Una lectura esencial en materia de sistemas religiosos en general, pese a sus inquietudes más específicas y últimas por el islam. De notoria perspicacia en sus teorías sobre el modo que tienen de nacer, evolucionar y retroalimentarse un conjunto de ideas religiosa ascendidas a dogma. El libro lleva por subtítulo “Los orígenes culturales del islam”, no bien, hace un auténtico viaje milenario por las civilizaciones de Oriente hasta desembarcar en las orillas del 800 d. C, fecha aproximada de la fijación definitiva por escrito —según el autor— del Corán, así como de la fundación del islam como sistema religioso, luego de un mundo de periferias indefinidas finalmente centralizadas en Bagdad.
Sin duda, su teoría está enormemente influenciada por la idea de que toda vanguardia procedía del etéreo caldo de cultivo del Oriente, mientras que lo helénico supondría su universalización. Una es la teoría y otra la práctica.
Con esto en mente, y apoyado en el devenir de un modus operandi absolutamente concienzudo y científico —marcadamente posmoderno—, tal y como atestigua su ingente cantidad de bibliografía manejada, abre una nueva puerta —en España— al modo de abordar el complejo fenómeno de formación y evolución orgánica de las ideas religiosa, desprovisto de cualquier ahistoricismo genésico. Para mostrarnos tal radiografía epigénetica llega a tocar temas tan interesantes como el zoroastrismo, el papel de la filosofía helénica (estoicismo…) como encuadre de los monoteísmos o, asimismo, esquemas de ideas más confusos, a medio camino entre religión y filosofía, tales como el orfismo y el pitagorismo. Todo ello, se constituye como material de acarreo en el ejercicio de enriquecer al tronco central de las creencias abrahámicas, el cual, con el tiempo se dividirá en dos convencimientos diferentes. Es decir, el discernimiento entre un entorno más hermético —de pueblo prometido— y uno más mesiánico —de pueblo universal—, lo que supondrá la cristalización en movimiento de las tres perspectivas de vivir y sentir estas creencias —el judaísmo, el cristianismo y el islam—, así como todo su conglomerado de zonas intermedias —diferentes judaísmos, diferentes cristianismos y diferentes islames— o mismo de sentires más místicos y esotéricos como los sabes gnósticos.
Si bien existen un gran abanico de ideas enormemente interesantes, tales como la concepción de la ortodoxia como novedad, a lo contrario de lo que se suele asumir, o del nacimiento sincrético de los tres sistemas religiones —que no religiones sin más— abrahámicos dado al fenómeno de definición por contraste, por respuesta diferenciada hacia algo —anti-simbiosis—, destacamos fundamentalmente dos ideas en torno a las que gira el libro de principio a fin: 1) la simbiosis creativa, es decir, como las ideas religiosas nacen, se depuran y evolucionan dependiendo de su contexto, y no al contrario, no generan el contexto, sino que son hijas de sus múltiples marcos; y 2) la continuidad retroactiva, que una vez es abanderada por la ortodoxia se convierte en retroalimentación dogmática, es decir, reescribir el pasado desde el presente con pretensiones divinas de legitimar y dar una continuidad inventada a su tiempo presente, ahora remoto desde siempre. De esta forma se elimina el sentido orgánico del origen de una religión, tupiéndose completamente en un tono genésico y mesiánico, como si naciera de un bloque inamovible a lo largo de la historia.