Tengo sentimientos encontrados con este libro. Le pondría 3 estrellas, pero el trabajo elefantiásico de investigación detrás de la novela, que si bien se toma sus libertades creativas nunca divaga y se pierde en la tormenta de la imaginación, siendo el retrato de la última etapa del imperio incaico impecable, me lo impide, queda en 4 estrellas.
El protagonista. Salango, el espía del inca. Me parece que tiene un buen desarrollo, por lo menos hasta la parte final, donde hace cosas que en consecuencia provocan que sea muy difícil empatizar con su final, que el autor narró con obvia inclinación a lo dramático. Es en su adultez donde encuentro incongruencias con todo lo que sabíamos de él, es un espía al fin y al cabo y es su trabajo engañar, y nos engaña, pero el costo es que al final no nos llega a importar demasiado su destino.
En general, por varios momentos se puede hacer pesado, no es un libro fácil. Necesitas paciencia, pero fundamentalmente interés, solo un buen aficionado a la historia, en este caso especialmente la incaica, puede disfrutar de la obra sin quizás aburrirse en ciertos pasajes.
Felipillo. Traductor indígena, con mucha importancia en la trama. Todos sus pasajes están escritos en español antiguo, unos tiempos donde todavía no se habían establecido normas para la escritura, eso lo justifica, pero es sumamente tedioso, muchas palabras apenas se pueden entender, hay un glosario al final pero si te detienes a consultar cada palabra, no acabas nunca. No me molestaron las palabras en quechua, están repartidas, especiadas a lo largo del relato, lo de Felipillo es una corriente continua de palabras descabezadas, mutiladas, arcaicas, al final te acostumbras pero es un esfuerzo que quizás no todos estén prestos a hacer.
La historia se divide en pasado y presente fundamentalmente. Avanza muy despacio, cuando piensas que va a arrancar corta la escena y cambiamos de tiempo, o incluso de personaje, el ritmo es bastante flojo. De hecho, solo en mi segunda lectura me dispuse a terminarlo, en la primera me quedé en la página 200 y lo dejé olvidado por meses, para mi segunda lectura lo leí desde el principio.
Hay líneas argumentales que se quedan a medio hacer. Tienen un buen planteamiento, se desarrollan bien pero no saben como finalizar. Entiendo que para no desvirtuar en exceso el marco histórico y no caricaturizar a los personajes se tomen ciertas precauciones, pero el autor no logra cerrar satisfactoriamente la mayoría de subtramas. Esto es bastante notorio con personajes ficticios que parece que su único cometido es añadir 20 o 30 páginas más al libro, sin peso realmente en la historia como tal.
Es una lectura recomendada para el aficionado a la historia, si se tiene un especial interés en el imperio incaico te va a maravillar porque la gala de detalle con que se recrea ese periodo en la historia es abrumador, hermoso y muy bien cimentado, te impresiona la dedicación del autor.
Si bien en el aspecto narrativo el autor se luce con las descripciones, desde la majestuosa ciudad del Cusco o Tomebamba, hasta las tradiciones más rebuscadas de los pueblos bajo el yugo incaico, en el aspecto que se refiere a los personajes, sobretodo los ficticios y su relación con los “reales”, deja que desear.
Por último, nunca he leído tanta mañosería, el autor hace despliegue de recursos sexuales bastante explícitos, no incomodan, es evidente que tiene talento para la literatura erótica, pero en la historia pasan sin pena ni gloria, ocurren porque sí, son un adorno que hace más amena la excesiva duración, 900 páginas. Quizás hay una escena erótica justificada, pero acaba pasando al olvido sin tener relevancia real eventualmente, si no tan evidente como las anteriores. Son pocas, están sobre todo hacia la mitad del libro, cuando empiezas a sentir que se están dando demasiadas vueltas para contarte algo que te podrían relatar en muchas menos páginas.
Al final, muy al final, definitivamente no me refiero a la historia de Salango, hay una sorpresa que sí despertó mi interés y me pareció una forma magistral de cerrar el libro.