"Un día, alguien pronuncia nuestro nombre por última vez. Cae después el silencio, llega el olvido, y es para siempre."
La prosa cautivante de este autor, me ha dejado sin armas para defenderme cuando me preguntan si es de mis autores favoritos. Es de la escuela de Zafón. De los que utilizan lo literario como argumento, y al mismo tiempo crean su propio mundo, como si estuvieran contando su vida al lector. Lo destaco cada vez que comienzo una reseña porque hay que tener mucho coraje para hacerlo.
El libro comienza describiendo al enemigo, y el enemigo no es el asesino de su esposa. Es su propia voz. Un ventrilucuo sin variedad de voces es un ventrilucuo muerto. La historia cambia cuando se despierta y ha perdido su propia voz, pero es capaz de imitar muchas.
En ese trayecto a veces onírico y otras veces doloroso para encontrarse a si mismo, todo confluye en la importancia de contar un buen cuento.
La novela se reparte en varios relatos que a su vez forman parte de la vida del ventrilocuo y su muñeco. En como a lo largo de su vida han sido uno solo.
Si empezaron por este libro, no duden en seguir por Mac y su contratiempo. En mi caso fue al revés, pero ha sido una experiencia igual de delirante.