Madrid. Un Madrid nocturno en cuyo cielo de tanto en tanto se ve pasar alguna estrella fugaz. Un Madrid de extrarradio, de timbas, bingos, gasolineras de la M30, Casa de Campo y bares perdidos en la nada. Un Madrid crudamente real en el que de pronto puede suceder lo inesperado, e incluso lo mágico. Ese es el espacio que transitan los personajes de esta novela de perdedores en busca de una oportunidad.
Sus nombres son Nikki y Sánchez. En el pasado compartieron vida, después sus destinos se separaron. Ella ha estado trapicheando con tabaco en La Línea y ahora ha vuelto a Madrid y se ha metido en el mundillo de las apuestas y las carreras de galgos. Él, con fama de gafe y dado a desaparecer, debe dinero y acepta ayudar a Nikki cuando ella lo llama. La propuesta de Nikki a Sánchez: que la ayude a entregar un galgo de nombre Cromwell a una italiana que se dedica al negocio de las carreras. Y durante una interminable madrugada la pareja transitará por un Madrid espectral en busca de ese galgo y se topará con un montón de extraños personajes, como la artista serbia que acaba de celebrar en pleno bosque una performance consistente en comer carne cruda de ciervo durante veinticuatro horas...
Segunda entrega de la Trilogía instantánea de Madrid tras la notabilísima Cómo dejar de escribir, Esther García Llovet se confirma aquí como extraordinaria retratista de un Madrid que no sale en las guías turísticas, de la ciudad marginal de altas horas de la madrugada, poblada por personajes escurridizos e inquietantes.
Esther García Llovet nació en Málaga en 1963. Realizó estudios de Dirección de Cine y es licenciada en Psicología Clínica. Vive en Madrid desde el año 70. Es guionista de cine documental.
Segunda nouvelle de una trilogía sobre Madrid a ratos un poco umbraliana por ser también valleinclanesca. Estas ‘Luces de delincuencia’ que transcurre viajando a través de una noche de agosto, transcurre por lugares inéditos de la ciudad y sus alrededores. Su habla sociológica y la presencia de personajes del hampa no debería engañar sobre un supuesto realismo ramplón. La novela deriva poco a poco a una fiesta del lenguaje, de las metafáforas atrevidas y de las situaciones inéditas, que bebe tanto del realismo sucio y la novela negra como del Barroco nacional.
Las ciento treinta páginas de Sánchez se leen en un suspiro y se viven como una película. Nada más empezar te sientes dentro de una película, una que se parece a Jo que noche de Scorsese pero ambientada en la noche madrileña, con un toque de cine quinqui. Hay coches, hay búsquedas de personajes en bares y lugares reconocibles de la noche de Madrid, hay personajes propios de la noche que podrían resultar increíbles pero que García Llovet consigue retratar de una manera totalmente creíble, hay mentiras y medias verdades, y futuros llenos de cuentos de la lechera y pasados turbios que parecen mejores cuando se ven desde el presente y partidas de cartas y mentirosos y tramposos. Todo ocurre en una sola noche que parece no terminar nunca, una noche de agosto en Madrid que casi puedes oler y sentir.
Corred a leer Sánchez para que cuando hagan la película, que la harán, podáis decir: yo ya he leído la novela.
«Las cinco de la mañana existen aunque no las mire nadie. Están ahí, las cinco, muertas de aburrimiento, sin ganas de palique ya, esperando sentadas a que se haga de día y pase algo de una vez.»
Me apena darle tan poca puntuación. Quizás mereciese más, pero es que esta narración de una noche loca en Madrid en la que dos extraños personajes van de un lado para otro, me ha dejado muy pero que muy frio.
También es Madrid, perdidos en una noche intrigante (¿en exceso?) mucho más auténtica que la Gran Vía peatonal. Y por eso podría ser Murakami en After Dark, universal a fin de cuentas. Trilogía en marcha, aguardando quedamos.
Para mi este libro lo tiene todo: escritura vertiginosa, frases para enmarcar y se lee de una sentada. Los personajes son tan creíbles que seguro que me he cruzado con ellos alguna noche de fiesta. Espero que la autora nos regale, de vez en cuando, otra aventurilla de Sánchez
«Nada. La filología no tiene que ver con nada. Yo antes era filóloga, sí, iba a ver pelis iraníes, dejaba propina, adelantaba por la izquierda. Hay que ver qué rápido acaba la ruina con la vergüenza».
Se trata de una novela corta —o relato largo— que te lleva de paseo nocturno por el Madrid menos turístico en compañía de Sánchez y Nikki, dos buscavidas que tienen que hacer algunos "mandaos" (trapis varios). La autora dice que "Sánchez" nació siendo un guión de cine fallido. Desde luego, si se llevase al cine, no sería una película palomitera. En esta historia no son tan importantes las acciones que ocurren, como todo lo que las rodea. Si bien la trama es sencilla de resumir (Nikki y Sánchez tratan de encontrar un galgo —«un perro mod»— para vendérselo a una notas que lo quiere para hacer carreras), esto es simplemente el hilo sobre el que se sustenta la narración de García Llovet y el mundo que envuelve a este par de chanchulleros en Madrid. La novela habla de personajes «perdedores» que se tienen que enfrentar a las dificultades del ambiente en el que viven y sirve de altavoz para señalar con el dedo las vergüenzas de las grandes urbes (con su enormes desigualdades). La escritura de la autora es original, seca y directa. Alterna los diálogos con reflexiones o recuerdos y mantiene un tono regular: no se pone pedante al reflexionar, ni tampoco ñoña al recordar. La verdad es que se me ha hecho corta, pero está muy bien rematada: tiene un desenlace potente. Me ha molado su rollo, tendré que hacerme con el resto de esta trilogía de Madrid.
«El trile del cubilete lo conoce todo el mundo. El trile del cubilete es de principiantes, hay hasta tutoriales en YouTube, no entiendo cómo la gente sigue picando tan fácilmente con los triles de calle, pero así es. Nunca subestimes la soberbia del panoli español».
A veces la literatura es y debe ser esto: un destello, un esbozo, sin profundizar porque nadie lo pide ni lo necesita. Una mirada, una voz, un momento y nada más.
Hace poco vi Ordet, la obra maestra de Dreyer. Al acabar Sánchez ha sido lo primero en lo que he pensado, un profeta, en lugar de campos daneses, la M-30, una exnovia devota con fe ciega y el menor ratito de cuarenta hermanos. Una nueva estrella de oriente avistada por trasnochadores y delincuentes.
Me lo he pasado genial leyendo este libro, tanto que estoy segura de que me leeré todo lo escrito por Esther.
Los diálogos hacen que te tomes poco en serio la lectura porque intenta que los personajes hablen con un lenguaje de la calle, como de cine kinki, pero queda muy artificial. Seguramente como película del género con bajo presupuesto quedaría bastante bien.
Es muy posible que si fuera más largo se me habría hecho pesado y sin sentido, pero es tan corto y ligero que consigue picarte la curiosidad de qué va a pasar finalmente con esos dos personajes y lo acabas sin darte cuenta.
És un llibre sobre la vida de uns buscavides. Surt el xino de Plaza España de Madrid, un restaurant xinès que està dintre de l'estació de metro. És dels llocs que m'agradaria anar però ja ha tancat. Tot passa al voltant de la m.30 i això també em fa gràcia. No sé si li recomanaria a Pau.
Sánchez (2019, Anagrama) ha sido una maravillosa e inesperada sorpresa, que ha encandilado a V. Se trata de una novela breve, escrita por Esther García Llovet, nos cuenta las aventuras de Nikki y de Sánchez. Nikki tiene que secuestrar a un galgo para después revenderlo, y para hacerlo necesita de la ayuda de su ex novio, Sánchez, un tipo con mala suerte, tanta, que hasta él mismo se considera un gafe.
Este libro nos sitúa en el extrarradio de Madrid, donde viven perdedores con desheredados. Nikki es una buscavidas que intenta sobrevivir trapicheando, después de que la vida le diera tantos reveses que ya no le quedara otra que vivir con un pie y medio en la marginalidad. En cambio, Sánchez, el gafe, nos recuerda a Meursault, el protagonista de El Extranjero (Camus), para el que la vida solo tiene sentido dentro de la rueda sin fin de las deudas que su mala suerte le hace contraer.
Los personajes están trazados a cincel, así como su prosa, directa y cortante. Las descripciones y el mundo que se crea, similar al barro de un día de lluvia, nos pringan y nos hacen meternos en la noche en la que conocemos a Sánchez, a Nikki y al resto de personajes que viven en este ficticio extrarradio.
4★ *Sánchez* es una novela mínima pero muy atmosférica, una noche larga en un Madrid marginal que Esther García Llovet convierte en un territorio extraño y magnético. La trama —un encargo, un galgo, dos personajes que arrastran su pasado— es solo el hilo para desplegar su estilo: seco, afilado, lleno de rarezas que funcionan con absoluta naturalidad.
Nikki y Sánchez son dos supervivientes que avanzan casi a tientas, y en ese deambular nocturno la autora construye un relato que mezcla realismo sucio, humor tenue y destellos casi surrealistas. No hay subrayados ni excesos: todo es directo, preciso, inquietante.
Se lee en un suspiro, pero deja un eco persistente. Ideal si te gustan las historias de borde, los paisajes urbanos poco transitados y la narrativa que trabaja más con atmósferas que con grandes giros. Llovet en estado puro.
“Cómo me gusta Madrid, pensé. Qué buenos somos aprovechando las sobras, lo blanco del filete, los estadios de fútbol, un día nos van a dar un premio internacional al reciclado y ya veremos qué hacemos con él”.
“Hay que ver qué rápido pasa el tiempo cuando le debes dinero a alguien”.
“Yo antes era filóloga, sí, iba a ver pelis iraníes, dejaba propina, adelantaba por la izquierda. Hay que ver qué rápido acaba la ruina con la vergüenza”.
“Una estrella fugaz para recordarnos el marasmo de allí fuera y lo invisible y la verdadera naturaleza de las cosas”.
Este fue el libro ganó el boreal y universal premio "El mejor libro con perritos que leí en 2020". Punto. Una novela divertida, veloz y precisa, vertiginosa como una navaja y potente como un abrazo. Esther escribe con esa finura de los galgos al caminar: algo tremendamente alucinante.
Un periplo por un Madrid nocturno con un elenco escaso con el que no se acaba de conectar. Un intento de literatura quinqui cuyo escenario es bueno pero que ni diálogos ni ritmo acaba de conectar con el lector.
Una noche. Madrid. Un grupo de desahuciados sociales: sobre todo Nikki y Sánchez. Jugadores de azar de los malos; bebedores de los peores; los mejores en estar perdidos. Ambientación en un Madrid nocturno, etílico y marginal. Pero ....