Hebe Uhart was an Argentine author born in 1936. She majored in Philosophy at the University of Buenos Aires and worked both as a teacher and a professor. She also taught in literary workshops.
Uhart published six short novels, among which we find "Camilo asciende" and "Mudanzas", and a number of short stories, collected in the books "Dios, San Pedro y las almas" (1962), "Eli, Eli, lamma sabacthani?" (1963), "La gente de la casa rosa" (1970), "El budín esponjoso" (1977), "La luz de un nuevo día" (1983), "Leonor" (1986), "Guiando la hiedra" (1997), "Del cielo a casa" (2003), "Camilo asciende y otros relatos" (2004), "Turistas" (2008) and "Un día cualquiera" (2013). During her last years she wrote the travelling chronicles "Viajera crónica" (2011), "Visto y oído" (2012), "De la Patagonia a México" (2015), "De aquí para allá" (2017) and "Animales" (2018).
Llegue a este libro y a esta escritora gracias a mi reciente lectura de Plano Americano de Leila Guerriero. Lo compré sin muchas expectativas y me lo lleve como segunda lectura a unos días de caminatas que tenia años planeando por las playas y costas de Valencia. Es Verano del 2022, el sol en lo alto hace lo suyo. En Viajera crónica mi sorpresa ha sido encontrarme con una escritora y una viajera sin un solo átomo de pretensiones, que viaja a lugares marginales con medios normalmente escasos y que habla de gente humilde, de la naturaleza que observa y de los animales callejeros. Sus temas son las costumbres de la gente de abajo, los dichos y el lenguaje popular, las intrigas vecinales, los chismes de iglesia, los pequeños restaurantes y librerías, y cosas más o menos así. A las pocas paginas te sientes que ya viajas con una gran amiga, con alguien con quien desearías ir a cualquier lado. Pero, no se dejen engañar, sus temas y observaciones no carecen de profundidad y agudeza. Lo mejor, su sentido del humor, un humor de una inteligencia inusual. A veces he reído a carcajadas sin más. Altamente recomendable!!!
La mirada de Uhart es una lluvia clara, o una brisa liviana, o un puñado de musgo fresco, o una llamita danzando en la punta de un fósforo al borde de la noche. Lo que quiero decir es que es sutil, pero capaz de romper con todo, de entrar hasta el centro detrás del centro de las cosas, y allí dar vueltas, crecer, hacerse total. Lo que quiero decir es que cuando Uhart escribe —lo haga sobre un museo, sobre una catedral, sobre un volcán, sobre un duo de perros viejos que renquean en la plaza— lo hace como si estuviera inventando todo el universo por primera vez. Como si dios se hubiera inspirado en ella para decirle a la luz “aparece” y sólo por eso la luz hubiese decidido hacerle caso.
Este es el segundo libro de Uhart que leo y me reafirmo en la impresión que el primero, sus cuentos, me dejó. No tengo ni idea de cómo lo hace. No consigo identificar la técnica, muy efectiva, como ya lo habrán confesado mis palabras previas, que hay detrás de su escritura. En el fondo porque su escritura no es una técnica sino una forma de ser. Escribe como existiendo, al margen un poco de las cosas, pero a la vez sumergida en ellas. Es paradójica. Sencillísima, casi simple, pero capaz de una hondura que otros narradores no cogerán nunca. Es prosaica, popular, pero provista de una elegancia que deja en palotes a cualquier barroquismo. Es contradictoria, y a la vez sólo es como ella, sólo como podría ser ella, sin ninguna contradicción en eso de existir. Ya dije que no es fácil definirla, intentemos, pues, definir este libro.
Se trata, como no, de un libro de crónicas, pero mejor sería decir que es un diario de viaje, pero mejor sería decir que son ensayos viajeros brevísimos sobre diversas latitudes de Latinoamérica (y dos de Italia). Lo que Uhart hace, aquí, es recopilar sus notas de viajera frecuente por pueblos pequeños de Argentina, luego por países de Latinoamérica. Aquí están Uruguay y Paraguay y Ecuador y Colombia y Perú y Bolivia, aquí están con sus cafés y su vida en las plazas y buses donde se da conversa a los turistas y hoteles donde los apuntes de la autora tienen que ver con la forma cómo expresan los distintos personajes su vocación o resignación al servicio. Creo que lo más sorprendente de todo es el lenguaje, esa capacidad que tiene la autora de hacer de su forma de narrar un vehículo inmediato de su vida interior: vemos a través de Uhart, recorremos a través de Uhart, pero no hablo de lo vívido de las descripciones, no. Hablo de que literalmente nos absorbe, nos hace parte suya. Y eso es un mérito narrativo extrañísimo que ni idea cómo logra.
Supongo que eso es, supongo que ahí radica lo que diferencia su escritura y lo que hace de este más que un libro de crónicas de viajes. Uhart habita en la migración de la palabra, cuando dice, cuando nombra, nos hace migrar hacia ella, ser ella, estar en ella. Consigue ser absolutamente íntima hablando de la historia de la migración alemana a un pueblo de la Patagonia, consigue ser absolutamente íntima hablando sobre un volcán de Perú, consigue ser absolutamente íntima contando sobre como se mece sobre las olas de Cartagena una barca de escaso calado. Es intimidad arrolladora es lo que me encanta. Esa intimidad que, siendo de Uhart, no puede dejar, por supuesto, de ser completamente paradójica.
Consigue ser absolutamente íntima y completamente distante. Esa es la magia de Uhart, su enigma, su mayor encanto.
Lo primero que leo de Uhart, me encantó. Sentí que me metía conversa y me contaba de sus viajes. En cada parte que visita cuenta un poco de la historia del lugar, sus escritores y personajes culturales.
En general es un buen libro para conocer un poco sobre la historia y la sociedad de diferentes países de Suramérica. Sin embargo por momentos sentí que todo se quedaba a medias, tanto las opiniones de la autora, como las descripciones de los lugares que visitó. Me hubiera gustado que nos compartiera más información sobre las entrevistas que le hacía a los habitantes de los sitios que visitó, o que se decantara por hacer un contraste más detallado entre sus prejuicios y lo que veía, pero el libro no terminó de ser ni lo uno ni lo otro.
En tiempos de cuarentena, no queda otra que viajar a través de los libros. Viajera crónica es un libro de diversos relatos y crónicas de viaje que realiza la autora por Latinoamérica y, una parte de Italia. Me gusto mucho porque es descriptivo y reúne información histórica con anécdotas viajeras. Su forma de escribir te envuelve y la imaginación del lector se traslada a las calles históricas de Arequipa, viaja en tren hacia La Paz, pasea por los pueblitos cercanos a Montevideo y recorre las calles de Santiago.
No he leído muchas crónicas de viaje, pero me parece interesante hacerlo. En este caso, Hebe Uhart (1936-2018) logra entusiasmar al lector con su interés por los lugares que visita. Tiene un agudo ojo observador y una capacidad de transmitir lo que aprende, conoce, siente y piensa de cada pueblo o ciudad que dan ganas de visitar esos lugares. Se nota que en algunas crónicas se ha documentado seriamente, otras crónicas son más experienciales e impresionistas. Le presta mucha atención a las particularidades del habla. La mayoría de las crónicas son de nuestro continente. Es la mirada de una escritora que, a veces, no oculta sus prejuicios y los evidencia con una honestidad y naturalidad elogiable, exponiendo como la realidad se los desarma. Crónicas amenas, interesantes, bien escritas, no pretenciosas ni tajantes, yo diría que bastante abiertas a indagar, a conversar, a saber más de la historia y la ideosincracia de cada lugar, a empaparse de los lugares, sin ahorrarse elogios ni críticas o reflexiones personales o especulaciones. Se disfruta y celebra la escritura de Hebe Uhart, quien obtuvo el Premio Iberoamericano De Literatura Manuel Rojas el año 2017. Me alegra saber que pronto leeré sus cuentos y sus novelas, editados bellamente por Adriana Hidalgo Editora. Ahora, cuando camine por la calle Huérfanos, de Santiago de Chile, recordaré a Hebe y la sentiré cercana.
Libro de crónicas muy refrescante. Realmente sentís que acompañas a la autora en cada uno de sus viajes. La manera en que registra, clasifica y describe aspectos (en apariencia) menores para terminar arriesgando definiciones o características de los lugares que visita es magistral. Su atención al detalle, a las voces, los dialectos, las expresiones populares es lo que sostiene sus narraciones. De igual manera, su capacidad de observación es magistral; mientras camina por las calles registra carteles, graffitis, anuncios, afiches, etc. Creo que estas crónicas son también un ejercicio de re-educación de los sentidos, en especial de la vista y el odio, cuando viajamos. Es un manual para el viajero que quiere conocer de verdad una cultura, sin caer en la típica lista de las agencias de turismo. Súper recomiendo si son de almas viajeras.
Es una señora que se pasea y narra lo que ve. Es simpática, sencilla, y muy curiosa. Lee mucho y lee de todo: Libros locales, libros de historia, libros de refranes, panfletos conmemorativos, periódicos, etc. No pretende dar toda la información de los lugares que visita; simplemente narra sus experiencias, sus conversaciones, sus observaciones, y da un poco de la historia (lo necesario). En lo que va del género literario de los "travelogues", es bastante casual, pero entretiene e informa. Me gusta. Habla en una voz con la que conectamos los sudamericanos fácilmente, lo cual es refrescante en este género dominado por escritores de Occidente. Ah, y va a Paraguay y le encanta! :)
Un interesante libro de viajes por casi toda América latina. He disfrutado mucho de una narracion directa, con ausencia absoluta de florituras o adornos sobre las diferentes ciudades que visita en este periplo o de la sencillez con la que describe sus encuentros con las gentes del lugar. El libro es ameno y con cada visita que Hebe hace a todos esos lugares el lector aprende algo nuevo, y este es el mayor logro del libro, ver todos esos sitios con una nueva perspectiva.
Leyendo estas cronicas de Hebe me sentí como viajando en un colectivo interurbano de un lugar a otro, escuchando las conversaciones de lxs del asiento de al lado, mirando por la ventana. Por momentos aburrida, por momentos conociendo la historia de los lugares que vamos recorriendo y siempre curiosa, chusma, registrando los detalles de las cosas, los modos, los paisajes y las personas. Me dieron ganas de ir a Paraguay, a Uruguay, a Formosa y a todos lados. Gracias Hebe por invitarnos a ver las cosas que ve tu mirada.
Empecé la lectura grscias a la recomendación de Leila Guerriero, y se ve un poco de ella en este libro, por la naturalidad y liviandad del tono de Hebe, como si no estuviese escribiendo un libro sino mas bien un diario privado, aunque no tengan datos personales. Estas cosas son muy Leila, aunque ella se involucra más en lo que explica. Por momentos me aburrió pero aprendí mucho y me causó mucha paz.
Es como una amiga que te cuenta los lugares que visitó. Está buena su forma de ver las ciudades pero a mí me gusta más que jueguen un poco más con el lenguaje, que den más información de los lugares, la política, la historia... Para mi gusto, le faltó una vuelta de tuerca. Lo que sí no me gustó es que no tiene los años en los que visitó cada ciudad y eso es algo significativo.
Un libro que narra las crónicas de viaje de Hebe. Su forma de escribir, viajar y explorar el mundo es esa de quienes prefieren vivir como locales más que como turistas. Creo que las anécdotas de viaje cobran más sentido y te emocionan cuando habla de destinos que también has visitado o quieres visitar.