En 1912 el arquitecto Frank Lloyd Wright (1867-1959) publicó en Chicago un breve ensayo con el título The Japanese Print: An Interpretation (La estampa japonesa: Una interpretación). Para entonces ya era un prestigioso arquitecto y sus viajes, primero por Japón y después por Europa, fueron dejando un importante poso en su obra. En concreto, la cultura nipona le mostró una vía para desarrollar la relación entre la arquitectura, la geometría y la naturaleza. En pleno proceso de descubrimiento de los valores estéticos de este arte y dentro del influyente movimiento del Japonismo, esta obra muestra el interés de Wright por el grabado popular japonés, en especial por los grandes paisajistas Katsushika Hokusai (1760-1849) y Andō Hiroshige (1797-1858). Pero Wright no fue únicamente un aficionado a estas creaciones, sino también un verdadero estudioso y un sagaz vendedor profesional, importando más de veinte mil obras para los principales museos y coleccionistas de Estados Unidos. Este contacto tan directo con la estampa japonesa influyó decisivamente en el nacimiento de la arquitectura orgánica, como se desprende de ciertas ideas expresadas en este breve ensayo. Algunas de sus creaciones más famosas, como La casa de la cascada (1936), ejemplifican bien las lecciones aprendidas de Japón. Frank Lloyd Wright vivió rodeado de estampas japonesas desde su juventud hasta su muerte, en 1959, ya consagrado como uno de los grandes genios de la arquitectura moderna.
Frank Lloyd Wright was one of the world's most prominent and influential architects.
He developed a series of highly individual styles, influenced the design of buildings all over the world, and to this day remains America's most famous architect.
Wright was also well known in his lifetime. His colorful personal life frequently made headlines, most notably for the failure of his first two marriages and for the 1914 fire and murders at his Taliesin studio.
Este libro es perfume puro. Denso y rico, embriaga, se queda con uno por largo rato. Entramos por las palabras de Almazan qué nos dejan a punto caramelo para la maravillosa exposición de FLW. Él nos muestra como el arte japonés siempre busca la naturaleza, entiende que para llegar a la esencia hay que perfeccionar la forma. En la naturaleza está toda la geometría y la belleza que está transmite. No está en copiar, eso es lo cautivante del arte japonés. No se limita a replicar, sino a exaltar la esencia, la sencillez, lo puro. Claramente esto se transmite al arte arquitectónico del genio de Lloyd Wright, cuya calidad máxima es la elegancia de las formas y la calidez de la belleza que esto emana.
Interesante ensayo y breve también. No llega a las 100 páginas, es un libro solo para muy interesados en estos temas, bien el arte japonés o bien la arquitectura de principios de siglo. Me ha gustado.