DON DIEGO: Ve aquí los frutos de la educación. Esto es lo que se llama criar bien a una niña: enseñarla a que desmienta y oculte las pasiones más inocentes con una pérfida disimulación. Las juzgan honestas luego que las ven instruidas en el arte de callar y mentir. Se obstinan en que el temperamento, la edad ni el genio no han de tener influencia alguna en sus inclinaciones, o en que su voluntad ha de torcerse al capricho de quien las gobierna. Todo se las permite, menos la sinceridad. Con tal que no digan lo que sienten, con tal que finjan aborrecer lo que más desean, con tal que se presten a pronunciar, cuando se lo manden, un sí perjuro, sacrílego, origen de tantos escándalos, ya están bien criadas, y se llama excelente educación la que inspira en ellas el temor, la astucia y el silencio de un esclavo. pg.144
DON DIEGO: Si tú la quieres, yo la quiero también. Su madre y toda su familia aplauden este casamiento. Ella… y sean las que fueren las promesas que a ti te hizo… ella misma, no ha media hora, me ha dicho que está pronta en obedecer a su madre y darme la mano, así que…
DON CARLOS: Pero no el corazón. (Levántase.)
DON DIEGO: ¿Qué dices?
DON CARLOS: No, eso no… Sería ofenderla… Usted celebrará sus bodas cuando guste; ella se portará siempre como conviene a su honestidad y a su virtud; pero yo he sido el primero, el único objeto de su cariño, lo soy y lo seré… Usted se llamará su marido; pero si alguna o muchas veces la sorprende, y ve sus ojos hermosos inundados en lágrimas, por mí las vierte… No la pregunte usted jamás el motivo de sus melancolías… Yo, yo seré la causa… Los suspiros, que en vano procurará reprimir, serán finezas dirigidas a un amigo ausente. pg.152
DON DIEGO: Él y su hija de usted estaban locos de amor, mientras que usted y las tías fundaban castillos en el aire, y me llenaban la cabeza de ilusiones, que han desaparecido como un sueño… Esto resulta del abuso de autoridad, de la opresión que la juventud padece; éstas son las seguridades que dan los padres y los tutores, y esto es, lo que se ha de fiar en el sí de las niñas… Por una casualidad he sabido a tiempo el error en que estaba… ¡Ay de aquéllos que lo saben tarde! pg.164