"Porque el periodismo es tensar la cuerda, retar, obtener, tras arduos trabajos, la enemistad de los que cortan el jamón, los muchachos del big money . A mí que no me vengan con prensa sedante, prensa láudano, chicharrón de prensa, mustios collados. Solo laprensa que irrita al poder se salva de envolver pescado." De los muchos textos escritos en estos años para el semanario que lleva mi nombre -groserías del márqueting, demandas de la subsistencia-, pocos son los que resultan legibles con el paso del tiempo. La mayor parte perece en la fugacidad, en el chisporreo grasientode lo banal. Ahora los leo y me doy cuenta de cuánto reincido en temas y obsesiones. El menú de mi neurosis podría abreviarse de esta me disgusta el mundo tanto como antes, cuando era joven y creía que lo cambiaríamos. Los consejos de la edad no me han servido de nada. Sigo siendo paciente de la ira y está intacto, más lozano si cabe, mi amor por las causas perdidas. Vivo en un país que amo y me abate al mismo tiempo, y he visto caer a casi todos los dioses que fueron el hechizo olimpo de mi juventud. Pero eso nome ha conducido a la melancolía, felizmente. Cada día estoy más convencido de que mi deber es pelear por lo que creo. ¿Creer? Sí, por qué no. No está mal creer que algún día el mundo será verde y que el Perú admitirá el placer de la civilización. No está mal creerque el mundo se deshará de los políticos y reconocerá, a la fuerza, que el planeta merece mejores guías y más ciertos discursos. Enel fondo, esa es la pelea. Contra lo que muchos creen, no venero el pesimismo. Admito que el Perú alienta todas las tristezas y losdesalientos, pero jamás me entregué al lujo de los años sabáticos y las treguas clínicas. La peor desgracia del Perú son sus políticos. Y eso es algo que hemos permitido los peruanos. No fue el imperialismo el que nos impuso a Fujimori ni vinieron de fuera los alisios viciosos que nos han hecho renunciar, tantas veces, a la dignididad ciudadana. Noes de extrañar que buena parte de de estos textos estén dirigidos al denuesto altisonante de quienes asumieron el poder y nos defraudaron. César Hildebrandt
César Hildebrandt nació en Lima, Perú el 7 de agosto de 1948. Desde muy joven trabajó en el semanario de circulación nacional Caretas y en diversos medios de comunicación como columnista. Estudió Educación con especialidad de Lengua y Literatura, en la Universidad Nacional Federico Villarreal. Por su temprana fama como investigador acucioso y bien leído, así como por sus puntos de vista agudos y provocadores, se convirtió rápidamente en director de diferentes revistas y publicaciones como la fundación del semanario ’Sí’ y el diario ’Liberación’ que luchó contra la dictadura de Alberto Fujimori. Menciona Hildebrandt en un artículo periodístico que comenzó en la televisión a los 32 años y que este medio que lo vio envejecer, también lo despidió 14 veces de sus diversos programas. Esto se debió no solo a su peculiar forma de pensar y analizar los sucesos a contracorriente -si no también- por no sujetarse con la ’línea periodística’ de la emisora televisiva en la que trabaja en ese momento. Durante el gobierno de Alberto Fujimori, las constantes denuncias de actos graves de corrupción le hicieron blanco de un plan para asesinarlo (Plan Bermudas) el que lo llevó durante algunos años a autoexiliarse en España, donde trabajó en diferentes medios de comunicación por varios años. El día viernes 23 de abril del 2010 hizo su retorno a la prensa escrita al aparecer el primer número de su semanario "Hildebrandt en sus trece" el que circula hasta la actualidad.
Prensa ácida, crítica, dura y sin modulaciones o censura. Hildebrandt es la imagen de lo que un periodista debe hacer: informar, con fuentes, sobre lo que acontece en la realidad, pero no sin dejar de lado una opinión sobre el suceso. Su estilo sarcástico creo que se ha intensificado con el tiempo. Más corrupción, más problemas, el aumento de la decadencia humana ha llevado a que Hildebrandt no se aguante nada y abogue por un pesimismo filosófico y racional; deja al aire la pregunta si la situación actual, del Perú, realmente puede solucionarse... Él cree que no y que es necesario que todo mal acontezca, y de ello surja miles de personas inconformes y con ánimos de cambiar las cosas. O sea, del mal sale producto una consciencia o justicia por lo que en nuestro estado de pasividad no aceptaríamos: cuando Alan García estaba vivo, sus estupideces y arribismos, al igual que Ollanta Humala cuando era presidente; la ridiculizada exalcalde de Lima, Susana Villarán, y sus tratos escabrosos con las internacionales como Odebrecht; al dictador más grande del Perú y uno de los más desgraciados y tontos de toda latinoamérica: Alberto Fujimori, y su séquito de Keikos y Kenjis; y también, por parte de la izquierda, la gente obstinada y posera que no busca un verdadero cambio, sino subirse a la moda, a las olas que se mueven a su lado arenoso.
Resentimiento en su máxima expresión, a veces se excede, pero es la realidad de nuestro país. Es una recopilación de todos sus editoriales a lo largo de su carrera, se nota que Hildebrandt a leído bastante, usa nuevos términos sin excederse. Algunas frases:
“Tengo el dudoso privilegio de no subir hace muchos años a un vehículo de transporte público en Lima. Confesarlo me da vergüenza porque es la admisión de pertenecer a una casta de seleccionados por la fortuna.” “Eso quiere decir, en suma, que el periodismo demanda un estatuto privilegiado desde el que la difamación puede pasar por opinión, la calumnia por periodismo investigativo y la mentira por verdad.” “Las decepciones son mayores cuando las esperanzas son más intensas.” “La propaganda es la mentira más organizada del mundo. Ha superado a la religión, a las ideologías, a las falsificaciones de la historia. Y lo controla todo.” “No es que la propaganda difunda los bienes del capitalismo. Es que la propaganda ha llegado a ser el capitalismo.” “El modelo peruano es primitivo porque no construye país, Estado, instituciones. Porque no combate la corrupción. Porque no mejora la educación ni la investigación ni mucho menos la ciencia.” “el Congreso Constituyente de 1979: una masa crítica de inteligencia, pasión y conocimientos.” “Al salir del colegio y al meterme en los libros que cambiaron mi vida, en las películas que me abrieron los ojos, en las ideas que me liberaron, descubrí que Kennedy había sido el invasor fallido de Cuba, el agresor en escalada de Vietnam, el jefe de una pandilla mundial que creía que el mundo debía regirse por lo que Washington decidía.” “yo podría considerar mis más desoladas convicciones: que el hombre es un error de la evolución, una variante depravada del azar, una voracidad sin límites destinada a destruir lo que toca y a llamar progreso a la acumulación de lo innecesario y civilización” “Lima era amable y pulcra. ¿En qué momento se convirtió en este basurero colosal, en esta dictadura de simios al volante, en este desahogo renal sobre las bermas?” “Hablamos mal, escribimos peor, nos comunicamos desde la ignorancia. Somos cada día más perezosos para leer, más renuentes para entender, más lentos para captar.” “Hablamos mal, escribimos peor, nos comunicamos desde la ignorancia. Somos cada día más perezosos para leer, más renuentes para entender, más lentos para captar.” “Lima, hay que decirlo, es el mayor homenaje al mal gusto de toda nuestra historia.” “Lee Kuan Yew produjo en Singapur. O sea, una revolución de las costumbres, un empezar de nuevo y, en algunas ocasiones, desde cero.” Lo leí en 15:58’
Este libro más que un libro, es un diario. Cesar Hildebrant nos lleva por diferentes episodios de la historia peruana y sus escritos en este libro si que causan malestar al poder. Hildebrant habla de todo un poco: de Alberto Fujimori, Keiko, los Humana, Alan García etc. Estamos en el 2019 y al leer estas páginas pienso: “ el chato nos advirtió y decidimos ignorarlo”
Si deseas saber hechos recientes de la historia del Peru, abre este libro y navega por sus páginas, te un poco de cólera y pena por lo que pasa en la sociedad peruana.
Me tomo dos meses y medio terminar de leerlo. ¿Por qué? Por el hecho de que hace menciones y referencias de temas de los cuales yo nunca antes había leído o sabido. Lo bueno es que lo acabe. No solo amplia el léxico, si no también los hechos o datos que sabes sobre la política y cultura peruana. Recomendado.
César Hildebrandt no necesita presentación. Periodista de principios férreos, crítico incansable y una de las voces más lúcidas –y molestas para el poder– del Perú contemporáneo. En esta recopilación de sus textos para el semanario que lleva su nombre, nos entrega algo más que periodismo: un espejo que refleja la podredumbre del sistema político y social peruano.
Lo que hace único este libro es su capacidad de condensar siete años de análisis, denuncias y reflexiones en textos que no pierden vigencia. Hildebrandt no deja títere con cabeza: arremete contra los políticos de turno, los poderes económicos, las instituciones y, por supuesto, contra nosotros, los ciudadanos que permitimos que esta debacle ocurra. Y lo hace con su prosa punzante, precisa y cargada de esa ironía que incomoda pero no deja de ser cierta.
La pregunta que atraviesa el libro es casi existencial: ¿somos realmente un país? ¿Podemos llamarnos una nación? Hildebrandt no tiene respuestas fáciles, pero sí una certeza: el problema no viene de fuera; es nuestro, profundamente nuestro. En cada página se siente su rabia, su pasión y ese compromiso insobornable con la verdad.
Este libro no es para quienes buscan la comodidad de la indiferencia. Es para quienes se atreven a mirar de frente el caos, a reflexionar sobre nuestra identidad y, tal vez, a reconocer que el cambio no llegará sin lucha.