El narrador cuencano Jorge Dávila Vázquez es el minucioso picapedrero de lo cotidiano. Su cuentística fluye entre las buenas conciencias provincianas y la depurada técnica universal del relato. Se apropia de todo lo que se ve para dejar constancia de una época mojigata y egoísta. Ha cultivado con gula el cuento breve y ha logrado aquello que es patrimonio de los buenos narradores: una impronta que lo singulariza y hace que el lector identifique sus estampas como las de un artista inconfundible.
Jorge Dávila Vásquez (Cuenca, 1947) narrador, poeta, dramaturgo, catedrático universitario, crítico literario y de arte, mantiene intacta su actividad literaria: es columnista de El Mercurio, articulista en la revista Diners y sigue con la misma ilusión creativa que cuando escribiera aquel primer poema tan perfecto que su profesor de la época lo acusara de plagio.
Sobrino del gran poeta César Davila Andrade, el pequeño Jorge creció en un ambiente familiar bañado de cultura, literatura, arte y periodismo. Antes de graduarse de bachiller, formó una agrupación teatral llamada “Ática Asociación Experimental de Teatro de Cuenca” que duraría diez años, representándose en todas las ciudades del país.
En 1970, se trasladó becado a Francia para estudiar Arte Dramático en Marsella y luego en la Escuela Superior de Estrasburgo. A su regreso estudió Lengua y Literatura en la Universidad de Cuenca donde recibió las cátedras de Efraín Jara Idrovo y Alfonso Vintimilla. Doctor en Filología por la Universidad de Cuenca. Fue director del Departamento de Cultura del Banco Central del Ecuador y presidente de la Casa de la Cultura, núcleo del Azuay, por dos periodos.
Este viaje a través de la narrativa de Jorge Dávila Vásquez permite ver claramente las dos grandes vertientes que ha tomado con los años su obra: durante las primeras décadas las narraciones costumbristas, que sirven como un reflejo de la pacatería e hipocrecía de las poblaciones andinas del siglo pasado, marcadas por una ferviente religiosidad; en cambio, en épocas recientes, los cuentos con temáticas fantásticas.
Los cuentos fantásticos logran mantener el suspenso y el sentido de descubrimiento de forma sostenida, aunque no los considere lo suficientemente memorables. En los cuentos costumbristas, por otro lado, se puede notar con claridad su evolución como escritor. Aunque las temáticas son parecidas, sus primeros cuentos costumbristas no lograron captar mi atención, las tramas avanzaban sin estructuras que amplificaran sus revelaciones y los personajes no estaban del todo dibujados. Sin embargo, los posteriores resultaron en extremo potentes, por lo que los considero lo mejor entre las narraciones cortas de Dávila Vásquez. Lástima que representan un porcentaje muy reducido de esta antología. Particularmente quiero alabar el cuento "Mujeres en el jardín".