Seré franco. Después de leer esta interesante recopilación del personaje mexicano, Chanoc, me doy cuenta de por qué no lo leía de chico. Y la verdad solo tiene que ver con el gusto.
Chanoc proviene de una tradición diferente al cómic gringo, al que estamos acostumbrados (en especial al de superhéroes). Las aventuras de Chanoc son eclécticas: hay melodrama, hay comedia, hay relajo, hay crítica social, hay filosofía, hay una visión de México y los mexicanos. No lleva una sola línea y los temas de los que habla son múltiples y van desde el fútbol hasta la ciencia ficción (al menos de forma filosófica). Aunque hay lugar para la fantasía, nunca es esta la directriz central.
El pueblo de Ixtac, de dónde son Chanoc y sus amigos es realmente un microcosmos de nuestro propio México, de sus virtudes y vicios, de sus esperanzas y miedos, y es también depositaria de nuestra carga ideológica, cómo puede leerse en el relato El Collar de Perlas, un melodramón digno de la revista Lágrimas, Risas y Amor, pero que bajo el cristal del análisis no nos dejará indiferentes.
Chanoc es un pescador de perlas, joven fuerte y atractivo, de un corazón de oro y comprometido con su pueblo y con su gente hasta decir basta. Y por otro lado está su padrino Tsekub Baloyán, un viejillo alegre y pícaro quien es realmente quién se llevó siempre el interés de la revista (de chico esto me intrigaba: la revista era de Chanoc pero el personaje principal parecía ser el mismo Tsekub), además de todo un arcoiris de personajes costeños tan variados como peculiares.
El dibujo de Ångel Mora, por otro lado, también me asombraba. No parece seguir un solo estilo, ni un solo registro. Sus trazos no son delicados, sino fuertes y dinámicos, a veces pienso que apresurados, pero supongo que las fechas de entrega tenían que ver mucho con ello.
Y pues si, está mezcla a mí no me entusiasmaba mucho de chico y tampoco de grande, pero al haberme reencontrado con Chanoc ha vuelto a poner en perspectiva a los personajes y al trabajo de Mora, que ahora puedo valorar, pienso, en una perspectiva más justa, y veo que se trata de una historieta de gran valor.
Por cierto, la mejor respuesta a que es un ser humano, y a los relatos de Isaac Asimov se encuentra presisamente aquí. Tsekub le pregunta a un robot que por qué cree que el es humano y él contesta con la visión filosofíca más certera de este mundo: Porque yo SOY. ¡KO directo al ego de la "humanidad", sí señor!