Este poemario me sorprendió mucho nada más tenerlo en mis manos (y eso que no lo había leído aún), su tamaño, su tapa dura, sus ilustraciones que son simplemente maravillosas, me conquistaron.
Pero al abrirlo y descubrir que la autora me acercaría a un lugar que es desconocido para mi (que espero llegar a conocer mejor) como es Japón, fue el broche de oro.
¿Qué os encontraréis al abrir este libro?
Corazón, mente y alma. Una fusión de sentidos que te sana por dentro y, aunque sí que es cierto que yo no he conectado con unos cuantos, la autora nos avisa de que saldremos llevándonos al menos uno.
Proverbios, frases de películas, de libros... son sólo algunas de las cositas que surcan este libro, sin olvidar el enlace con las ilustraciones que hace Sandra, ya que cada una de ellas está hecha con un amor, dulzura y conexión con sus palabras, que encandila.
Los haikús, que es lo que llena y forma el poemario, son poemas de tres líneas que a simple vista puede sonar algo sin más, pero que esconde más historia y cuenta más, que miles de líneas. Puede llegar a ser algo confuso en algunas ocasiones ya que habrán palabras que no tienen traducción como tal, si no que se describen con frases. Yo han habido veces que quizás no he sabido sacarle el significado correcto o que lo he interpretado de otra forma y no he llegado a comprenderlo, pero esa es la gracia de este libro, el interpretar las palabras de Sandra desde el corazón y la experiencia o situación actual.