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La inmortalidad en el antiguo Egipto

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Javier Martínez-Pinna nos embarca en un emocionante viaje para visitar enormes templos y fastuosas tumbas que se alzan en el más desolado de los desiertos. Frente a ellos, trataremos de encontrar respuestas a todas las preguntas que se hicieron los egipcios en su empeño de comprender aquello que les rodeaba, especialmente el mundo de la muerte y la vida en el más allá, que ellos entendieron no como una posibilidad sino como una certeza.


También profundiza en de algunos de los enigmas más atractivos y fascinantes del país del Nilo como las pirámides y la esfinge de Guiza o el conocimiento secreto que debía de esconderse en la prestigiosa biblioteca de Alejandría, pero siempre alejándose del sensacionalismo y de planteamientos esotéricos para centrarse en un estudio serio y riguroso de las fuentes documentales y arqueológicas.

240 pages, Kindle Edition

Published January 15, 2019

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Javier Martínez-Pinna

20 books3 followers

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Profile Image for Olivia ★ .
15 reviews
July 16, 2026
El libro es muy fácil y muy ameno de entender y leer, pero es verdad que conviene tener una base antes de comenzar para así comprender correctamente la división por épocas y los cambios de dinastía que hubo en el Antiguo Egipto. El autor facilita muchísimo la lectura y la comprensión dividiendo el libro según los periodos históricos, pero, sin embargo, hay que tener en cuenta que algunos ritos aparecen englobados en un capítulo concreto aunque aluden a lo explicado anteriormente, lo que puede llegar incluso a confundir un poco al lector.

La inmortalidad en el Antiguo Egipto también se puede percibir desde la geografía, ya que existía una transición entre los campos fértiles y el desierto: uno representaba el orden y la vida, y el otro el caos y la muerte. Las divinidades podían simbolizar cualidades o estados transitorios, pero también implicaban lo absoluto y la unicidad, como ocurre con Amón o Atón.El autor narra muy bien por periodos la evolución de la mortalidad. Por ejemplo, durante el período predinástico se vivía de forma muy primitiva y se han encontrado granos al lado de las cabezas de los difuntos, lo que implica un intento por parte de los vivos de asegurar la subsistencia de los muertos en el más allá. Asimismo, los muertos se enterraban recostados sobre su lado izquierdo, en posición fetal, lo que estaba asociado a una resurrección vinculada al culto solar. También se situaban los objetos en una bancada ligeramente elevada respecto al cuerpo, junto con otros tipos de ajuares. De Hieracómpolis procede la paleta de Narmer, en la que se representa la corona blanca del Alto Egipto y la roja del Bajo Egipto, símbolo de la unificación de ambos reinos. En este período también se celebraban festivales como el sed, durante el cual los faraones llevaban a cabo complejos rituales para renovar sus fuerza.

Durante el período arcaico se origina la Dinastía I en el Alto Egipto, cerca de Abidos, donde encontramos muchísimas tumbas de la primera y la segunda dinastía. En el sur también se construyeron numerosas tumbas, aunque estas pertenecieron a altos funcionarios del Antiguo Egipto antes que a reyes o faraones. Con la Dinastía III empiezan a levantarse grandes construcciones, entre ellas la pirámide escalonada de Zoser y posteriormente otras pirámides y mastabas vinculadas al culto solar, que cada vez adquiere mayor importancia. En este período se consolidan los poderes de la realeza, reflejados en tumbas que ya no son sencillas como en épocas anteriores. Las mastabas presentan dos niveles: uno subterráneo, al que se accedía mediante largos pozos verticales que se cegaban tras depositar la momia, y otro superior con una capilla, de forma rectangular y construida en ladrillo. Aquí también se intensifica la devoción hacia Osiris e Isis. Con la Dinastía IV se construyen las pirámides de Keops, Kefrén y Micerino, y se elige la llanura de Guiza para materializar las pirámides más importantes, posiblemente debido a la cercanía con ciudades sagradas, especialmente Heliópolis. En este período el rey ocupa una posición especial como mediador entre el mundo de los hombres y el de los dioses, siendo un punto de contacto entre ambos. Empiezan a identificarse con el título de Horus, entre otros. Con el paso del tiempo aparecen nuevas tumbas pertenecientes a la clase sacerdotal, a la familia del faraón o a funcionarios, y la construcción de estos proyectos supuso un aumento de las relaciones comerciales con regiones cercanas. Durante la Dinastía IV también se inicia la literatura religiosa inscrita en las paredes, especialmente los Textos de las Pirámides, una colección extensa de plegarias, invocaciones e himnos destinados a asegurar al faraón la vida de ultratumba junto a los dioses. Sin embargo, este período llega a su crisis con el reinado de Pepi II, que tuvo el reinado más largo de la historia egipcia.

Debido a ello surgen ambiciones independentistas de aristocracias locales, como los nomarcas, que amplían sus privilegios económicos. Aparece un reino al norte con capital en Heracleópolis y otro al sur en Tebas.

Durante el Primer Periodo Intermedio se desarrollan fórmulas mágicas en las que la familia, los amigos y los servidores del difunto tienen un papel muy importante.

Durante el Reino Medio y el Segundo Periodo Intermedio hay un auge provincial que trae consigo la recuperación de divinidades locales que habían perdido influencia en el Antiguo Reino debido a la unificación. A partir de ahora dioses como Osiris adquieren una gran importancia y la eternidad será accesible para todos los egipcios. Destaca el faraón Mentuhotep II, conocido por su intensa actividad constructiva en Tebas. Además, Nubia será finalmente sometida mediante campañas militares, consolidando un gobierno fuerte y centralizado, y se someten los nomarcas provinciales. Desde el punto de vista religioso, se produce un auge del culto a Osiris. Este fenómeno se acompaña de la democratización del más allá, por lo que el pueblo accede a privilegios funerarios que hasta entonces habían estado en manos de la realeza. Surgen diversos libros como El Libro de los Dos Caminos, que narran cómo llegar sano y salvo al mundo del más allá. El período entra en crisis con la llegada de los hicsos, mientras que en el sur se desarrolla el reino de Kush. El Ojo de Horus pasa a ser el símbolo más popular del Antiguo Egipto, representando la estabilidad y el orden, así como la unidad de los seres en torno a una sola entidad, uno de los signos más representativos de las divinidades solares.

El nacimiento del Imperio Nuevo surge con la Dinastía XVIII, durante la cual se construyen nuevos templos y edificios consagrados a dioses como Amón u Osiris. Se aprecia una recuperación económica gracias a la gran cantidad de objetos fabricados en oro. En la institucionalidad egipcia mejora la administración y el culto a Amón en el templo de Karnak. Destaca Hatshepsut, que hizo excavar la tumba más antigua del Valle de los Reyes; en el interior de estas tumbas aparece representada como el dios Sol, intermediaria entre el mundo de los dioses y el titular de la tumba. También destaca su templo. En este período surge la dinastía de los ramésidas y, con Ramsés II, aparece un nuevo canon constructivo basado en el aumento del colossalismo para realzar su carácter divino. Además, la adoración al dios Atón se hace más evidente. Sin embargo, Akenatón, debido al incremento del poder del clero de Amón, que acumulaba riquezas y dificultaba la acción real, crea una nueva capital en la actual Tell el-Amarna, alejada del clero, para implantar un nuevo modelo religioso basado en el culto a Atón. También hay que tener en cuenta que el Valle de los Reyes no se utiliza únicamente para los faraones, sino que, hasta la fundación del Valle de las Reinas, se enterraba junto a los soberanos a un gran número de esposas reales. Asimismo, durante este período se produce la primera huelga conocida de la historia, la de Deir el-Medina, durante el reinado de Ramsés III, en la que los trabajadores exigieron un mejor salario y condiciones laborales más favorables. Este descontento se entiende porque los faraones del Imperio Nuevo decidieron concentrar a todos los trabajadores del Valle de los Reyes en este poblado, y durante generaciones estas familias se vieron obligadas a permanecer recluidas en uno de los parajes más inhóspitos de Egipto.

El Tercer Periodo Intermedio y la Baja Época están dominados por la crisis, con diversas dinastías sucediéndose en muy poco tiempo, conflictos internos y desunión política. En el norte, por ejemplo, la autoridad del faraón se ve restringida. Por ello, las tumbas presentan estructuras más sencillas y no se encuentran edificaciones monumentales propias de periodos de unidad política. Los ajuares funerarios no se pueden comparar con los de épocas anteriores, pero aún así se hallan joyas y objetos de enorme valor, incluso máscaras de oro de bella manufactura. También hay que tener en cuenta el notable éxito cultural y científico del Egipto ptolemaico, vinculado a la fundación de Alejandría, influida por el Mediterráneo y el mundo helenístico, con espacios públicos como la Biblioteca de Alejandría, fundada por Ptolomeo I. Asimismo, a la muerte de Alejandro Magno, Ptolomeo logró hacerse con su cuerpo y trasladarlo a Egipto, aunque actualmente no se sabe dónde está enterrado.
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Profile Image for Jane Blake.
Author 9 books10 followers
July 3, 2021
Tiene algunos datos interesantes pero se podría haber abordado en algunos más que en otros, especialmente aquellos referentes al imperio antiguo.
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