Bajo el título «Le sanglot de la terre» («El sollozo de la tierra») pensó Jules Laforgue recoger toda su poesía de juventud, compuesta entre los años 1880 y 1881; sus poemas filó ?complétese filosophiques? como a ellos solía referirse en su época de bohemia parisina, y de frecuentación de los cenáculos simbolistas como el de «Les Hydropathes», por los mismos días en que Mallarmé inauguraba las sesiones de sus «martes». Escritos aún bajo la influencia de las visiones cósmicas de Hugo, o de los efectos del esplín baudelairiano, estos poemas son una buena muestra de ardor juvenil, con sus desmesuras y sus intuiciones, entre los que intenta abrirse paso una voz propia ?amarga y bufonesca? que aún tardará algún tiempo en manifestarse en la plenitud de «Les complaints» y sus obras posteriores, que hacen de Laforgue un referente de la poesía moderna. Aunque el poeta de los pierrots y de la luna, instalado ya como lector de francés de la emperatriz de Alemania, no llegó a dar a la imprenta estos primeros poemas, nunca se deshizo de ellos, y el libro en proyecto ha podido ser aproximadamente reconstruido por sus estudiosos. Valga esta selección como una muestra de la formación de una voz genial.
Jules Laforgue (Montevideo, 16 August 1860 – Paris, 20 August 1887) was an innovative French poet, often referred to as a Symbolist poet. Critics and commentators have also pointed to Impressionism as a direct influence and his poetry has been called "part-symbolist, part-impressionist".
Strongly influenced by Walt Whitman, Laforgue was one of the first French poets to write in free verse. Philosophically, he was an ardent disciple of Schopenhauer and Von Hartmann. His poetry would be one of the major influences on the young T. S. Eliot (cf. Prufrock and other observations) and Ezra Pound. Louis Untermeyer wrote, "Prufrock, published in 1917, was immediately hailed as a new manner in English literature and belittled as an echo of Laforgue and the French symbolists to whom Eliot was indebted."
Exquisitos y hermosos poemas, siempre Laforgue tiene un estilo muy particular, que hace de su poesía algo en verdad maravilloso, en ella nos transporta a la soledad, al dolor, y a la finitud de la existencia
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