer se ha picado en lugar de mejorar.
Si bien no es un tratado, este conjunto breve de reflexiones en torno a la estupidez contiene una buena selección de citas y referencias filosóficas biensonantes, bien dispuestas y organizadas, y que nunca está de más revisar y volver a comentar.
Practicar el ejercicio último de inteligencia, que consiste en preguntarse a uno mismo "¿No seré yo, acaso, el estúpido?", es una tarea difícil y que puede colocarnos en situaciones incómodas o contraponernos a nuestras propias incoherencias. En este aspecto, considero que el autor ha sido ducho en la dialéctica socrática, y logra conducir al lector a esas aporías mayéuticas, tan dolorosas como necesarias. Sin embargo, también es cierto que no logra evitar, en estos lances discursivos, patinar con el aceite de sus propios prejuicios.
Al empezar a leerme este libro pensaba que iba a ser una reflexión y un ensayo interesante pero nada mas lejos de la realidad, aunque trata temas interesantes y en muchos aspectos el autor tiene razón, la condescendencia que maneja durante todo el texto deja ver que no tiene ese pensamiento critico que tanto defiende y del que tanto alardea.
Realmente iba con las expectativas muy altas y lo que me he encontrado es una critica vacía y casposa del feminismo, el lenguaje inclusivo, el marxismo y cualquier lucha social que se escape del prisma de un hombre blanco hetero y adinerado. No he aprendido nada
Un poco de sensatez y cordura. Es un librito superficial, no profundiza en las grandes inquietudes del ser humano, pero traza unas ideas concretas sobre la estupidez que me han parecido maravillosas. Es difícil en este tipo de libros estar de acuerdo con todo lo que expone el autor, pero aún no estando 100% de acuerdo porque siempre hay matices, hay mucha verdad en sus palabras. Me quedo con lo que expone acerca de las ideas y la ideología, el inteligente tiene ideas, el tonto ideología.
Sin más, esa podría ser la definición. El autor trata la estupidez humana en varios ámbitos (político, social, etc) y reflexiona sobre la diferencia entre los tontos y los inteligentes en distintas situaciones.
Pese a que estoy de acuerdo con varios puntos que expone, en algunas partes expone sus opiniones con un ligero aire de soberbia muy evidente. Es cierto que el ensayo hace justicia a su nombre y es breve, pero muy repetitivo en algunos capítulos (que ese es el problema que tengo en general con los ensayos, no sólo con este en concreto). Además, será por la edición, pero se hace muy pesado de leer porque es texto todo el rato y apenas aparecen puntos y aparte. Ha sido como una de las películas de Antena 3 de los domingos, puedes verla o no y tu vida seguirá exactamente igual.
Cita favorita: "La estupidez es más dañina que la maldad, porque es más fácil luchar contra la segunda (porque actúa con una cierta lógica) que contra la primera (que carece de ella)
Quizás uno de libros/ensayos más ... "inteteresantes" que he leído recientemente. Me sentí incómoda al leer algunas de las afirmaciones, a ratos me conmovió y un par de veces reí (aunque me hizo sonreír y mucho). No estoy de acuerdo con todo lo que el autor propone/defiende (algunas cosas chirrían), pero de eso se trata el libro ¿no? De pensar (que ahí sigo dándole vueltas a algunas ideas) y discrepar desde las ideas. Leer, leer, leer.
Probablemente no soy la más inteligente pero espero no ser la más "tonta". :-)
Resulta curioso ver cómo muchas de las definiciones que da para los zoquetes, idiotas, tontos, necios, majaderos y bobos encajan para lo escrito por el mismo autor dado que se retrata a sí mismo al argumentar sobre temas que a todas luces no ha comprendido por falta de interés. En definitiva no deja de ser un artículo (largo) de opinión, una opinión que evidentemente no encaja con la mía.
lo de “tratado” es una puta broma. No es más que un cúmulo de opiniones cuestionables que enseña como hechos y citas que hacen que el texto luzca más culto hasta un punto sarcástico. Invalida cualquier acción política no democrática y ridiculiza una causa como la de ETA por su “estupidez” tachándolo como una lucha “innecesaria”. En ningún punto se hace una crítica al franquismo y su represión más que alguna frase con más matiz ambiguo que otra cosa. Sencillamente se siente como “sois estúpidos porque estáis desinformados y yo soy un genio porque me desinformo pero leyendo libros”. Lo dicho, me parece una broma en todo su esplendor y no sé como alguien puede tener el valor de considerarlo una obra literaria.
Cogemos un lugar común, le añadimos 5 cucharadas de citas de pensadores conocidos, batimos los ingredientes secos e integramos temas de candente actualidad como el nacionalismo y la cuarta ola de feminismo. Dejamos reposar en el frigorífico durante 24 horas y, tras ese tiempo, horneamos 25 minutos a 180 grados.
Servimos con condescendencia y superioridad moral, al gusto y decoramos con alguna idea rescatable.
La review, como el ensayo, en clave de humor. No me duele habérmelo leído pero tampoco me cuenta nada nuevo que me invite a una reflexión sesuda y complicada que, verdaderamente, me saque del saco de los tontos.
Se lee en un suspiro y en un suspiro se olvida todo lo que Moreno Castilla escribe en este pequeño pero pretencioso libro. Cada capítulo se abre con una cita de un hombre célebre (no hay alusión alguna a pensadoras femeninas) que el matemático y filosofo analiza aportando sus propias reflexiones. Lo mejor del libro, la portada: un cuadro de El Bosco titulado “Extracción de la piedra de la locura” y pintado entre 1475 y 1480.
Se contradice a sí mismo tratando el tema que trata y exagera mucho las reflexiones, pero me he reído leyéndolo. Hay días tontos y tontos todos los días.
Un exercicio infantil e ridículo de axuste de contas no que o autor usa a dicotomía estupidez-intelixencia (distinción tan clasista como inútil) co único propósito de descalificar ideas coas que non está de acordo. Así é como tira ao lado da “estupidez” os discursos sobre a necesidade de reforma da Constitución, a linguaxe inclusiva, as críticas á Unión Europea ou os independentismos. É lamentable ver como, logo de instar a un escepticismo racionalista que poña en cuestión toda idea antes de asumila, procede a amurallar un núcleo forte de certidumes sobre as que non admite escrutinio: a gramática vixente, a Constitución ou a unidade territorial de España. Se aquí se sacrifica a parte escéptica, na súa crítica a exemplos concretos renuncia case por completo á parte racionalista, construíndo homes de palla para logo descartalos por “estúpidos”. E así é como, prescindindo das necesarias explicacións económicas, sociolóxicas e psicolóxicas que permitirían elaborar críticas solventes a eses discursos, os seus argumentos acaban sendo baleiros, só capaces de convencer a quen xa cre neles. O único que se lle pode recoñecer é que o libro en si mesmo constitúa un tan bo exemplo de estupidez
Se supone que el autor es doctor en Filosofía, pero el libro está plagado de sesgos, de falsas dicotomías, contradicciones, conceptos muy mal definidos y citas inventadas. Uno podría incluso pensar que estos problemas se dan de forma deliberada con cierta intención manipulativa. El autor habla de lo perniciosas que resultan las ideologías para el intelecto sin darse cuenta -quiero creer- de que no está haciendo más que imponer la propia desde una ilusión de superioridad moral. El libro en sí no es un completo desperdicio, pues, para quien no esté al corriente en materia filosófico-antropológica, puede encontrar algunos resquicios aprovechables que invitan a la reflexión. Para quien sí esté puesto en materia, este libro puede constituir un ejercicio bastante completo de pensamiento crítico y análisis del discurso, porque es un continuo "donde dije digo, digo Diego", desvaríos, contradicciones y ataques velados a ciertos sectores no del gusto del autor, pero que se empeña, unas veces con mejor tino, pero, la mayoría de veces, con uno bastante desafortunado en señalar como origen y consecuencia, a partes iguales, de la estupidez humana.
De las peores cosas que he leído en mi vida. Me parece muy reseñable que el tratado haga un alarde de estupidez enorme para ejemplificarla y podamos entenderla mejor (porque solo puedo asumir que este es el objetivo). No hay por donde cogerlo. Parece que haya publicado las anotaciones rápidas que tenía guardadas para escribir el libro de verdad. No pierde la oportunidad de meterse con toda aquella ideología que no le cuadre (después de decirle al lector que el ignorante siempre está cerrado a las ideas ajenas) con argumentos que más que de barra de bar son de tertulia infantil en el parque de bolas. Se queda en lo superficial y banaliza con los temas sin darle un ápice de credibilidad a nada; lo cual provoca que no aporte nada nuevo, pero nada nada en absoluto. Vamos, que es una especie de columna de opinión genérica de cualquier suplemento dominical donde un escritor se desgañita para intentar salvar una sociedad que no es consciente de su propia estupidez, con el incentivo de que le debieron tener que aumentar el tamaño de la letra para poder cobrar por un escrito que cabe en veinte páginas de Word (a lo sumo). Eso sí, lo de breve se agradece, sin duda.
De este ensayo de Ricardo Moreno Castillo que compré —seamos sinceros— porque me hizo gracia el títlo lo que más me ha gustado ha sido que está escrito en clave de humor para evitar —esto lo digo yo—, en la medida de lo posible, los egos heridos.
No solo la manera de contarlo, sino que también he disfrutado muchísimo de su contenido, de las referencias y de la manera de plasmar unas ideas que nos conciernen a todos.
Aunque en algunos aspectos expresa más bien su opinión y no datos objetivos, o eso me parece a mí.
En cualquier caso, me parece interesante su punto de vista.
No tenemos que estar de acuerdo con algo para que nos nutra y nos parezca interesante, de hecho el autor, entre sus recomendaciones, nos propone leer precisamente a aquellos autores con los que tengamos diferencias para replantearnos nuestras propias ideas a la luz de las de otros.
Lo volveré a leer, seguro. Es pequeño, pero matón.