"Entre Lawrence et moi, il y a au moins ceci de commun qu’à un peu plus d’un demi-siècle de distance, nous avons passé l’un et l’autre une partie de notre enfance à Dinard." De là à vouloir partager avec le futur Lawrence d’Arabie quelque chose de plus, et à partir sur ses traces, aujourd'hui, parmi les forteresses croisées du Moyen-Orient…
Jean Rolin is a French writer and journalist known for his distinctive narrative style and profound exploration of sociopolitical issues. Born on June 14, 1949, in Boulogne-Billancourt, France, Rolin has had a career marked by an interplay between journalism and literature. His works often blend fiction and reportage, creating a unique hybrid that reflects his sharp observational skills and deep engagement with the world.
Rolin studied literature at the University of Paris but found himself drawn to the tumultuous political landscape of the 1960s. He became actively involved in leftist movements, an experience that later influenced his writing, particularly in his nuanced depictions of political and social dynamics.
His career as a journalist took him to various parts of the globe, including Africa, the Middle East, and Latin America. These experiences enriched his literary work, as he frequently draws upon his travels to craft vivid narratives. His writing captures not only the physical landscapes but also the complexities of human existence in these regions.
Rolin’s literary debut came in 1980 with "Journal de Gand aux Aléoutiennes, a work that set the tone for his blend of memoir, travelogue, and fiction. He has since published numerous books, including L'Explosion de la durite (1997), Le Ravissement de Britney Spears (2011), and Les Événements (2020). His works are characterized by an understated yet incisive humor, a keen eye for detail, and an ability to illuminate the absurdities of contemporary life.
In addition to his literary achievements, Rolin has been recognized with several awards, including the prestigious Prix Médicis in 1996 for L'Homme qui a vu l'ours and the Prix Ptolémée in 2014 for Ormuz.
A toda velocidad flota el carro por el camino asfaltado. Atraviesa, como una gota de plata brillando al sol, la inmensidad del desierto. De vez en cuando puestos militares recuerdan que el territorio está en guerra. El territorio, por su parte, con el aire de trinchera de sus construcciones, con sus muros milenarios agrietados a bombazos, parece recordar que siempre ha estado en guerra. Conflicto gritan las marcas geográficas. ¿Qué ocultan estas arenas que valga la pena tanta sangre derramada? La sed del infinito reclama tragos hondos. Quizás eso, no importa, no voy a adivinarlo en pocas líneas, no voy a adivinarlo nunca. Cada tanto, los castillos de los cruzados trazan su rosario de historia. Por acá el Lawrence de Arabia paseó sus investigaciones, por acá avanza Jean Rolin en Crac, confiando en reconstruir la historia de un aventurero como si en el esfuerzo se jugara reconstruir la identidad francesa del siglo xxi.
Como libro de viajes conviven en Crac dos obsesiones. La primera es literaria: la lectura de Lawrence lleva a querer comprobar sus apuntes en el terreno que los levantó. Así, un primer itinerario marca la pauta de visita a todos los castillos mencionados en la tesis de grado del investigador francés. Qué hay todavía de lo que sus ojos vieron, qué divergencias podemos achacar a la miopía del tiempo y cuáles a cambios ocasionados por el hombre o por la naturaleza (que son, cada vez más, una y la misma cosa). La otra obsesión es geopolítica: el territorio que Lawrence cartografío desde su afecto es hoy, como un hiperbólico tono sostenido, todavía escenario de disputas y matanzas. Rebeliones, golpes de estado, fuerzas religiosas con carrera independiente armamentista. La mirada del reportero no puede apartarse de ese vahído, de esa tensión a la que occidente ha puesto, en parte por intereses económicos y en parte por vanidad civilizatoria (falsa, por supuesto), durante tanto tiempo en el foco de su mirada. ¿Orientalismo? Un poco, sí, pero sólo un poco: el autor tiene el buen tino de convertir su experiencia en centro narrativo de sospecha, y así se libra. Así consigue elevar la anécdota a autoanálisis. Autocrítica.
De la lectura, ligera, me quedo con un puñado de imágenes, más prosaicas, menos solmenes, que las de las torres firmes y las plazas cercadas por murallas. La descripción arquitectónica, que ocupará buena parte del asombro en la lectura, es apabullante, nítida, y da gusto pasearse entre las almenas de castillos en distinto estado de conservación. Sin embargo, insisto, elijo lo cotidiano, lo práctico, lo vitalmente humano al margen del pasado, como si en un esmero de liberación se propulsara el seguir viviendo lejos de las cicatrices que en el paisaje recuerdan tiempos de espadas y catapultas. Una tienda al borde de la carretera, un acantilado, unos pocos árboles y un hato de cabras donde los balidos son, como las arenas del desierto, el mismo balido eterno de la primera cabra y la leche la misma que amamantó a Zeus cuando consiguió refugiarlo su madre.
¡Ah! Ya ven, el panteón occidental entrando a la reseña. Occidente allí, aquí, como un punto de referencia al cuál aferrarme. Hay cosas que Rolin no comprende, hay cosas que yo no comprendo a través de la incomprensión de Rolin. No es escaso mérito ese de transmitir el desconcierto, y la arena y el polvo y la nada que desde hace tantos siglos arrastramos, pegadas a la planta de los pies, como si marcaran un sendero de migajas que lleva a ninguna parte, o que no podemos, por más que nos matemos en ello, seguir con claridad.
Près d’un siècle après, JEAN ROLIN marche dans les traces de Thomas Edward Lawrence plus connu sous le nom de Lawrence d’Arabie. Il part comme lui sillonner le Moyen-Orient, notamment le Liban et la Syrie, pour visiter les forteresses et les châteaux bâtis par les croisés dont le Crac (parfois orthographié Krak) qui a donné son nom au livre. C’est un livre semblable à son précédent opus, Le Traquet Kurde, même s’il y est un peu moins question d’ornithologie – on ne se refait pas – et un peu plus de T. E. Lawrence. Un récit de voyage, mais à la Jean Rolin, avec de l’humour, de l’espièglerie, du second degré et beaucoup d’érudition.
> De mon point de vue, ce qui fait de Tripoli une ville incomparable à tout autre, c’est aussi que le mardi 7 octobre, me rendant à la citadelle, je me sois foulé la cheville puis étalé en pleine rue, au milieu de la circulation, dans le quartier des souks, alors que je venais de remarquer successivement une banderole à l’effigie de Saddam Hussein et surchargée de cette maxime: “Les géants ne tombent que quand ils sont trahis”, puis, suspendue à la devanture d’une boutique dépourvue de vitrine ouverte sur la rue, comme c’est l’usage au Moyen-Orient, une cage contenant un chardonneret.
Il est difficile, en lisant cette citation, de ne pas se rendre compte de la virtuosité de l’auteur – et de son autodérision. Il n’hésite pas à se lancer dans de longues phrases – qui peuvent parfois s’avérer difficiles à suivre. L’autre particularité du livre réside dans le parallèle permanent qui est fait, citations à l’appui, entre l’épopée de Jean Rolin – en voiture avec chauffeur et non a dos de chameau – et celle celle de son illustre prédécesseur. Il met en évidence les changements qui se sont opérés en 100 ans – ils ne se limitent pas au remplacement du chameau par la voiture – qui se manifestent par les traces laissées par les guerres et la société de consommation sur les lieux visités. Même si j’ai parfois décroché et même si je n’ai pas retenu le dixième des propos de l’auteur sur l’histoire – et la faune – de la région, j’ai profité de la balade tout au long du livre, un demi sourire aux lèvres.
En 1909, Lawrence de Arabia recorrió en bicicleta casi mil ochocientos kilómetros por Oriente Medio para visitar unas treinta y cinco fortalezas de los cruzados, un viaje que se convirtió en el tema de su tesis doctoral en Oxford. Más de un siglo después, en 2017, el francés Jean Rolin rehace esta ruta, visitando en coche sólo alguno de estos lugares emblemáticos como el castillo de Beaufort en el sur del Líbano, el Crac de los Caballeros en Siria y la fortaleza de Kerak en Jordania.
Este viaje es un pretexto para reflexionar sobre los cambios que ha experimentado la región a lo largo del tiempo, una zona frecuentemente afectada por conflictos armados. Con una observación minuciosa y parcelada, junto a un sentido del humor característico, el autor ofrece un relato literario que mezcla historia, geografía y su liviana experiencia personal, mostrando cómo el tiempo y la historia han transformado estos lugares emblemáticos.
Rolin se centra en el impacto histórico de los templarios que moldearon el paisaje político y militar de la época. Además explora cómo las acciones de los templarios y sus construcciones dejaron una huella duradera, visible en las ruinas y estructuras que visitó. La obra toca el aspecto místico y legendario de los templarios, añadiendo una capa de fascinación y misterio por medio de simbolismos y secretos antiguos. Los templarios son descritos como una orden militar-religiosa esencial para la defensa de los territorios cristianos durante las Cruzadas en Tierra Santa. Reconocidos por su disciplina y valentía, estos guerreros religiosos no solo protegían a los peregrinos sino que también construyeron y habitaron fortalezas estratégicas. Rolin destaca la habilidad de los templarios en la construcción de imponentes y bien defendidas fortalezas, como el Crac de los Caballeros, estructuras que no solo servían de fines militares, sino que también funcionaban como centros de control y administración. El Crac de los Caballeros es descrito como una de las fortalezas más bellas y mejor conservadas, ejemplificando la arquitectura militar templaria.
«La luz del crepúsculo se desliza suavemente sobre las piedras gastadas del Crac de los Caballeros, transformando la fortaleza en un espectro dorado de su antigua gloria. Aquí, en las sombras de las murallas, se puede sentir el susurro de los siglos, un eco de los días en que estas paredes resonaban con el clamor de la batalla. Ahora, solo el viento habla, y en su murmullo se oyen las historias de caballeros y cruzados, de conquistas y derrotas, de un pasado que se disuelve lentamente en la penumbra de la memoria.»
Rolin reflexiona sobre la relevancia contemporánea de estos lugares históricos. Al visitar los antiguos castillos templarios, compara las motivaciones y consecuencias de las guerras medievales con los conflictos modernos en la misma región. Las fortalezas templarias, como la de Kerak, son testigos de un pasado lleno de conflictos y fervor religioso, que ofrecen una perspectiva crítica sobre la historia y la actualidad, si en esta obra hubieran sido mejor aprovechadas.
Rolin carga negativamente contra Bashar al-Assad, presidente de Siria, en relación con el conflicto sirio y su impacto en lugares históricos como el Crac de los Caballeros. Sin embargo, en un bloqueo de crítica y honradez, abre un silencio benevolente con todos los demás: Benjamin Netanyahu, primer Ministro de Israel y responsable de las tensiones y conflictos en Oriente Medio, que ha terminado perpetuando un atroz genocidio en Palestina con más de treinta y cinco mil muertes; Michel Aoun, presidente del Líbano en relación a su visita del Castillo de Beaufort; Rey Abdullah II de Jordania, cuando visita la Fortaleza de Kerak, discutiendo cómo Jordania maneja su patrimonio histórico y las implicaciones políticas en la región; o de Recep Tayyip Erdoğan, presidente de Turquía al que sólo le critica la mala gestión de los sitios históricos y arqueológicos.
Crac es una obra pobre en detalles históricos y muy liviana de observaciones personales. No ofrece un análisis profundo de la situación política y social actual en los países visitados que ayude en una comprensión más completa de los cambios en la región. Tampoco incluye mapas detallados y diagramas de las rutas y las fortalezas visitadas, que permita a los lectores seguir mejor el viaje y visualizar los lugares mencionados. Ni ha querido introducir fotografías actuales y de archivo de los sitios visitados por Lawrence y Rolin para tener una conexión visual con los lugares descritos. No hay entrevistas, ni testimonios de los habitantes locales de las áreas visitadas que proporcionen una perspectiva contemporánea y humana sobre las regiones descritas, y que enriquezcan la narrativa con voces diversas. Tampoco anécdotas personales o experiencias de Rolin durante su viaje para añadir un toque más personal y atractivo, haciendo la narrativa más cercana y relatable. También hecho en falta notas al pie y referencias más detalladas que ayuden a profundizar en temas específicos, proporcionando fuentes adicionales y contextos históricos. En total, el resultado de esta lectura es como si hubiera dado muerte por segunda vez a Lawrence de Arabia en otro trágico accidente de la literatura.
C'est une lecture extrêmement plaisante et riche que nous offre Jean Rolin avec "Crac". Comme dans "Le traquet kurde" avec, comme point de départ, la présence insolite d'un oiseau du Moyen-Orient sur les pentes du Puy de Dôme, le prétexte à l'aventure, qui est cette fois-ci la baignade à Dinart, peut sembler anodin. Mais en apparence seulement. Car Jean Rolin quitte rapidement la Bretagne pour vagabonder au Moyen-Orient et suivre le jeune Lawrence d'Arabie sur les traces des fortifications laissés par les Croisés, dont le fameux Krak des chevaliers. Cette promenade est conduite dans une prose élégante et limpide, avec des propos fort documentés et une bonne dose d'humour et d'ironie. Sous ses faux airs de promeneur dilettante, Jean Rolin fait passer énormément d'informations, de connaissances, effectue des va-et-vient entre les époques, établit des liens curieux ou inattendus entre ses visites ou ses rencontres et le contexte politique actuel qui est celui de la guerre comme à l’époque des croisades. Mais il n’est pas dupe. Ancien grand reporter, il trace sa route, discute, écoute mais n’avale pas toutes les couleuvres qu’on lui sert. Il relativise, observe avec légèreté et humilité le tragique de la vie, donne sa propre vision du réel, prend du recul et porte son regard sur la nature, un paysage, des oiseaux. Restant dans la veine du "traquet kurde", Jean Rolin nous passionne et excelle dans l'art de parler de choses très importantes avec d’autres apparemment secondaires ou dérisoires. Tout cela donne un charme unique à ce petit livre.
Lectura algo decepcionante para mi gusto. Quizá esperaba un libro de viajes más al estilo del excepcional "Desde el monte santo" , pero aunque la premisa es interesante (un viaje por los castillos de los cruzados en el Líbano y Siria siguiendo los pasos de Lawrence) el autor no acaba de ser lo suficientemente ameno, ágil y didáctico.