2.5 estrellas. Lo siento profundamente por el autor, porque escribe maravillosamente bien, pero esta historia, a mi entender, no tenía muy claro a donde iba desde que empezó a escribirla. El tema esotérico relacionado con la mitología de Egipto, los enigmáticos sabios azules y los grandes hombres elegidos a lo largo de la historia para resucitar, aportan lo que yo creo que es verdadero corazón de la historia y lo que motiva a seguir página tras página. Todo lo demás lo único que consiguió fue hacer que me desencantara de esa parte tan interesante de la propuesta.
Sinceramente, me daba igual lo que le pasara a Napoleón. Un personaje en la novela, planísimo, sin ningún matiz más allá de: "quiero dominar Egipto y quiero alcanzar la inmortalidad". El conjunto de secundarios que orbitan alrededor de él, además de abundantes, son absolutamente intrascendentes y aburridos, salvando las distancias con el sabio azul, Balasán, que tenía un mínimo de misterio como para hacerlo interesante. Todo el cuerpo de la novela, preparando el ritual de "inmortalidad" para el "petit cabrón" como lo llamaba Pérez-Reverte, es como un camino eterno y anodino adornado con alguna baldosa interesante para llevarnos a un final abruptísimo y que deja la sensación de haber hecho demasiado esfuerzo por algo que realmente no merecía tanto la pena.
Honestamente, creo que esta historia me hubiera entrado mejor como ensayo que como novela. Pese a todo ello, que me ha llevado a aborrecer el rato de lectura diario en sus capítulos finales, sin duda Javier Sierra tiene buena mano, se expresa deliciosamente y teniendo en cuenta que esta fue de sus primeras novelas, creo que le dejaré el beneficio de la duda de adentrarme en alguna de sus más recientes, por si la cosa hubiera mejorado.
Hoy sin embargo, termino la que ha sido la mayor decepción literaria de mis últimos cinco años de lectura, sin duda alguna.