Seres queridos es una antología de diez cuentos en la que el foco apunta a las relaciones, que en estos textos se presentan tormentosas, que se establecen entre personas allegadas, no necesariamente familiares pero sí cuyos vínculos tienen a ser afectivos. Hermanas, padres e hijas, médico y paciente, empleada y patrona.
Lo inquietante, además, siempre se entrelaza con lo cotidiano, generando un efecto de extrañamiento hacia lo rutinario. Lo que hacemos todos los días se vuelve extraño, ajeno, distante, por el solo hecho de ponerlo en palabras, de analizarlo desde otro punto de vista. Aquí Vera Giaconi hace un trabajo interesante, porque a través de un estilo sencillo y directo, logra mantener un pulso constante que se mantiene a lo largo de todos los relatos y permite que las historias fluyan naturalmente. Sin embargo, también es cierto que no todos los cuentos tienen la misma potencia narrativa: algunos carecen de fuerza, de remate.
Desde mi perspectiva, hay textos que no llegan a desarrollar un problema, un nudo, y el cuento queda en eso, en algo que podría haber sido. Si bien son todos buenos, porque están muy bien escritos y tienen temáticas interesantes, varios de ellos se quedan a medio camino. Se estancan ahí, justo en el medio que jamás le permitiría al texto ser malo pero tampoco le alcanza para ser sobresaliente. El último cuento, no obstante, no es solo el más largo y el más potente, sino que es definitivamente el mejor. Es en el que yo encontré un desarrollo mucho mayor en la trama, que va aumentando en intensidad hasta llegar a un final muy bueno, que redondea la historia a la perfección. Otros, en cambio, están narrando algo y, de pronto, terminan, sin profundizar en las temáticas más importantes que el relato venía proponiendo.