“¿Qué es un lector? Y, más específicamente, ¿qué es y cómo se forma un lector literario?” Son las preguntas que Pedro Cerrillo intenta responder y explicar por medio de este libro de tipo ensayístico.
Es un libro interesante, bastante enfocado a las etapas de desarrollo en niños y jóvenes, la etapa estudiantil, el papel de la lectura en los programas educativos (al menos los de España), que son a los que hace referencia el autor, no muy lejos de los modelos que se aplican aquí en México.
Sin romanticismos, ni exageraciones, creo que Cerrillo está bien ubicado en la situación actual del hábito lector en la juventud moderna. Es un estudioso del tema y se nota, casi no omite ningún tema de los que influyen actualmente en los lectores; desde la educación, los hábitos familiares a los medios de comunicación masiva, incluido el Internet. Explica a su modo la diferencia entre canon y clásicos, y hace recomendaciones a tomar en cuenta acerca de si debemos o no acercar a los más jóvenes a los clásicos y cómo debería hacerse. El papel de las rondas infantiles y las canciones de cuna (cada vez más abandonadas) en la formación de los futuros hábitos lectores. La literatura Infantil y Juvenil como forma de comercio y algunas críticas a su calidad literaria, entre muchas otras cosas.
Por aquí dejo algunos fragmentos:
“Ésa es la esencia del lector literario, de ese lector que da título a este libro. Un lector competente que, cuando elige un libro, no se deja llevar por la publicidad o la información no contrastada; un lector que –antes de su elección- se interesa por el autor y el título, que mira la cubierta y lee el texto de la contracubierta, que busca el tema de que trata, que hojea el índice, incluso lee la primera página, porque es consciente de que un buen inicio puede “enganchar” a su lectura a los buenos lectores (en la historia de la literatura hay maestros de los inicios, como Cervantes, Pérez Galdós, García Márquez o Vargas Llosa); un lector que lee habitualmente, que tiene sus propios gustos y opiniones.” Pág. 11.
“Si estamos convencidos del papel de la literatura en el desarrollo completo de las capacidades de la persona, admitiremos que los textos literarios son hoy más necesarios que nunca, aunque sólo sea para contrarrestar los efectos inmediatos que tienen los modernos medios de comunicación que, por su naturaleza transmisiva unidireccional, facilitan la ausencia de opinión propia de la persona y una cierta pasividad en el proceso de recepción de los mensajes.” Pág. 24.
“En todas estas primeras lecturas, sean de un tipo o lo sean de otro, todas las personas, también por tanto los chicos, dice Turin (2014, 213):
“Podrán descubrir a su antojo algo de sí mismos y de los demás (…) No obstante, para que los niños se adueñen de esas historias, para que exista magia entre el libro y el joven lector, es necesario además que los libros hagan las veces de puente entre estos últimos y mediador (…) la persona mayor disponible física y psíquicamente para leer junto al niño.”
Pág. 60.