Lo que más me ha gustado de esta novela es que rinde un merecido homenaje a Miguel Servet, un personaje extraordinario, que es prácticamente desconocido por la ciudadanía. Yo lo pondría a la altura tanto de Lutero como de Calvino, incluso a un nivel superior, pues sus conocimientos eran tan bastos, y su sabiduría tan amplia, que merece ser estudiado con detenimiento. Pero quinientos años después, poca gente ha oído hablar de él. ¡Lástima!
Lo que menos, que el autor debería de haberse limitado a escribir un ensayo sobre Servet, porque como novela está repleta de lugares comunes, se repite con machaconería y no aporta absolutamente nada al género. Además, abusa de los estereotipos en la descripción de los principales personajes, haciéndolos completamente unidimensionales. Corral me ha demostrado que, como escritor de ensayos es muy bueno, pero con las novelas da una de cal y otra de arena. Esta es de arena total. El que conozca el significado de la frase sabrá que, con ello, no estoy desmereciendo el trabajo del autor, pero tampoco lo alabo. Entre una novela comercial y un ensayo bien escrito, que sin duda hubiese vendido menos, se ha quedado con lo primero. Comprensible.
Las tres estrellas son por los datos históricos que aporta. Como novela, no le hubiese puesto ni dos.
Su posterior obra, “El trono maldito”, escrita con Antonio Piñero, está mucho más lograda.