En los últimos años la figura de H. P. Lovecraft ha adquirido una sustancial relevancia en el ámbito cultural por distintas razones. El rol, una actividad lúdica en auge, es uno de los principales difusores de la obra de Lovecraft. Multitud de juegos han adaptado su panteón y estructuras narrativas. Por otro lado, la filosofía de Lovecraft puede resultar en algunas ocasiones el perfecto escudo contra la gigantesca industria del positivismo. Aunque sabemos que la forma más orgánica de llegar a la filosofía de Lovecraft es a través de su narrativa, tampoco hay que despreciar la gran influencia la primera temporada de True Detective, serie que recoge diversas referencias e influencias tanto del propio autor como influenciados por la filosofía de Lovecraft; es el caso Thomas Ligotti y su Conspiración contra la especie humana. En mi caso comencé a interesarme por el nihilismo cósmico de Lovecraft cuando estaba terminando su narrativa. Pude encontrar por aquel entonces en castellano “Nihilismo y realismo”.
A partir de entonces me interesé mucho más por su ensayística, pero la traducción de sus ensayos pintaba bastante cruda en España. Sin embargo, han cambiado muchas cosas en desde 2015. Que exista “Confesiones de un incrédulo y otros ensayos” y un puñado de nuevas ediciones de las obras de Lovecraft cada semestre es la prueba fehaciente de que Lovecraft es un escritor demandado y querido por el público. Por otra parte, se está cuestionado mucho quién fue Lovecraft. Más allá del recluso racista, misógino, misántropo, fascista con tendencias depresivas y autodestructivas que siempre tenemos como carta —nada alentadora— de presentación, ¿quién fue Lovecraft? Pues una persona bastante normal. La mayoría de las virulentas acusaciones que se hacen contra él están respaldadas por sus primeras aportaciones en revistas amateur, exageraciones de ciertas opiniones vertidas en cartas privadas, decisiones y elecciones que tomó Lovecraft a lo largo de su vida.
Volviendo a sus ensayos, a pesar de que ya por aquel entonces había algún ensayo traducido, como es el caso del gran ensayo “El horror sobrenatural en la literatura” y el menor pero no inestimable “Descripción de la ciudad de Quebec”, el grueso del pensamiento de Lovecraft estaba todavía inédito en castellano. Precisamente por eso me compré las navidades de 2016 un volumen de ensayos de Lovecraft editado por Hippocampus Press, el cual recoge tanto sus ensayos filosóficos y políticos como autobiografías y diarios personales. Pero leer a Lovecraft en inglés es una tarea muy ardua, y más para una persona que carece de un dominio idioma. Me quedé a las puertas. Tan solo me faltaron por leer de esa antología “Some causes of Shelf-Immolation”, “Some Repetition on the Times”, “A Layman Looks at the Government”, “The Journal and the New Deal”, “A Living Heritage: Roman Architecture in Today’s America” y “Objections to Ortodox Communism”. Fue una grata sorpresa descubrir que la editorial “el paseo” había traducido los ensayos más importantes que me faltaban por leer de Lovecraft. ¡Qué feliz fui aquel día!
“Confesiones de un incrédulo” (1922) es un excelente resumen del pensamiento filosófico de Lovecraft en el que nos detalla su evolución filosófica a través de su infancia, adolescencia e incipiente adultez, cuando finalmente cristaliza su actitud de cínico espectador frente a las aspiraciones irrealizables de la especie humana. Esta forma de ver el mundo lo distancia de la que hasta el momento había sido su máxima, la búsqueda de la belleza. Como dice él mismo: “Hasta entonces, mi filosofía había sido juvenil y empírica: una rebelión contra la fealdad y falsedades más obvias, que no involucraba ninguna teoría cósmica o ética particulares”. Es un cercano y sencillo acercamiento que puede servir de refuerzo a aquellos que se les haga abstracta y enrevesada la filosofía de Lovecraft en sus otros escritos. No da por supuesto que el lector tiene nociones previas de su postura filosófica y, bajo mi punto de vista, no deja dudas al respecto de ningún aspecto filosófico que podemos encontrar aplicado en sus tramas.
“Nietzscheanismo y realismo” (1921) es uno de los más comprometidos y polémicos ensayos de Lovecraft. A mi parecer su relevancia es mucho menor que la de otros que comentaremos a continuación. En él afirma que las formas de gobierno más estables son la monarquía y la aristocracia, aunque también están sujetas a futuros inciertos porque la naturaleza humana es de tendencia autodestructiva. No obstante, para él son ambas las formas de gobierno que mejor garantizan el desarrollo de los individuos artísticamente e intelectualmente, especialmente la aristocracia. También pone en duda la eficacia de la democracia y hace mención a la temida oclocracia. En pocas palabras, Lovecraft opina que es mejor que haya un número muy pequeño de individuos cultivados que prácticamente ninguno, como sería en el caso de existir una democracia. Aboga sobre todo por un gobierno aristocrático al que cualquier individuo pueda acceder si demuestra una clase y refinamientos superiores. Los aristócratas que ponen poses de lechuguino y trazan discursos grandilocuentes y arrogantes están demás; Lovecraft no los consideraba verdaderos aristócratas. También hace mención a su filosofía y afirma: “El pesimismo es una fuente de bondad. El filósofo desilusionado es aún más tolerante que el mojigato idealista burgués”. Para Lovecraft, el sabio es un cínico risueño. No desea nada porque el universo no se lo puede dar; es un observador que no se toma absolutamente nada en serio.
La verdad es que Lovecraft en este ensayo transmite a través de ciertas ideas una grave ingenuidad. El apartado filosófico me parece brillante, a pesar de que no suscriba todas y cada una de las ideas, ya que me parecen terriblemente radicales algunos puntos, pero en el apartado político no puedo más que disentir. Lovecraft hablaría sobre esto en sus ensayos de la década de los años 30, cuando comprende los peligros de dejar que una élite gobierne al resto de individuos. Eso sí, siempre mantendría una actitud amable e idealista con la aristocracia, vinculados en su ideario a la verdadera belleza y buenas costumbres.
En “El materialismo moderno” (1926) defiende la tolerancia del materialismo frente a otras doctrinas filosóficas tales como el fundamentalismo y el modernismo. Sin embargo, a mitad del ensayo carga contra ambas por estar sustentadas sobre principios anticientíficos como son la existencia del alma y otras cuestiones relativas a la religión y al espiritualismo. Lovecraft explica la imposibilidad de la existencia del alma y comenta otros avances científicos de la época que refuerzan sus opiniones materialistas del asunto. Termina el ensayo en un tono conciliador, exponiendo en pocas palabras que él no es nadie para decir si las creencias de los creyentes están bien o mal, y le parece muy respetable que las personas se mantengan firmes en sus convicciones si eso las hace felices y cómodas. Me parece un ensayo que revela una evolución sustancial en su pensamiento y en la forma de exponer sus opiniones, demostrando una mayor tolerancia por las posturas ajenas al final del mismo: “Si las ilusiones son todo lo que tenemos, aferrémonos a ellas, pues prestan un valor dramático y una reconfortante sensación de sentido a cosas que, en realidad, no tienen ni lo uno ni lo otro […]. A la larga se obtendrá mayor satisfacción manteniéndose fiel a estas cosas”.
El ensayo que lo sigue es de corte psicológico; se trata de “Las conductas autosacrificiales y sus causas” (1931). Mariscal comenta que S. T. Joshi, el principal biógrafo de Lovecraft, dudaba de la intencionalidad del ensayo. A todas luces se presenta como un texto satírico, pero el contenido demuestra ser serio y bastante riguroso. En él expone las posibles causas por las que una persona lleva a cabo una conducta tan contra naturam como el autosacrificio. Realiza una breve introducción histórica sobre la psicología en la historia a través de diversos autores; Platón, Epicuro, los estoicos, Spinoza, Descartes, Hobbes, ect. hasta llegar a Freud. Freud es una personalidad muy importante para Lovecraft porque es el primero en reconocer la existencia de la inconsciencia de nuestros principales factores motivadores. Añade que para Feud el comportamiento humano es el resultado de la afirmación del ego, y que sin duda las conductas autosacrificiales están estrechamente vinculadas a él. Lovecraft enumera los 8 motivos principales y hace breves comentarios sobre ellos. No puedo opinar mucho más al respecto de este ensayo porque carezco de base sobre teoría psicológica para complementarlo y muchísimo menos para rebatir algún punto en el que esté disconforme. Sin embargo, para tratarse de un ensayo escrito por un profesor de Satanismo e Irreverencia aplicada me parece de una claridad de exposición apabullante. ¡Espero que no se le quemara el fondo del caldero mientras escribía el ensayo, Profesor Theobald!
“A propósito de los fenómenos denominados fenómenos paranormales” (1931). Este ensayo forma parte de una carta que Lovecraft le envió a August Derleth en enero de 1931. En él expone el porqué de la inexistencia de criaturas sobrenaturales o fenómenos paranormales. Coincido en el punto que dotar a cualquier bicho fantástico de una conciencia y existencia independiente del ser humano no tiene lógica ni fundamento. Pero tampoco afirmaría de forma tan contundente que no existen. Mi posición en cualquier caso es dual. Creo que los seres humanos, como monstruos que somos, somos hacedores de monstruos. Las criaturas sobrenaturales son una extensión más de nosotros, una deformación de nuestras sombras y caracteres más siniestros. Lovecraft hace mención a algunos casos donde la superchería o la creencia de fenómenos extraños llevó a la población a rehuir ciertos lugares. Arroja al final una opinión racionalista sobre la verdad que se esconde tras el mito de los casos. Sin embargo, el ser humano desconoce muchas cosas su propia naturaleza; vivimos con un extraño toda nuestra vida. Es un buen ensayo, en la línea del pensamiento materialista mecanicista de Lovecraft.
Sin embargo, “Algunas consideraciones del mundo feérico” (1932), ensayo extraído de una carta de Lovecraft a un conocido —soy muy fan de que este hombre escribiera disertaciones extensísimas en sus cartas. Es una prueba de que él vivía muy intensamente escribir cartas a sus conocidos y colegas—muestra una actitud completamente abierta hacía la fantasía. No es usual que alguien que admite despreciar los mitos los conozca tan bien; es el caso de Lovecraft, ese hombre lleno de hermosas contradicciones. Realiza un viaje histórico sobre las hadas —fay, fée o fairy— y resulta un fascinante análisis, tan profundo como en el campo psicológico “Las conductas autosacrificiales y sus causas”. Las hadas hasta el medievo eran seres de carácter benigno que solo obraban contra el hombre cuando se las molestaba, a pesar de que ya por aquel entonces había una corriente coetánea—minoritaria, eso sí— proveniente de la mitología germánica que las presentaba más siniestras. Lovecraft dice respecto a la corriente pagana imperante: “Con frecuencia eran amadas y desposadas por hombres mortales, e invariablemente imponían pesadas penas a los ingratos que las engañaban. Las hadas a menudo se encargaban de presidir el nacimiento de individuos escogidos, sobre los que ejercían una tutela protectora vitalicia […]. Tales son las hadas originales como suelen presentarse en la tradición y literatura preisabelina”. Si os gustan las hadas o estáis investigando sobre el tema siento que Lovecraft arroja una mirada sobre ellas de obligatoria lectura.
En cuanto a sus ensayos políticos voy a extenderme un poco porque es el pilar más importante de la antología bajo mi punto de vista. Para empezar, considero que “Algunas reiteraciones del mundo actual” (febrero, 1933) y “Un profano se dirige al gobierno” (noviembre, 1933) son ensayos que se han de leer juntos para entender el pensamiento político de Lovecraft en los años 30. Pero bajo mi punto de vista el lugar donde cristaliza su posición política de este periodo no es aquí, sino en la novela corta “La sombra fuera del tiempo” (1936). Como ya sabéis, tras el crack del 29 se produjo una gran crisis en Estados Unidos. Muchos estadounidenses de clase media temían una revuelta popular como la acontecida en Rusia una década larga atrás. Tenemos a un Lovecraft muy distinto, el cual de pronto se muestra completamente comprometido con el New Deal y las políticas de Roosevelt. ¿Por qué Lovecraft “se volvió socialista”? Según Sprague Le Camp: “[Lovecraft] Se volvió socialista no porque se hubiera convertido a las doctrinas marxistas (que no se convirtió), ni porque su corazón sangrase por los pisoteados, sino por su experiencia en los negocios americanos. No es que amara a la clase trabajadora, aunque había abandonado su primitivo esnobismo y quería sinceramente una sociedad justa. Lo que ocurría era que odiaba el capitalismo, “el sistema comercial americano”. Y lo odiaba porque le había castigado, con pobreza y desidia, por no poder o no querer aceptar su espíritu afanoso, agresivo, calculador, competitivo, obstinado, egocéntrico y oportunista”. Es una de las pocas veces que le daré la razón a Sprague Le Camp. Lovecraft orientó su pensamiento hacia la izquierda, pasando entre medias por fascismo muy light—recuerdo que era como se orientaban políticamente la gran mayoría de estadounidenses en aquellos momentos de la historia—.Durante su estancia en Nueva York había comprobado en sus propias carnes lo que era pasar hambre y vivir de forma miserable. En Nueva York entraron en su casa y le robaron por primera vez en su vida; se sentía completamente indefenso en una ciudad que se llenaba cada vez más y más rápido de gente extraña, gente que no compartía sus valores ni sus tradiciones. Más allá de echarle la culpa a los inmigrantes de los cambios que le molestaban, lo cual NO niego que lo hiciera durante un tiempo, para Lovecraft el mayor culpable de todo lo que estaba pasando, de todos esos cambios que le incomodaban, era el capitalismo. El capitalismo le estaba robando su pasado y todo cuanto amaba. Igualmente, Lovecraft no era una persona que le echara la culpa de sus problemas a los demás o a su círculo de amigos y familiares. Lovecraft, en el caso de echar la culpa a alguien de sus problemas, lo hacía a un ente abstracto. Lovecraft decía en sus cartas que los seres humanos son alimañas, pero también le encantaba charlar y debatir con otras personas durante horas. ¿Considero que su racismo era una pose? Sí y mil veces sí. ¿Ser racista como pose está mal? Sí. Ahora bien, ¿se puede juzgar desde nuestra cómoda perspectiva lo que pensó Lovecraft durante media mitad de su vida? No y mil veces no.
Por último destacar este extracto de “Un profano se dirige al gobierno”: “Jamás me ha interesado en absoluto cuánto dinero poseen las personas que me rodean o cómo lo obtienen. Lo que me interesa es la personalidad de la gente y sus inclinaciones intelectuales y estéticas, algo del todo independiente de su estatus económico como propietarios, empleadores, empleados o lo que quiera que sean. Tengo no pocas y encantadoras amistades cuya forma de ganarse la vida me es totalmente desconocida; si disfruto hablando con ellas de temas interesantes, ¿qué más necesito saber?”.
Pero sin duda mi ensayo favorito de toda la antología es “Qué debo leer” (1936). Formaba parte de un libro que H. P. Lovecraft redactó para Anne Tillery Renshaw, pero al final éste ensayo quedó descartado. Os comento en extensión el tema a partir de mis apuntes—extraídos de la biografía de Sprague Le Camp— porque es interesante y arroja un poco de luz sobre “el verdadero Lovecraft”. La señora Renshaw, amiga y colega del autor, le encargó un trabajo para Renshaw School, un libro de oratoria llamado “El habla educada”. Lo que era en un principio una simple revisión se convirtió en la reescritura completa de una obra. Cuando Lovecraft le preguntó cuánto dinero le pagaría Renshaw, sabiendo ésta previamente que él cobraba poco por hacer de negro o ghostwritter, acordaron que discutirían sobre eso más tarde. Y él aceptó porque su actitud antimercantilista le impedía ahondar en la cuestión hasta el momento del pago. Lovecraft llegó a trabajar en el libro sesenta horas del tirón, sin dormir. Se desvivió por el libro durante meses. Lovecraft comentó con sus amigos cuando terminó la obra que pensaba que Renshaw le pagaría unos 200$ sin problemas. Solo le pagó 100$ por un trabajo que le había llevado 5 meses hacer. La obra, según Le Camp—y por desgracia nos tenemos que fiar de él porque es imposible de encontrar—, es bastante mala. Una obra anticuada ya cuando se publicó. Pero eso no le resta importancia al hecho de que Renshaw le estafara. En cuanto al ensayo, “Qué debo leer”, es bastante interesante porque Lovecraft hace un recorrido muy dinámico a través de los siglos mediante la literatura. Me parece escrito con gran sensibilidad, y sus recomendaciones para leer o conseguir leer más por menos dinero me parecen escritas con tanta humildad y cercanía que para mí este ensayo no lo escribió H. P. Lovecraft, lo escribió Howard. A secas, Howard a secas. Me hizo muy feliz su lectura.
En cuanto al último texto, “Ejemplario de argumentos fantásticos” (1933-1937) he de confesar que solo he leído los resúmenes de algunos títulos que tengo pensado leer en un futuro muy lejano o ya he leído. Fue este último mi caso de todos los ejemplarios de las obras de Poe y Lord Dunsany. Me parecen en cualquier caso unos textos interesantes ya que resumen obras de grandes autores y autores menores de horror, fantasía oscura o misterio, algunos que yo desconocía completamente. Te destripa toda la obra, es cierto, pero hay lectores a los que no les importa conocer algunos datos antes de adentrarse en la lectura de un libro. Hay muchos primeros acercamientos a obras clásicas que es necesario contar con información previa; todos sabemos cómo termina Don Quijote y… ¡no pasa nada!
En conclusión, me ha maravillado la antología de principio a fin. La traducción es impecable—Óscar Mariscal, te queremos por traducir estos ensayos de Lovecraft, por los prólogos de las obras de Edward Gorey y por recuperar la obra de Edward Lear— y la ilustración de Haeckel es el broche perfecto. Para quien no lo sepa, Ernst Haeckel es una de las personalidades que más influenció a Lovecraft a través de la obra “Los enigmas del universo”. Creo que el equipo de la editorial “el paseo” ha tenido muy en cuenta este aspecto que comenta Lovecraft en otros ensayos. Por estas pequeñas cosas—que se agradecen muchísimo— seguiré a la editorial muy de cerca. Cualquier fan de la obra de Lovecraft debería leer este compendio.
Pd: La reseña me ha quedado un poco larga, pero hacía tiempo que quería hacer un texto más analítico de ciertas obras de Lovecraft.