Comas de Teresa Orbegoso (fina e irreverente poeta que nos evoca a voces extraordinarias: Clarice Lispector, Sylvia Plath, Blanca Varela, Carmen Ollé, Zoila Capristán, todas de poesía erizada, confesional, inconformista, amoral, reflexiva, visceral, lanzada contra el mundo, contra el caos social, el orden establecido) configura diez estruendos, multitud de reclamos surgidos desde el magma ardiente, Comas (un lugar emergente, con gran pobreza y empuje empresarial en Lima, ciudad capital), la raíz más profunda del ser. Es, en otras palabras, una escalofriante declaración de amor-odio consigo misma y contra el mundo, atrapada, sin aparente salida. En una prosa poética que estremece y nos punza y complica hasta provocarnos replantear nuestra propia existencia.
Las impresiones que quedan en el tamiz de la vida, así creo que se podrían definir estos textos. No son exactamente relatos porque lo que hace Obregoso es pensar su historia, su pueblo, Comas, y las historias de familia que tanto la marcaron. Con un tono muy poético, autora y narradora se hacen una y nos deja lo más profundo de su ser en estos cortos textos.
Una mujer atrapada en un punto del tiempo y del espacio, que lucha por romper las cadenas que la aprisionan. Una mujer que ama su génesis pero que odia la carga de la tierra, de la patria que demanda.
Una mujer que escribe para que su voz no sea olvidada por una ciudad que devora todo lo que brota de ella. Una guerrera que sangra ante la indiferencia que se genera dentro de su propia sangre. Que lucha contra la angustia de convertirse en lo que se ha impuesto desde la gestación, contra la ceguera emocional e ideológica en la que estaban inmersos. El miedo de lo desconocido.
Civilización o Barbarie; Comas versus Perú, la inocencia frente a la antropofagia. El subdesarrollo del ser y del saber. El vacío que queda en el cuerpo ante la falta. La identidad. La necesidad de trascender, de dejar un testimonio. Una familia desarmada, una autora desamparada que confiesa sus más profundas miserias para lograr borrar sus ataduras. La palabra la liberará. Su prosa será su llave hacia el mundo.