Las vírgenes terrestres es un libro de Alicia Delaval que se publicó en 1969 (según reza la edición que tengo, prestada, más rota que entera) atrás no trae una sinopsis clara, sólo un par de frases que dejan claro que es una novela sobre mujeres que se atreven (o no) a desafiar lo establecido. Y ya. Meter el título el google arroja una canción célebre de Enriqueta Ochoa, una poeta mexicana oriunda de Coahuila. No, no es Alicia Delaval. Por suerte, al menos, Alicia Delaval sí tiene una página de wikipedia (cosa que muchas escritoras no). Googleas su nombre, primer o segundo resultado es Wikipedia (curiosamente, el que a primera vista parece tener la información recopilada, la Enciclopedia de la Literatura de México (segundo resultado) apenas si tiene una semblanza y una lista de obras. Así me enteré que Alicia Delaval no se llamaba Alicia Delaval, sino María del Pilar del Espíritu Santo Torruco, que nació en Tabasco, que fue docente y poeta. En la lista de obras aparece, al principio, Las vírgenes terrestres, novela. Todo lo demás es poesía, ensayo o teatro. Si le creo a esa lista (que es lo único que tengo de momento), Las vírgenes terrestres es su única novela y no hay ni rastro de ella. Tener un ejemplar en las manos me parece ya un milagro.
Así que aquí estoy sentada, preguntándome por qué voy a escribir una reseña de un libro que casi nadie ha leído (sé que lo ha leído mi mujer, no lo saqué de la nada, no se me apareció como la rosa de Guadalupe) y que prácticamente nadie va a tener oportunidad de leer. Ya lo sé porque ya alguien, buscando otro ejemplar, recorrió todo Donceles buscándola. Las vírgenes terrestres de Alicia Delaval. No hay ni un ejemplar en ningún lado. Ediciones Oasis publicó su última obra en 1996, según la Enciclopedia de la Literatura en México; de la mitad no quedó no guardada la portada, lo cual me lleva a asumir que casi todo (o todo) está descatalogado y sólo sobrevive lo que hayan rescatado otras editoriales. Ningún resultado de google me dice que exista Ediciones Oasis en México. Tampoco me preocupo demasiado, total, si ya no existe...
La cosa es que aquí estoy, hablando de un libro que nadie ha leído y probablemente casi nadie va a leer (la solución es escanearlo, ya lo haremos, por supuesto).
Las vírgenes terrestres sigue la vida de las mujeres de Bellaisla, desesperadas por llegar al altar. O no desesperadas ellas, desesperada la sociedad diciéndoles que si no llegan al altar, quedarán para vestir santos o serán viejas ridículas ancladas para siempre en una juventud que ya no existe. De esa desesperación, cuenta el libro, se aprovechan los hombres para hacer con ellas lo que quieren. Total, sólo tienen que emocionarlas un poquito, medio convencerlas de que les van a pedir matrimonio... total, si están en una sociedad donde la única salida para la mujer es el casamiento o volverse monja. A las solteras las ven mal o con lástima. Pobres mujeres, solas, frustradas, es el mensaje que vuela por todo el pueblo.
Las mayores y las jovencitas, cada una se va enredando en su historia y cada una sale más o menos airosa. O no. Los hombres, mientras tanto, hacen su santa y terrible voluntad. De este libro saqué la conclusión de que todos los hombres que en él aparecen, con la excepción del doctor, son una basura; diría que son un despojo de ser humano, pero la clase de hombres del libro son la regla, no la excepción. La clase de hombres que te convencen de tener relaciones sexuales con ellos por primera vez (en un contexto donde la virginidad de las mujeres importa más que nada) y luego empiezan a salir con una de tus amigas, la clase de hombres que hacen apuestas estratosféricas sobre que te dejarán plantados en el altar, la clase de hombres que creen que les debes algo (sexual) por subirte a su carro, la clase de hombres que están casados pero insisten en ser tus "amigos". Esos. Muchos y muy variados, desperdigados por todas las páginas del libro. Y, a pesar de todo, este libro que se publicó hace poco menos de cincuenta años, sigue terriblemente vigente. Quizá parezca que no, pero las similitudes están allí.
Una cosa que me llama la atención es el estado de hipervigilancia en el que viven las mujeres. Bueno, quizá hipervigilancia no es la palabra correcta, pero me refiero a ese estado en el que se encuentran cuando todo el mundo (o al menos bastantes personas como para que se entere todo el pueblo de lo que uno hace) vigila qué hacen, a dónde van, con quién se juntan, dónde se vieron y con quién se vieron. Todo. Se parece a las redes sociales y al internet y a la gente rara que busca tuits tuyos de hace siete años para desacreditarte. Pero bueno, no les cuento más. Sólo quiero decirles que si un día ven un ejemplar de Las vírgenes terrestres de Alicia Delaval, lo compren, esté en el estado en el que esté. Y si ven dos, me mandan uno a mí.
La historia de los libros descatalogados es muy triste. En el mejor caso, alguna editorial los reescata y los reedita (si hay a quién pedirle los derechos, por ejemplo), en el peor, se pierden en el olvido para siempre. Y, aunque no lo parezca, eso pasa con muchos libros año con año con año con año. Por eso el archive.org lucha contra ello y digitaliza libros de bibliotecas, por eso se hacen recopilaciones de libros en digital. Pero es imposible digitalizar todos los libros en un mundo en el que sólo una minoría de la población tiene acceso a internet. Algunos se pierden entre los saldos de las editoriales desaparecidas y las librerías de viejo. Languidecen en colecciones personales con gente que no los relee nunca, o florecen con gente que siempre los revisa (yo tengo una historia con los libros descatalogados, compré muchas sagas fantásticas así) y algunos los prestan y algunos los comparten. Aunque no importa como, su historia me parece triste.
Por eso, si ven este, léanlo, vale la pena. Yo sólo escribo esto para que el libro luche contra el olvido y no se quede perdido por allí.
Lo primero que tengo que decir es que trae muy buen chisme. A través de las vidas de las mujeres de Bellaisla, Alicia Delaval nos mete de lleno en un pueblo donde todos conocen la vida de todos, o al menos creen conocerla. Los rumores corren más rápido que la verdad, las apariencias importan demasiado y cada decisión termina siendo observada, comentada y juzgada. Pero detrás de ese desfile de historias está la verdadera fuerza de la historia, pues lo que parece una colección de anécdotas sobre noviazgos, matrimonios y desengaños termina convirtiéndose en una reflexión sobre la forma en que muchas mujeres han sido educadas para medir su valor a partir de su relación con un hombre. No importa cuánto sepan, cuánto trabajen o cuánto logren: para la sociedad que retrata el libro, el éxito parece reducirse a encontrar esposo. Lo más triste es que muchas terminan creyendo esa idea. Y aquellas que intentan construir un destino diferente son vistas con sospecha, lástima o desprecio. La novela muestra con crudeza cómo las expectativas sociales pueden convertirse en una prisión, incluso para quienes aparentemente las aceptan de manera voluntaria. Y bueno, he de decir que aunque la novela fue publicada hace décadas, la historia conserva una vigencia sorprendente. Lamentablemente la leí de manera muy fragmentada a lo largo de varias semanas y siento que la habría disfrutado más leyéndola de corrido. Aun así, me dejó mucho en qué pensar y probablemente vuelva a leerla más adelante.
Al principio pensé que no me atraparía, pero de pronto me encontré picadísima con el chisme, me sentía ya una más de las habitantes de Bellaisla, interesada en los porvenires de cada una de las mujeres que la historia va presentando. Me parece increíble lo actual qué se siente la historia, a pesar de los años que han pasado desde su publicación, en el sentido de cómo, a pesar de la cantidad de información que tenemos a nuestro alcance por el Internet, sigue habiendo mucha ignorancia y secretismo respecto a temas relacionados con sexualidad, en especial para las mujeres (sobre las qué además cae el peso de la dignidad y el qué dirán). Una obra qué vale la pena retomar, para cuestionarnos sobre el daño que hace la desinformación, el miedo y el castigo social con respecto a la sexualidad humana. Fácilmente esta historia podría volverse serie o telenovela, tiene mucho potencial por la narrativa y la cantidad de personajes.
Es interesante cómo gran parte de la historia parece dirigirse hacia un sermón conservador, y sin embargo, al mismo tiempo muchos personajes reconocen el daño que ese discurso causa, e incluso lo desafían, con sus palabras o acciones. El libro nos invita a reflexionar sobre el peso de la sociedad y los discursos qué se popularizan en ella.
En conclusión, me gustó mucho, y lo recomiendo ampliamente.
Uno de mis libros favoritos del años. Me voló la cabeza la prosa de Alicia Delaval, escritora tabasqueñísima.
La historia va de un grupo de mujeres, unas en mayores de veintes ("ya quedadas") y otras menores y la búsqueda del amor de los hombres y sobre todo, del matrimonio. También cuenta como estos hombres se aprovechan de sus ansias de casarse para jugar con ellas. Esta ambientada en Bellaisla, un claro guiño a Villahermosa.