Antonio Orejudo nació en Madrid en 1963. Doctor en filología hispánica, durante siete años fue profesor de literatura española en diferentes universidades de Estados Unidos y ha pasado un año como investigador invitado en la Universidad de Amsterdam. En la actualidad es profesor titular en la Universidad de Almería. Es autor de cuatro novelas: Fabulosas narraciones por historias (1996), Ventajas de viajar en tren (2000), Reconstrucción (2005) y Un momento de descanso (2011). Todas ellas, muy distintas entre sí, componen el corpus coherente de uno de los narradores más brillantes en lengua española. Autor de numerosos artículos de crítica publicados en Babelia, ABC Cultural, o Letras Libres entre otros medios de prensa.
En el Reino Unido la figura de Enid Blyton es transversal. Entre sus lectores hay niños que la han leído después de 2000, pero también ancianos que se acercaron a ella en la primera mitad del siglo XX… En España, por el contrario, Enid Blyton es una de las pocas señas de identidad que tiene mi generación, la de los nacidos en los sesenta, la década en la que todo cambió sin que eso nos haya afectado a nosotros, que no tenemos narrativa ni características singulares… nos hemos quedado un poco a la mitad de todo, en tierra de nadie.
Antonio Orejudo (Madrid, 1963) es ensayista, novelista y crítico literario. Doctorado en Estados Unidos, donde trabajó como profesor durante siete años, ejerció como Profesor Titular de Literatura Española en varias universidades españolas hasta establecerse en la Universidad de Almería. Es ganador del XV Premio Andalucía de Novela por Ventajas de viajar en tren en 2000, obra que fue llevada al cine por Aritz Moreno en 2019, y que figura entre mis obras pendientes de lectura.
Ese rincón de la bahía en el que los cuatro primos inauguraban su amistad se ha convertido desde hace unos años en un lugar de peregrinación para los lectores de Los Cinco, y en particular para los que cada 11 de mayo acuden al Fiveday Festival de Polzeath. "After Five" , dije en mi presentación, era una manera de pasar lista cuarenta años después; dónde está Ana, dónde están Jorge y Tim, dónde está Dick y, por último, dónde está Julián .
La presente novela fue publicada en 2017 y, desde que la vi reseñada, me llamó poderosamente la atención, al ser Los Cinco de Enid Blyton, personajes entrañables que leí con fruición en mi niñez. En ella, con la excusa de presentar el libro After Five, del también escritor Rafael Reig, el autor despliega una obra entrañable aunque desigual que gira en torno a los personajes mencionados.
En cuanto a la trama, la editorial nos dice: Toni siente que es un escritor que no escribe y un profesor que no enseña. Creció leyendo las aventuras de Los Cinco escritas por Enid Blyton, unos libros que le proporcionaban lo que la España de los años previos e inmediatamente posteriores a la muerte de Franco era incapaz de ofrecerle: diversión sin vigilancia, libertad de movimientos y cerveza de jengibre, es decir, el mundo sin límites que requería la intensidad vital de su transición a la adolescencia. A lo largo de esta novela, aquellos personajes a los que Toni tanto envidió de niño parecen convertirse en seres de carne y hueso como él, que sufre el proceso inverso y termina siendo lo que siempre deseó, uno más de ellos. Antonio Orejudo rinde homenaje y al mismo tiempo ajusta cuentas con su generación, la de los nacidos en el boom demográfico de los años sesenta, que no tuvo ningún protagonismo en la transición de la dictadura a la democracia.
Era que teníamos la sensación de pertenecer a esa generación que había concitado, igual que el país tras la muerte de Franco, unas esperanzas que se habían frustrado al mismo tiempo que nuestras vidas. Vivimos instalados en esta contradicción con una naturalidad pasmosa. Hay en el ambiente una sensación general de fraude, como de haber sido engañados en todos los ámbitos de la vida.
En la obra se pueden distinguir tres partes diferenciadas. En la primera parte, el autor pasa revista a su infancia y su adolescencia, con Los Cinco como telón de fondo, analizando la situación social y cultural que tocó vivir a aquella generación. En mi opinión, esta es la parte más brillante de la obra y me parece excelente. Los lectores nacidos en los años sesenta reconocerán sin duda gran parte de las circunstancias y actitudes que el autor desgrana a lo largo de esta parte.
Perseguir el éxito me ha servido para no conformarme y no dormirme en los laureles. Pero, por otra parte, esa exigencia ha lastrado mi espontaneidad y mi flujo creativo. Mis virtudes y mi tormento nacen precisamente de un hipertrofiado sentido crítico, que me conduce muchas veces a la frustración. La búsqueda de la perfección y la excelencia me ha bloqueado en tantas ocasiones, que ya de adulto he tenido que negociar conmigo mismo para no quedarme hincado en el suelo como una estaca, inmóvil, incapaz de alcanzar esos inhumanos estándares de calidad.
En la segunda parte, se centra más bien en los grupos de amigos y seguidores generados por las novelas de Enid Blyton, que incluyen congresos, donde tampoco faltan los detractores. En esta parte, a mí me sorprendió por cuanto no sabía de la existencia de estos grupos.
… me decía que cualquier pasión contiene dentro de sí su decadencia, y no hay modo de detener ese proceso de envejecimiento sentimental para vivir en permanente efervescencia juvenil. Afortunadamente es así porque el delirio perpetuo debe de ser agotador: la caída de los fervores es un mecanismo de supervivencia.
Finalmente, la tercera parte, con la presentación de la novela de Rafael Reig como telón de fondo, el autor desarrolla una evolución vital de los protagonistas de Los Cinco, exponiendo el desarrollo que han seguido sus vidas, desde que dejaron de esr protagonistas de las novelas. Es aquí donde, en mi opinión, el autor se pierde un poco, por cuanto este desarrollo afecta notablemente al aura y al recuerdo que estos personajes mantienen entre sus lectores, aunque sospecho que lo hace de manera plenamente intencionada.
Por todo ello, mi puntuación es de 3,5 puntos, que redondeo a 3 estrellas. Sin embargo, lo recomiendo con entusiasmo a todos aquellos que habéis crecido leyendo las aventuras de Los Cinco de Enid Blyton, con la certeza de que disfrutareis gran parte del libro.
Y una vez que nuestro comportamiento queda gobernado por ese chip llamado ego, nos convertimos en consumidores de valor: al triste se le vende felicidad; al feliz, compromiso; al comprometido, espiritualidad; al espiritual, sexo; al lujurioso, frustración; y al frustrado, cursos por correspondencia, manuales de autoayuda o armas. El sistema funciona solo: los jóvenes consumen promesas de futuro; y los viejos, tratamientos rejuvenecedores y nostalgia.
Antonio Orejudo es un buen autor y el planteamiento de esta novela es interesante: una especie de autoficción de su niñez y adolescencia bajo el franquismo relacionándola con su experiencia lectora de los mundos de Enid Blyton, aquellas aventuras juveniles e internados paradisíacos que no tenían mucho que ver con la realidad cotidiana de la España de esos años.
El libro comienza muy bien aunque se va desinflando y el conjunto no me convence, pero es una bella incursión para los que disfruten la nostalgia de aquellos tiempos.
Hay mucha metaliteratura en estas páginas y un gran amor por la evasión que nos proporciona la lectura. Por todo ello, es una obra apreciable, aunque no sea redonda, e imprescindible para los fans de Enid Blyton.
Historias que enlazan con otras historias que enlazan con otras historias. Lo mismo con los personajes. Interesante y entretenido al principio. Hacia el final final decae mucho y termina aburriendo, al menos para mi gusto.
Pseudo-autobiográfico y caótico. Con una prosa exquisita, que se lee sin ningún esfuerzo y te lleva por donde quiere, lo que demuestra un magnífico dominio de la escritura, Orejudo va saltando de un tema a otro relatándonos una vida en principio ficticia, pero que sospecho que en ocasiones inspirada por alguna que otra vivencia real. El contenido y el estilo me han recordado a menudo a Paul Auster, tanto por el hábil manejo de la prosa como por los elementos pseudo-autobiográficos que también pueblan buena parte de la obra del norteamericano.
En el último tramo del libro, en cambio, el texto da un cambio radical para presentarnos el “después” de “los cinco” de los libros de Blyton. El grupo de amigos, que hasta ahora había sido poco más que una referencia para hablar de la infancia, cobra protagonismo para terminar el texto de Orejudo con un relato bastante barroco de la madurez de los personajes de Blyton. Un cambio radical en la narración aunque unido al resto del libro por un denominador común: el caos, la divagación.
Y ahora, lo importante: ¿me ha gustado? Pues… en fin, no me ha disgustado, pero tampoco me ha entusiasmado, en absoluto. Lo empecé con cierto interés y me hizo cierta gracia su planteamiento inicial, pero hacia la mitad del libro he sentido que esa chispa inicial ya se había perdido y que ese deambular sin rumbo por las supuestas memorias del autor se me estaba haciendo pesado. Creo que gracias a la calidad del texto he llegado hasta el final, de haber sido otro autor menos habilidoso con la pluma (¿pero alguien usa pluma, o incluso bolígrafo, hoy en día…? ¿cuándo diremos habilidad con la tecla?), probablemente lo habría abandonado hacia la mitad.
En fin, una obra curiosa y bien escrita, pero que también considero prescindible.
¿Una generación, la de los 60, diferente a otras y tomando como referencia a Los Cinco? Pues eso es lo que hace Antonio Orejudo en su último libro: una auto-ficción sobre la generación, su generación, y de aquellos niños que pudieron leer por primera vez en este país la famosa serie de aventuras de la autora Enid Blyton, con los hermanos Julián, Dick y Ana, y la prima Jorge y su perro Tim como protagonistas. Una saga que actualmente se ha vuelto a publicar tuneada, debido a los componentes sexistas y racistas que en aquel entonces no se tenían como tal.
El protagonista de Los cinco y yo se llama Toni (Antonio Orejudo), tiene un amigo de la universidad llamado Reig (Rafael Reig), y los dos ejercen dentro del universo literario e incluso sueñan con un papel cumbre dentro de la literatura universal. Reig escribirá un libro, After Five, que versará sobre aquellos muchachos, Los Cinco, pero en la actualidad —con una delirante evolución, todo hay que decirlo—, y Toni será el encargado de realizar la presentación del libro.
De las novelas más flojas del autor. La excusa de la literatura juvenil no es suficiente. Es más, creo que la debilita porque no hubiera sido necesaria
Leer a Antonio Orejudo es jugar sobre seguro. Sus libros tienen ese equilibrio tan difícil de lograr entre contenido y estilo que hace que nunca decepcionen. Tal vez sea su falta de intención trascendente, la aparente simplicidad con la que suceden las cosas o su engañosa falta de “ambición literaria” (espero que se entiendan las comillas) lo que los hace tan especiales, hasta acabar creando justo la sensación contraria: que en sus páginas hay mucha enjundia, una visión original y divertida de la existencia humana, una mirada profunda y certera de nuestros miedos y nuestras miserias. Y todo eso sin abandonar el sentido del humor y un estilo directo y nada pomposo que convierte su lectura en una actividad tan placentera como recreativa. En “Los cinco y yo” Orejudo indaga en el futuro de “los cinco”, cuatro muchachos ingleses y su perro que en los años setenta, dentro de la serie de novelas de “Los cinco” escritas por Enid Blyton, entretuvieron durante su juventud a muchos españoles (entre los que me cuento, a pesar de que a esa edad yo leía principalmente cómics, y de los malos). Pero da igual no haber leído nunca a “los cinco” para disfrutar de las diferentes peripecias que se nos presentan. Como sucede en las grandes novelas, lo verdaderamente importante no está en la trama, sino, como decía Virginia Woolf, en su capacidad para “meter el cuchillo entre las junturas del cuero con el que la mayoría de nosotros estamos recubiertos”. Y los libros de Antonio Orejudo, además de hacernos pasar un buen rato, lo consiguen completamente.
Me encantó este libro, a pesar de no ser española, nuestra memorias de la infancia tienen muchos puntos en común, comenzando por la fascinación por los libros de Enid Blyton. Coincido con otros lectores de goodreads en cuanto a que lo menos interesante del libro es la vida que les inventa a los Cinco de Blyton, tal vez como un mecanismo de retratar lo que pasó con esa generación en España: yonkis, altos gerentes que ven sus sueños frustrados por el único interés de las empresas en hacer dinero (en este caso, las grandes farmacéuticas), artistas que no llegan a nada, pocos padres de familia y nadie llega a ser lo que realmente soñó con ser, nadie es feliz.
La fraternal rivalidad entre Reig, el supuesto autor de la vida actual de los Cinco de Blyton, y Orejudo, el verdadero autor, es genial, la progresiva desaparición de la ilusión de escribir la novela que "haría añicos el status quo de la literatura española, y quizás también de la universal" demuestra que era solo eso, pero que la necesidad de escribir, no importa que calidad de literatura, vive por siempre.
Definitivamente leeré otros libros de Antonio Orejudo, un escritor profundo, incisivo y con mucho humor.
Me ha encantado. Creo que la mezcla de realidad y ficción que hace es absolutamente maravillosa. Había leído críticas negativas y dudaba, pero al final ha sido un sí. Me ha hecho dudar. Mucho. No sabía que parte era real, y hablando de los 5 tiene su mérito. Inteligentísimo Orejudo.
Extraña mezcla de autobiografía, ensayo y novela donde Los Cinco de Enyd Blyton brillan con luz propia. Me ha encantado revisitar sus páginas bajo la óptica del autor, sólo por eso me ha merecido la pena...
Me encanta orejudo y este libro es muy bueno, pero en comparación con los otros suyos, y solo por eso, le pongo tres estrellas. En todo caso, lo racomiendo.
El sentido del humor de Orejudo, marca de la casa, se hace patente aquí también. Esa fina ironía y patetismo tan cercano, muy humano, esos dramas que lo parecen menos por cómo se cuenta. Orejudo está también en este libro.
Pero también están Los Cinco. Y yo crecí con ellos (y con la cerveza de jengibre) y a mí también me ha ocurrido que, a veces, sentía que este libro también hablaba de mí, por muy lejos que me quede el baby boom de los 60 o la isla de Kirrin.
Dudas, dudas... 2 ó 3 estrellas. Como viene pasando últimamente, una vez más lo dejo en el punto medio de las 2.5, básicamente porque el estilo narrativo es impecable y por lo atractivo de la idea de coger un mito de la infancia de tantos, como son 'Los Cinco' de Enyd Blyton, y dedicarse a imaginar qué fue de...
El problema es que en realidad lo que el autor hace es esbozar esa historia imaginaria y futura, precisamente utilizando el recurso de una novela que otro personaje, amigo del protagonista, escribe al respecto. Ello hace que todo sea muy esquemático y tangencial.
Al mismo tiempo, se nos ofrece la típica historia costumbrista que evoca recuerdos de infancia de una época histórica determinada, lo cual también tiene su atractivo... pero en conjunto hay un excesivo saltar de tema en tema, personaje a personaje, que entretiene, sí, pero al que le falta ese punto de enganche o de gran historia, más allá de lo anecdótico.
Me ha gustado mucho la premisa, algunos elementos del desarrollo y el humor. El juego de la autoficción se me hizo pesado en ciertos momentos y eché en falta algo más de trama. Me ha parecido un libro inteligente, pero me ha dejado fría.
Sinceramente, me esperaba otra cosa. Al principio el juego de que ha sido de los cinco mezclado con la infancia del autor tipo Cuéntame está bien, pero a la larga cansa.
He dudado entre poner una estrella y poner cinco. Este hombre escribe como los ángeles, me ha descubierto el mundo de los blytinianos y muero, literalmente muero por hacer excursiones por los escenarios reales, cosa que jamás se me pasó por la cabeza. Mira que he ido a Inglaterra, pues nunca se me ocurrió. Perooooo ese imaginar las vidas de adultos de ellos, la muerte de Tim...todos sabemos que ellos no crecen y si por un milagro crecieran, nunca jamás tendrían esas vidas. Que noooo, si hasta me ha dolido hombreyaaaa ¿De verdad era necesario ese sexo, drogas y rock and roll ????
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Orejudo es un autor que me encanta, al menos las dos novelas que he leído de él, Fabulosas narraciones por historias, y Ventajas de viajar en tren, sin embargo Los cinco y yo me ha gastado menos. Hasta la mitad me ha encantado, el perfil que realiza sobre él mismo y sobre todos sus compañeros de juventud, pero la segunda parte me ha aburrido un poco, no me ha generado ese interés.
Antonio Orejudo parece haber renunciado en gran parte a lo que ha sido una de las señales más reconocibles de su literatura: el humor. No era un humor de gruesos brochazos, sino un humor inteligente y sibilino, un humor disolvente y con una pizca de mala leche que recorría gozosamente sus novelas. Sin embargo, poco queda ya de ese rasgo en Los Cinco y yo, su última y esperadísima novela publicada por Tusquets, que se muestra como un texto desnaturalizado, bajo en calorías literarias cuando el autor nos tenía acostumbrados a jugosas cucharadas de caviar narrativo. Indudablemente, este cambio en el enfoque de su trabajo resiente la obra hasta unirla a lo menos brillante de la producción del escritor madrileño, tal vez junto a la irregular Un momento de descanso que, no obstante, sí mantenía las señas identitarias del autor. Los Cinco y yo no es la mejor obra de Orejudo, algo que en cualquier otro escritor sería sinónimo de fiasco. Afortunadamente, en Orejudo la más floja de sus obras puede ser tomada como un trabajo de calidad al que muchos escritores actuales no se acercarán, ni de lejos, en toda su vida. El problema con creadores de talento, al estilo del músico irlandés Van Morrison, por ejemplo, es que siempre se les exige lo mejor y nos decepcionamos cuando sólo nos ofrecen un desmayado notable. Me resultaría sencillo hacer una crítica afirmando que Los Cinco y yo es una novela excelente —comparada con la mayoría de lo que se publica actualmente es bastante posible que eso sea así—, pero hace tiempo que prefiero juzgar el trabajo de Orejudo en comparación con el resto de su producción, dado que juega en otra liga, tal es el talento del escritor que nos ocupa. Y en esa comparación, esta novela no alcanza a situarse entre las mejores. En efecto, Los Cinco y yo decepciona un tanto. Entristece el intuir todo lo que esta novela podía albergar y no ha conseguido desarrollar, y es una pena que la narrativa de Orejudo tome un camino que, obligatoriamente y como condición de evolución, necesite traicionar la originalísima y peculiar voz de su autor. Orejudo hace un trabajo de metaficción en esta obra. No duda en sumergirse a sí mismo como personaje, junto al escritor Rafael Reig, en las profundidades del texto, componiendo un collage de autoficción que, sin embargo, se empacha de modernidad y retórica literaria con un resultado mate. La obra arranca muy bien, con uno de esos principios de Orejudo en los que el lector se siente hipnotizado por sus palabras y las páginas van cayendo en una lectura prodigiosa. Sin embargo, hay un momento en que el asunto deja de funcionar. Y es cuando se fragua esa mezcla de la ficción de los personajes de Los Cinco, los muchachos creados por la escritora Enyd Blyton, que comienzan a desfilar por la novela en comandita con el devenir del propio Orejudo. Así, los mundos literarios de Los Cinco toman un relieve de realidad al contarse lo que fue de sus vidas más allá de sus libros, perdidos en coqueteos con las drogas o el sexo, incluso con una intervención en una guerra, o sus peripecias enmarañadas en el mundo de los negocios. Los personajes de Blyton salen de la infancia y se hacen adultos en las páginas de Orejudo, pero todo resulta algo forzado, incluso desganado. En muchas ocasiones da la impresión de que Orejudo escribe con el piloto automático puesto, como por compromiso o por la necesidad de llenar un determinado número de páginas. En esta obra su narrativa ha perdido nervio. Y si bien la idea de mezclar las vidas de la pandilla de Los Cinco con las evoluciones del Orejudo personaje es un recurso que podría funcionar muy bien, al final el texto le resulta al lector algo que jamás pensaría encontrarse en una obra de este autor: aburrido. Y quizás este sea el mayor pecado de un escritor que ha firmado Ventajas de viajar en tren y Fabulosas narraciones por historias, tal vez dos de las más divertidas y jocosas novelas de la literatura española. En otra ocasión, con motivo de su novela Reconstrucción, Antonio Orejudo montó un artefacto literario serio y atravesado de metaliteratura, con guiños intelectuales y referenciales, alumbrando una obra maestra rotunda y contundente: una de las mejores novelas que se han escrito en este país en décadas. Sin embargo, su segunda aproximación a este tipo de texto se desvanece a medida que transcurren sus páginas, que son poco alimenticias, me atrevería a calificarlas como light, ofreciéndole al lector un sucedáneo de Orejudo. Los Cinco y yo es de lo más decente que se ha publicado este año, pero no es una de las mejores novelas de su autor. Lo que ocurre es que Antonio Orejudo es tan bueno que, incluso su copia más desnaturalizada, ofrece un sabor literario que brilla por encima de todo lo demás. Pero a quienes hemos degustado la pata negra, nos joroba.
Prescindible Interessant com a singularitat. Tota la novela es un sol capitol Tracta de la vida adulta dels cinco de Bliton i de la r lacio inventada amb ell. Escrit en primers persona desdibuixa la frontera entre la realitat i la ficcio en tot moment.
“Yo no he vuelto a sentir con ningún otro libro una emoción semejante a la que me acompañó durante el desenlace de ‘Los Cinco y el tesoro de la isla‘. Con el tiempo, los libros me han proporcionado otros placeres, unos más intelectuales, otros más refinados o incluso más intensos. Pero aquel disfrute animal que ha permanecido ajeno al paso del tiempo y que, sin ser plenamente consciente de ello, he buscado siempre en otros libros, no he vuelto a experimentarlo nunca más“ (pág. 176). Antonio Orejudo. Los Cinco y yo. @tusquetseditores
Creo que sí, que los libros de Los Cinco (y los de la serie Óscar, de Karmen Kurtz, o Los tres investigadores o los de Pakto que compraba en el Simago) me han hecho tanta compañía cuando era un pequeño lector que todavía los recuerdo y los conservo con el cariño del lector que me ayudaron a ser. Y estoy con Orejudo: el placer de estos libros no estaba en descubrir qué les pasaría a los protagonistas, sino que se encontraba en la ilusión de que tú eras un personaje más. Por eso entretiene este juego literario en el que Orejudo (de la mano de Rafael Reig) relata qué ha sido de los protagonistas de Los Cinco años después, cómo es su vida adulta... Y cómo un lector experimentado leería ahora esos libros, buscando interpretaciones en el comportamiento de los chavales y de sus padres o simbologías en tanto pasadizo secreto. Creo que este es un libro que habla sobre cómo la literatura nos influye en la vida real, cómo realidad y ficción se contamina (p. 133) y cómo hay fuerzas ajenas a la creación (el márketing, el mundillo editorial) que pueden desvirtuar ese placer inocente e infantil de la lectura. Reconozco que hay partes del libro que no me han interesado (ese pasaje de las marcas, uf), pero hay otras, sobre todo en las referencias a Los Cinco, que he disfrutado. Creo que esperaba más de este libro, que confiaba en que me gustara más de lo que lo ha hecho. Una lectura entretenida (casi siempre) para recordar el lector que fuimos.
La saga de libros infantiles juveniles creada por Enyd Blyton, los Cinco (o como dice un personaje del libro "4 hijoputas y un perro" :p), sirve como excusa al autor para contar una mezcla de ficción y biografía de su infancia realmente exquisita y desternillante. Justo en la época de la transición, el final de la dictadura, en la que poco a poco se van produciendo cambios importantes en la sociedad, pero otros no tan rápidos, Antonio Orejudo habla como un torbellino de su vida, imaginaria o no, pero que es un placer leer. Yo soy 10 años más joven que el autor real, y 5 que su alter ego en la novela, pero me sentí totalmente identificado en muchos aspectos, incluido mi afición a Los Cinco (y a los Hollister, la respuesta americana) y a las frases de mi madre ("anda, y coge un libro" o "otro libro que traes? si ya tienes un montón"). Tal vez por esa razón, me haya gustado aún más esa primera parte.
En una segunda parte, sale el Orejudo más clásico, que vuelve a combinar lo real con lo imaginario, de nuevo a través de los personajes de Los Cinco y de los compañeros de infancia, ya adultos, y con tramas científico-farmaceúticas-empresariales de por medio, que me recordaron a su anterior novela "Un momento de descanso". Tramas como de película de serie B o Z, pero muy surrealistas y divertidas, y con unos personajes muy locos.
En definitiva, un libro que no te dejará indiferente y con mucho sentido del humor.
Primera experiencia con Orejudo, la cual no ha estado mal. He disfrutado bastante con la lectura. El panorama de la infancia y adolescencia de los 50 y 60 de aquellos que protagonizaron dichas décadas resulta delicioso, igual que el de la juventud de los primeros años de la Transición. Además, se mezcla con ciertos tintes de la obra de Blyton, aunque con matices. Si bien destripa a base de spoilers el primer título de la serie de "Los cinco", luego se observa que en realidad la saga de Blyton no es más que una excusa de añoranza y nostalgia, el signo de identidad para una generación que se adentró en las delicias del universo de la literatura de la mano de Blyton, del mismo modo que algunos lo hicieron con Narnia, otros con Prydain u otros, más en el presente, con Harry Potter. El componente de metaficción radica más en la expansión final de las aventuras de estos muchachos y su perro, donde se imagina cómo siguieron sus vidas posteriormente, en plena adolescencia, juventud y adultez de una forma no tan idílica como lo fue en su versión original. Buenos apuntes de aspectos como el sexo, las drogas, las movilizaciones políticas y demás en unas páginas que, insisto, evocan un pasado con cierto cariño e ironía. Una lectura que se disfruta, con buena narrativa y perfectos análisis sociológicos y literarios. Le doy 3,25 estrellas, pues pienso que algunos análisis eran demasiado acotados. Seguiré leyendo a Orejudo con interés en el futuro.
A veces se lee como una biografía y la verdad es que sus reflexiones comparando, desde una perspectiva de desajuste cultural, la vida en los libros de Los Cinco con la España de los 1960-70 es de lo mejor del libro pero no me gustó ni enganchó el giro que da cuando el narrador pasa a ser uno más del grupo de los cinco ( Julián, Dick, Ana, Jorge/Jorgina y Tim -el perro); y el libro se convierte en una vorágine de fantasía ( Ana es heroinómana, por ejemplo) con varios mundos que se superponen jugando con la realidad y la ficción. (La "realidad" de la novela es la presentación del libro "After Five", de Rafael Reig)
Me gustaron las reflexiones sobre la generación de los padres de esa época, gente nacida en la posguerra, que dejó el pueblo para irse a la ciudad; datos culturales como "coger un libro" a la hora de la siesta o durante las dos horas de "hacer la digestión", las colecciones de fascículos.
Comparto la fascinación que describe de la primera vez que leyó un libro de los cinco - totalmente identificada - y la naturalidad con la que se aceptaban las diferencias culturales: la cerveza de jengibre, que la familia tuviese un castillo en ruinas, que usasen el bote para ir a todas partes...
Me ha sorprendido muy para bien los cinco y yo. Un viaje por la generación que vivió la transición contada con la excusa del grupo de los cinco. Cosas interesantes...todo sobre el mundo Blyton, como explican y entrelazan la importancia de los cinco en el desarrollo de una generación, después se inventa un falso libro titulado after five que simula la vida de la a chiquillos después de las s libros. Y al final un juego entre los cinco adultos y Orejudo... La verdad que una novela cortita ideal para el verano.
¿Dónde empieza la ficción y termina la realidad? Antonio Orejudo lo tiene claro: da igual mientras haya una historia que explicar.
En Los Cinco y yo vuelve a jugar con esa difusa frontera entre lo que es real y lo que no, entre la autoficción y la ficción pura. El resultado es una novela fresca, divertida y que ahonda sobre una época en España en la que la juventud perdió mucha de su ilusión y sucumbió al alumbramiento de un mundo que se reveló cruel y falto de sentimientos.
Interesante en su primera parte, como reflejo de "un tiempo y un país", de una infancia ingenua (o quizás no tanto) que soñaba con vivir las mismas aventuras que Los Cinco de Enid Blyton, pero que pincha después al intentar mostrar qué fue de Los Cinco en su edad adulta. Aun así, el tramo final (las últimas diez páginas) del libro vuelve a cobrar interés al dotarlo de una dimensión filosófica que te hace replantear todo lo leído hasta el momento.
Vivimos instalados en esta contradicción con una naturalidad pasmosa. Hay en el ambiente una sensación general de fraude, como de haber sido engañados en todos los ámbitos de la vida. Es como si tuviéramos la sensación de que nada de lo que hemos alcanzado o creído hasta ahora supone un avance genuino en la civilización, ni siquiera en nuestro bienestar, sino que es más bien algo impuesto desde algún poder para servir a unos intereses o a otros.
¡fantástico proyecto el suyo! muy divertido e ingenioso por momentos, entiendo bien que haya sido gratificante escribirlo
en mi lectura ha ocurrido, no obstante, algún momento de incomodidad. Ese instante en que te la impresión de que hay detalles del libro en las que la hipérbole o la ironía se podían confundir con que al escritor se la sudaba muchísimo tal o cual aspecto de la trama.
Últimamente me quedo atrapado con las biografias. Esta es una biográfia ficción de una generación muy concreta: nacidos en los años 60 en la periferia de Madrid.
El autor habla de lo que sabe, es su generación y es su entorno; y lo hace de una forma que te deja embobado. Mientras te explica ratazos de su visa, lo alterna con qué fue de cada uno de los personajes de los Cinco de Enid Blyton.
Para mí ha tenido mucho más interés el relato en primera persona del narrador que no la parte de los Cinco.