Me sabe fatal esto, porque admiro la capacidad creativa de los escritores de este género, pero es que salvo el buen ritmo de lectura (favorecido por los capítulos cortos y las múltiples voces), me cuesta sacar algo positivo.
Es idéntico al primero en estructura y desarrollo de los acontecimientos, y se me dirá: pues mejor, ¿no? Si el «El día que se perdió la cordura» te gustó, este debería haberte encantado... Pues no, aunque quizá mi rotunda negativa venga de que concibo la originalidad como una obligación en este género. No me gusta comparar, pero es que al repetir el proceso, la chispa del descubrimiento y la novedad que enganchaban del primero desaparece.
No parece suceder gran cosa en las primeras trescientas páginas, y cuando llegas al desenlace no mantienes el interés del principio. Si tengo que ser sincera, el final me ha parecido tan surrealista como el primero, cuando no forzado: que se acabe con la vida de cierto personaje porque «se volvió malo» por una cuestión fútil y vagamente reflexionada como una traición romántica parecía una obligación para no propiciar un cierre de cuento de hadas/familia feliz. Como no me creí el romance entre Amanda y Jacob ya en «El día que se perdió la cordura», y como el autor va al grano sin entretenerse con introspecciones psicológicas, no me he implicado emocionalmente ni con ellos ni con ningún personaje. De hecho, había tanto dramatismo en la descripción sentimental del amor de este par que caía en la clase de cursilería que te acaba resultando incómoda de leer. En general, me parece que los romances y las cosas que se hacen por amor en esta bilogía no están pensadas en profundidad, y ese es el error garrafal. No hace falta entretenerse con amoríos si van a quedar en un segundo plano, pero si son la motivación central de los protagonistas, habrá que crear unos cimientos sólidos, ¿no?
Cabe mencionar que algunos detalles que acontecen a lo largo del libro me hacían sacudir la cabeza. ¿Soltar a un preso de una cárcel de alta vigilancia en un hospital, sin más? Uno de los guardias estaba implicado, vale, pero ¿y el otro? Los acompañantes de los presos están presentes incluso en cirugías. Además, me he dado cuenta de que me surgían dudas sobre un montón de cuestiones aparentemente insignificantes pero que me sacaban de la novela, como dónde conseguía Jacob el dinero para mantenerse mientras buscaba a los Siete por todo el mundo.
Sigue chirriándome que las víctimas siempre sean mujeres, pero valoro que en esta segunda parte se le dé otro rol a las protagonistas: en lugar de villanas planas, hay villanas con matices, como había hombres con esta característica ya en el primero, y en lugar de enfrentarnos a una chica en apuros de manual, nos topamos con una Amanda más peleona.
En definitiva, creo que la primera estaba bien, pero esta se hace bola.