Una historia desesperante como pocas. Stoupakis es un tour de force tras los ojos de la agente Brenda Stoupakis, miembro de la fuerza policial de una Buenos Aires que no está demasiado distante en el tiempo como para distanciarse. Asistimos, así, a cómo se marchita lenta e inexorablemente la pequeña humanidad que permanece en ella en la medida de lo posible; desde la mínima empatía hasta las potencias que se evidencian en el personaje y en quienes le rodean. Nahuel narra con tanto lujo de detalles esta realidad, las instancias, los productos, las dinámicas sociales son tan tangibles y visibles que nos cuesta pensar en una improvisación, en un mundo onírico de diversiones. No, el futuro que habita Stoupakis y del que somos testigos es un futuro oscuro, opaco y grisáceo, pero premeditado. Quizás sea una forma de advertirnos lo que llevamos con nosotros en este desbarranque hacia el vacío que es el post-capitalismo; pero esta novela realista y policial con su denso maquillaje de sci-fi no pierde en ningún momento cierta característica documental. La mente fría que subyace dentro mío piensa y da por sentado lo peor; esto que me cuenta Nahuel acá, descarnadamente y con la misma delicadeza que un martillo neumático levanta una calzada, ya está pasando. Ya pasó, ya pasa. No es un futuro posible; es el presente, y eso es escalofriante de verdad. Ver las listas de la CORREPI, los reportes del equipo argentino de antropología forense, los reality-shows del estilo "policías en acción"... las evidencias de lo que las fuerzas de seguridad hacen y deshacen están ahí. Y asistir a ese fuego que se apaga hasta el paroxismo de la desesperación es asfixiante. Lo que cuenta Nahuel no es agradable de ver, pero no te podés despegar en ningún momento del asiento. Querés que pare, pero sólo empeora, o se enturbia, o se pone más denso. Este descendo al Maelstrom es dinámico, está muy bien armado y excelentemente escrito. Queremos despertar y volver a nuestros mundos suaves, pero en Stoupakis la única suavidad está en tres gatos de colores en un departamento, y el despertar es un lujo que un agente de la Fuerza no se puede dar.