Las cuatro novelas que forman la serie El reino, por primera vez reunidas en un solo volumen con prólogo de Enrique Vila-Matas El reino reúne las cuatro novelas cortas Un hombre: Klaus Klump, La máquina de Joseph Walser, Jerusalén y Aprender a rezar en la era de la técnica, escritas por Tavares entre 2003 y 2007. Estamos ante una de las obras fundamentales de uno de los mejores autores europeos contemporáneos, que invita a reflexionar sobre un contexto político de enorme actualidad: la libertad del individuo en sociedad, la violencia y el poder del Estado o las relaciones sociales. El Tavares de El reino es «abrumadoramente político», como recuerda Vila-Matas, «por su tendencia a utilizar lo narrado para aportar lucidez a los lectores, para decirles a éstos que han de permanecer sumamente atentos, pues apenas nada hemos logrado todavía los seres humanos».
Gonçalo M. Tavares was born in Luanda in 1970 and teaches Theory of Science in Lisbon. Tavares has surprised his readers with the variety of books he has published since 2001. His work is being published in over 30 countries and it has been awarded an impressive amount of national and international literary prizes in a very short time. In 2005 he won the José Saramago Prize for young writers under 35. Jerusalém was also awarded the Prêmio Portugal Telecom de Literatura em Língua Portuguesa 2007 and the LER/Millenium Prize. His novel Aprender a rezar na Era de Técnica has received the prestigious Prize of the Best Foreign Book 2010 in France. This award has so far been given to authors like Salmon Rushdie, Elias Canetti, Robert Musil, Orhan Pamuk, John Updike, Philip Roth, Gabriel García Márquez and Colm Tóibín. Aprender a rezar na Era da Técnica was also shortlisted for the renowned French literary awards Femina Étranger Prize and Médicis Prize and won the Special Price of the Jury of the Grand Prix Littéraire du Web Cultura 2010. In 2011, Tavares received the renowned Grande Prêmio da Associação Portuguesa de Escritores, as well as the prestigious Prémio Literário Fernando Namora 2011. The author was also nominated for the renowned Dutch Europese Literatuurprijs 2013 and was on the Longlist of the Best Translated Book Award Fiction 2013.
Gonçalo M. Tavares nasceu em 1970. Os seus livros deram origem, em diferentes países, a peças de teatro, peças radiofónicas, curtas-metragens e objectos de artes plásticas, vídeos de arte, ópera, performances, projectos de arquitectura, teses académicas, etc. Estão em curso cerca de 160 traduções distribuídas por trinta e dois países. Jerusalém foi o romance mais escolhido pelos críticos do Público para «Livro da Década». Em Portugal recebeu vários prémios, entre os quais, o Prémio José Saramago (2005) e o Prémio LER/Millennium BCP (2004), com o romance Jerusalém (Caminho); o Grande Prémio de Conto da Associação Portuguesa de Escritores «Camilo Castelo Branco» (2007) com Água, Cão, Cavalo, Cabeça (Caminho). Recebeu, ainda, diversos prémios internacionais.
A pesar de tener prácticamente casi todo 2019 por delante soy consciente de que muchos y muy buenos libros he de leer para que El Reino de Gonçalo M. Tavares no acabe siendo una de las lecturas del año.
Desde el descubrimiento de László Krasznahorkai no recuerdo un escritor que me haya despertado tanta fascinación. Bueno, quizás sí, Valter Hugo Mae también me enamoró con sus Hombres Imprudentemente Poéticos. Curiosamente él también es un escritor portugués nacido en Angola; aunque apenas encuentre más coincidencias entre su literatura y la de Tavares. Casualidades geográficas aparte, ser admirador de uno no conlleva serlo del otro.
No ocurre lo mismo entre Tavares y Krasznahorkai. Pese a que en la superficie su escritura no podría ser más opuesta, ambos parten de la misma raíz. Krasznahorkai es ese genio de oraciones serpenteantes sin fin, frases que parecen no acabar nunca y dejan al lector sin aliento, obligándole a aprender a leer de nuevo, a respirar la literatura de otro modo. Tavares en cambio es un maestro de la concisión, dueño absoluto de la síntesis. Pocos nombres me vienen a la cabeza capaces de decir tanto con tan poco. Cada frase suya, aunque sea de apenas cuatro palabras, también contiene un mundo. Tavares evita las florituras lingüísticas, sus ideas se concentran en breves oraciones, entiende cada frase como algo esencial, convirtiendo así su literatura en un lenguaje propio.
Y siendo el húngaro un genio de las frases infinitas y Tavares, por el contrario, un maestro de la concisión, ¿de dónde nace mi necesidad de comparar su literatura? Quizás porque, cada uno a su modo, ambos descienden del mejor Kafka. En la literatura de ambos el lector se adentra en atmósferas angustiantes y paranoicas que rozan lo terrorífico, con salidas de emergencia custodiadas por leves dosis de un humor incómodo y mordaz.
Guerra, miedo y enfermedad. La maquinaria del poder.
El Reino es una tetralogía compuesta por cuatro novelas interconectadas, pero que permiten una lectura independiente de cada una de ellas. Aun así, me voy a permitir recomendar su lectura como un todo, ya que es entonces cuando uno se da cuenta de todos los matices del ambicioso proyecto de Tavares; distintas perspectivas de los mismos horrores que sufren (o provocan) los protagonistas de las cuatro novelas, quienes comparten espacio (alguna ciudad centroeuropea) y tiempo (periodo de guerra a comienzos del siglo XX).
¿Y quién reina en El Reino? Se podría decir que la guerra, el miedo y la enfermedad, junto a vasallos como la injusticia, la ambición o la violencia. Son éstos los verdaderos protagonistas de la tetralogía ya que nunca abandonan del todo la desesperanzada prosa de Tavares a través de las más de 700 páginas que completan esta magnífica obra editada por Seix Barral.
En la primera novela, Un Hombre: Klaus Klump, se nos cuenta la historia de Klaus Klump, un hombre (¿o una bestia?) que se mueve en el fango de la guerra como pez en el agua. Una historia de cadáveres y de cuerpos que pasean alrededor. En estas páginas posee especial relevancia la mujer como gran víctima de la guerra. Porque cuando la violencia se instaura en lo cotidiano la distinción entre hombre y bestia pierde sentido, los hombres de esta historia matan, humillan y violan; y en los tiempos de paz esperan una nueva guerra para volver a matar, humillar y violar. Si muchos definen la paz como un espacio de tiempo entre guerra y guerra, para Tavares el hombre es la bestia domesticada que se contiene entre guerra y guerra.
La máquina de Joseph Walser es el reverso de Un Hombre: Klaus Klump. La otra cara de la moneda… aunque la moneda sigue siendo de oro.
En el mismo periodo y en el mismo lugar, una ciudad industrial que imaginamos gris, húmeda y mugrienta; donde la guerra se ha instaurado y ya no incomoda, dos hombres como Klaus Klump y Joseph Walser se enfrentan al horror con metodologías totalmente opuestas.
Si Klump era un hombre que representaba la fuerza y el poder de decisión, Walser es ese individuo que logra sus objetivos mediante la virtud de pasar desapercibido, la invisibilidad como mecanismo de defensa. En La máquina de Joseph Walser Tavares nos sigue hablando de la desesperanza, la guerra, el caos y la maldad; pero mediante un personaje que sale victorioso gracias a evitar lo inevitable: desconocer los sentimientos del amor y la amistad. No apasionarse, apenas ser… no decidir es en ocasiones la mejor de las decisiones, sobre todo cuando ser es padecer. Walser solo necesita un pequeño espacio donde mantener cierta armonía con su peculiar colección privada, mientras otros estúpidamente desean ser Grandes Hombres en un mundo despiadado y cruel.
En El Reino de Tavares la imposibilidad del individuo frente a la maquinaria del poder es absoluta, así, mientras Klump decide formar parte activa del horror, ser un engranaje más de esa maquinaria, Walser decide camuflarse en el colectivo, ser ese tornillo que no encaja pero que tampoco molesta.
La tercera parte de la tetralogía, Jerusalén, es un maravilloso “teatro de terror” donde la narración se turna en breves capítulos de escenarios fijos y agoreras conversaciones. Los protagonistas (quienes dan título a cada capítulo) casan perfectamente con la atmósfera de las dos obras previas: personajes esquizofrénicos, hombres obsesionados con ordenar la historia del ser humano desde una perspectiva catastrófica, marginados sociales cuyas acciones son en parte fruto de lo que los demás esperan de ellos, discapacitados, etcétera. Todas estas historias individuales se entrelazan en un capítulo final en el que Tavares vuelve a mostrar su despiadada visión del la tragedia humana.
Y por último toca hablar de la última -y también mejor- novela: Aprender a rezar en la era de la técnica. Aquí Tavares nos cuenta la historia de Lenz Buchmann, uno de los más hábiles cirujanos del Reino y uno de los personajes más perversos que el lector conocerá nunca. En las primeras páginas de la novela vemos como Lenz decide guardar los bisturís en el cajón del olvido para empezar a operar a lo grande instaurando un miedo persistente como político de un partido fascista. Su padre, o la influencia que éste ha tenido en él para ser exactos, invade casi cada página del relato, siendo el dueño de las palabras que mejor resumen los propósitos de Lenz:
Pero cuando crees que estás leyendo una novela sobre la dicotomía entre lo físico (cirujano) y el pensamiento (político) o una historia más sobre el florecimiento y culminación de un listísimo hijo de puta, Tavares frena en seco, mira al lector y sonríe maliciosamente para a continuación hablarnos del auge y caída de un hombre de infames ambiciones.
Sin previo aviso, el grandioso Lenz Buchmann, quien creíamos destinado a cumplir todos sus deseos políticos, cae gravemente enfermo y vemos como esa misma sociedad que él pretendía reconstruir a su gusto se escapa de sus manos de cirujano. El presente que tan bien había diagnosticado se deshace y el futuro que tan escrupulosamente había planeado ni siquiera existirá. Aprender a rezar en la era de la técnica narra el tránsito de la posibilidad de reinar un mundo a la realidad de tener como único refugio la cama de un moribundo.
La rendición del lector.
Vila-Matas dice de El Reino que es “abrumadoramente político” y describe la tetralogía como “una investigación en torno al mal”. Otros hablan de Tavares como un profeta de esa amenazante Europa venidera aupada por la ultraderecha. Yo en cambio creo que la gran virtud de Tavares reside en su minucioso talento para percibir la realidad que nos rodea y servirse de ella para alimentar su ambiciosa imaginación. Pero qué sabré yo, si solo soy un simple súbdito eternamente arrodillado ante su reino literario. A sus pies.
Klaus: “¿Quieres perturbar a los tanques con prosa?”