Esta es la segunda novela de Victoria Álvarez que leo y me encantaría leer todo lo que ha escrito porque está visto que, de momento, con sus libros disfruto un montón. Compré este el año pasado al poco de publicarse, lo fui aparcando porque se colaron otras cosas, pero creo que finalmente lo he acabado leyendo cuando más falta me hacía una novela de este tipo: juvenil, adictiva y llena de magia, misterios, arte e historia. Para mí es el cocktel del éxito y si, además, lo situamos todo en Egipto (que me lleva obsesionando más de la mitad de mi vida), para qué más.
La novela abarca dos líneas temporales. La primera transcurre en el Antiguo Egipto, sobre el 1346 a.C., una de las épocas más turbulentas de la historia antigua de esta civilización. En su cuarto año de reinado, el faraón Neferjeperura Amenhotep cambió su nombre a Akhenatón y nombró al dios Atón como única deidad oficial, en cuanto Egipto, hasta ese momento, había gozado de un culto religioso politeísta. Esto supuso un cambio radical que tuvo fuertes consecuencias sociales, políticas, religiosas y artísticas y convirtió a Akhenatón en uno de los faraones más polémicos del antiguo Kemet, acompañado en su reinado por Nefertiti, Gran Esposa Real. Es en esta línea temporal en la que se desarrolla la historia de Amunet, una niña que tiene la capacidad de controlar a los animales, que será entrenada como heka (lo que vendría a ser una hechicera), y de Khay, un joven escriba tullido ligado a ella por avatares del destino.
La otra línea temporal se sitúa en 1799, en plena campaña egipcia de Napoleón Bonaparte. Un año antes, el general se había embarcado rumbo a Oriente Medio para tratar de colonizar Egipto, con el objetivo de controlar las rutas comerciales entre Francia y la India y cortar esa misma ruta entre Gran Bretaña y la India. Pero el almirante Nelson hundió toda la flota francesa en la Batalla del Nilo (junio de 1978), a excepción de dos naves. Bonaparte quedó entonces atrapado en Egipto, donde aprovechó para consolidar su poder y realizar importantes expediciones arqueológicas. En una de ellas se produjo el hallazgo de una pieza clave para el estudio de la escritura jeroglífica egipcia: la Piedra de Rosetta (hoy en el Museo Británico de Londres). En esta línea conocemos a los otros dos protagonistas de la novela, Gabriel, un joven historiador al servicio de Bonaparte y marcado por la Revolución Francesa, y Shaheen, perteneciente a una banda de saqueadores que un buen día entra a robar en la tumba de Amunet y encontrará algo más que alhajas, ya que el espíritu de la antigua heka sigue más vivo que nunca.
Como decía antes, es un libro que me ha resultado muy adictivo y en parte es gracias a su composición. Los capítulos de ambas líneas temporales se van intercalando de la siguiente manera: Shaheen, Khay, Gabriel, Amunet, Shaheen, Khay, Gabriel, Amunet y así sucesivamente, por lo que vamos viendo los dos tiempos y a los cuatro protagonistas todo en su dosis justa. Victoria Álvarez sabe muy bien cuándo cortar para dejarte con ganas de más y que quieras seguir leyendo. A esto hay que sumar el hecho de que los capítulos son más bien cortos, lo que agiliza más todavía el ritmo de lectura. En definitiva, es un libro hecho para ser devorado.
Por otro lado tenemos la ambientación y la documentación artística e histórica. Victoria Álvarez es profesora de Historia del Arte y se nota mucho. La cantidad de datos que aporta y el universo entrelazado que construye son impresionantes y se puede percibir que tras “La voz de Amunet” hay muchas horas de documentación y trabajo. Es algo que ya me gustó mucho en el otro libro que leí de ella, “La Costa de Alabastro”, pero que en esta novela va mucho más allá.
Los personajes me han encantado, les he cogido un cariño tremendo y he sufrido mucho por ellos, porque por momentos sus vivencias son muy duras. Además, están mezclados con mucha habilidad entre personajes reales como Nefertiti o Napoleón. Sin duda, es una ficción histórica llevada con mucha lógica y que me ha convencido. También es cierto que tenemos en el libro algunos clichés o giros (y giros dentro de giros) que, especialmente hacia el final, tengo que digerir todavía, pero con todo es una gran novela que me ha deleitado enormemente. Necesitaba justo un libro así y ha cumplido con creces.