Bruno, el narrador, nos cuenta en primera persona sus recuerdos de hace treinta años, en Ramallo, un pueblito rural de Argentina. Bruno era un adolescente que, como todo joven de su edad, tenía un grupo de amigos que seguían a un líder, al más fuerte de sus pares, a Lalo. Bruno y Lalo se ven envueltos en un triángulo amoroso con Lisa.
Lisa tenía 13 años cuando se instaló en Ramallo. Era hija de un ingeniero que debido a su trabajo se cambiaba junto a su familia recurrentemente de domicilio. Así llegó Lisa para impactar de lleno en la vida de este par de amigos: «Lisa podía golpearte o mirarte con desprecio, según su humor. Preferíamos ser golpeados; su desprecio era una de esas cosas que se recuerdan al otro día. Por lo demás, todos estábamos enamorados de ella», nos relata Bruno.
La adolescente era una chica que se robaba las miradas, de actitud rebelde, libre y aventajada, muy madura para su edad. Lalo, con su personalidad de líder, logra emparejarse con ella a los pocos meses de que llegara a revolucionar a los muchachos del pueblo. Bruno, por su parte, con su timidez, también se relaciona amorosamente con Lisa, pero en secreto y a espaldas de Lalo. Al poco tiempo, Lisa debe irse junto a sus padres a vivir a Brasil, generando un quiebre emocional para ambos amigos. Los tres no vuelven a estar juntos hasta tres décadas después.
En mi opinión es una historia breve, casi un cuento, que nos deja la impresión de haber leído una gran novela. Me gusto mucho ya que hace entender que los amores no son para siempre y deja mucho que reflexionar. Es de esas lecturas rápidas que no toman más de un par de horas de dedicación, pero que te llenan de reflexiones al finalizar. Coincidentemente, la trama gira en torno a un amor de adolescencia tan fugaz como inolvidable.