Aquí llega ‘El libro del odio’, un libro que odiarás con todas tus fuerzas. Porque todos odiamos: ¡fuera la culpa, viva el odio!
El odio es el patito feo de las emociones. Un ejército de ‘coaches’ motivacionales nos han reprimido con sus sentencias vacías. Hay que reír, hay que llorar, déjalo salir, déjalo entrar y así crecerás [sic], el cielo es el límite. Eso sí, nada de rabia, nada de ira y nada de cólera. Lo de exteriorizar está bien, pero en el plano buenrollista. La parte divertida de gritar, insultar y romper vajillas está terminantemente prohibida. Aquí llega el primer Manual ilustrada del odio para poner fin a tal injusta situación. ¡Fuera la culpa, viva el odio! Lleno de las sorpresas más disparatadas e irreverentes: experimentos ilegales que NUNCA debes probar; los inventos más odiosos de la humanidad; los odios más raros, así como los más comunes; y los mejores y más odiados pasatiempos.
Me llevé este libro porque el título me llamó mucho la atención, la edición es una cucada (tapa dura, cantos pintados, ilustraciones a color, papel de buen gramaje...), la editorial me gusta y estaba tirado de precio.
Sabía que no era ficción y, por la sinopsis, me imaginaba un tipo de ensayo sobre el tema, pero me he encontrado un libro cachondo que me ha hecho reír varias veces y sonreír muchas más, con ideas ingeniosas y un multiformato muy refrescante.
Mis secciones favoritas han sido la de la guía del mindfulness para odiar a gusto y los tests del odiopolitan 🤣.
Me ha venido muy bien leer una gansada como esta y he sacado varias frases que usaré como citas en mis libros futuros 😊.
Reírme no es algo que busque en los libros ni asocie con la lectura. Y la verdad es que no sabría explicar por qué. Puede ser porque relaciono los largos tiempos de lectura profunda CON otro tipo de emociones más “complejas” (con comillas gigantescas), mientras que la risa me suele llegar de forma espontánea. Me suele nacer en la superficie y, si me pongo a hacer memoria, el último libro con el que recuerdo haber reído a mandíbula batiente es el “Karoo” de Steve Tesich. También con Santiago Lorenzo. Pero la primera es una risa puramente intelectual y la segunda nace de la incomodidad elocuentemente frontal con la que el escritor enfrenta sus tramas.
Pero reÍr como ríes cuando, por ejemplo, estás delante de tu sitcom favorita… ¿Por qué no puede ocurrir esto con un libro? Pues, mira, sí que puede ocurrir. Y te lo digo yo que me acabo de leer “El Libro del Odio” y no he podido parar de soltar carcajadas como si no hubiera un mañana. Al fin y al cabo, el título de este libro de Fermín Zabalegui ilustrado por Luis Mazón (y editado por Malpaso) podría hacer pensar que nos encontramos ante La Biblia Hater. Y sí. Pero no.
El punto de partida de “El Libro del Odio” no podría ser más hater, ya que su razón de ser es la exploración de ese odio que todo el mundo ha a aprendido a identificar como un sentimiento negativo (porque así se le ha inculcado en su educación) pero que, sin embargo, es el caldo de cultivo en el que todos nadamos cada vez que abrimos el móvil y nos ponemos a navegar por internet en general o por las redes sociales en concreto. El hater y el troll son dos figuras a las que todos adoramos (porque nos dan la vida) y odiamos (porque también nos la quitan) a partes iguales.
Es por eso que “El Libro del Odio” tiene mucho de proyecto sublime: sublimar el odio, reivindicarlo incluso, pero hacerlo siempre desde el humor y desde el buen rollo. Zabalegui marca el estilo de su investigación desde el mismísimo prólogo: “En el mundo de los libros no hay invento más petulante y odioso que el prólogo: un añadido inútil donde algún amigo del autor se explaya sobre un libro que tú aún no has leído, y donde además se pone a cantar sus alabanzas como si ese texto no fuera a salir impreso en el mismo libro que está ensalzando. Vamos, es como poner a tu madre de referencia en el currículum“.
El haterismo de Zabalegui, totalmente apoyado por las imágenes poderosamente icónicas de Mazón, extirpa cualquier carácter inmanentemente negativo e insidioso al tamizarlo a través de toneladas de un humor depuradísimo y finísimo cuando tiene que serlo y totalmente salido de madre cuando puede permitírselo. “El Libro del Odio” se estructura en base a diferentes capítulos en los que los autores van abordando las diferentes áreas de la vida moderna que mayores raciones de odio suelen provocar. Si eres un ser preeminentemente urbano, si te pasas media vida en redes sociales, si te ves obligado a tratar diariamente con gente que inevitablemente ni te va ni te viene, este es tu libro.
Es inevitable hacer click inmediatamente con todos y cada uno de los temas propuestos por Zabalegui y Mazón. Sobre todo, porque la selección no podía ser más acertada y siempre, absolutamente siempre, es totalmente certera. Para ejemplo, el capítulo en el que abordan las fobias más extrañas, esas que odias porque en verdad no las tiene nadie pero sabes que todo el mundo es jodidamente hipocondríaco y queda fetén proclamar en tus redes que tienes la fobia más difícil de pronunciar: “Suponemos que antiguamente existían dos tipos de personas: las que tenían aversión a la muerte (tanatofobia) y las que no. Estas últimas inventaron el balconing, el wingsuit, el movimiento antivacunas y el ponerse en las curvas para ver los rallies“.
“El Libro del Odio” también brilla porque coge ciertos odios informes que todos sentimos de forma más o menos vaga y los articula en pildorazos de una síntesis desarmante. Para muestra, uno de los botones más burros de todo el tomo: “¿Cómo hacer una tertulia deportiva? Dirigíos a un puticlub de Madrid y coged a tres cincuentones con mala pinta que vistan camisa de jugador de polo. Repetid la operación en Barcelona. Añadidle dos exfutbolistas de perfil bajo, arruinados y alcohólicos. Acto seguido, colocad a una periodista de escote generoso y minifalda para dar color, ofreced barra libre de J&B con Coca-Cola y farlopa y, sin más dilación, soltadlos durante tres horas en un plató“.
Pero, sobre todo, “El Libro del Odio” resulta sublime porque te pega unas collejas bien sonoras continuamente… Y la única salida que te queda es reír. Reírte de las palabras de Zabalegui, reírte de las ilustraciones de Mazón, reírte del libro, reírte de ti mismo. Tomemos como ejemplo el pasaje en el que yo mismo me vi más hirientemente retratado. Un pasaje en el que, al hablar de los odios que orbitan en torno al mundo de la música, se describe a la habitual “iluminada del trap”: “Tiene cuarenta años, pero quiere hacerse la moderna. Escucha a C. Tangana y a traperos americanos de los que no sabría ni pronunciar el nombre. No entiende nada, pero ella está ahí, apoyando a los millennials, demostrando su resilencia. Es un escaparate de apertura y tolerancia, aunque en la clandestinidad de su hogar escuche a Los Fresones Rebeldes“.
Así soy yo, y así os lo ha contado Fermín Zabalegui. Y, llegados a este punto, si “El Libro del Odio” me parece de un valor incalculable por conseguir que ría como no he reído leyendo en mucho tiempo, también me parece extremadamente recomendable por algo que va un poquito más allá de esta excusa humorística… Al fin y al cabo, esta risa nacida de la lectura es inherente a cierto periodismo cultural del que Zabalegui es una de las primeras espadas. Pero lo interesante de “El Libro del Odio” es que, en tiempos de ese “body positivity” que está intentando que queramos nuestro cuerpo sea como sea, apuesta por una especie de “soul positivy”. Ya basta de usar Instagram para intentar convencer al mundo entero de que eres un tipo excelente a base de fotos buenrollista. Esto es un “quiérete, maricón” en toda regla que te invita a abrazar tu lado hater y a exhibirlo igual que exhibes tu lado más positivo. “Hater positivity”. I’m in.
22° de mis #librosen2018: "El libro del odio", escrito en 2018 por Fermín Zabalegui, ilustrado por Luis Mazón y publicado por Malpaso Ediciones. 6.207 #páginasleídasen2018. Cuando Fermín se mudó a mi barrio hace más de 25 años, no odiaba como lo hace ahora. Él era mi vecina y nos queríamos. Luego compartimos piso durante un año y aprendimos a odiarnos, pero a odiarnos bien, como hay que hacerlo. Ahora ha recogido ese bien odiar en un libro y le ha quedado redondo. Me he reído, mucho, y me he sentido muy orgulloso. Ha sido como salir de copas con el Fermín más divertido e ingenioso durante una semana, recibiendo risa y odio a partes iguales. Como salir con él y que te monte un pollo porque un bar está muy lleno, pero luego te mates a reír cuando te cuenta un chiste como nadie sabría hacerlo. Desde un punto de vista divulgativo, "El libro del odio" es al odio lo que "Sapiens", de Yuval Noah Harari, a la evolución, imprescindible. Y desde un punto de vista práctico, es a la navidad, lo que el peor de los cuñados a la mesa, ¡no puede faltar! Lo digo en serio, ¡compradlo y regaladlo! Es un caballo ganador.
No te espere mucho más de lo que te dice en el prólogo, es un libro para tomárselo con humor, para odiar mucho y bien. Para odiar mucho y mal, también. Y al mismo tiempo ed un libro con historia y política,pero sobre todo, con historia y política como motor de odio.
En este libro encontraremos un catálogo de cosas odiosas escrito con mucha mala baba y un ingenio poco común que te arranca la carcajada en muchas ocasiones.
libro que leí en unas vacaciones, (lugar donde suele haber cosas para odiar) perfecto para este libro acompañante. me hizo reír, algunas veces hasta en voz alta, me encantaría una versión argentinizada del libro, es una forma divertida y lúdica de aprender algo más sociológico sin saber que lo estás haciendo, (como estudiante de socio me pareció perfecto).