Cuando un problema crece sin control, puede invadir toda nuestra vida… Mucho sabe de esto Mike, un chico que en casa no para de escuchar a sus padres discutir y en el instituto parece invisible, salvo para los matones de clase. Y todo se complica cuando, en el peor momento, nace un árbol en mitad de la pared de su cuarto.
La adolescencia es un periodo complicado. Encontrarse a uno mismo e intentar escoger un camino para labrar tu futuro. Pero no todo sale siempre a pedir de boca. A veces los problemas crecen sin control, invadiéndonos por completo. A veces no sabemos gestionarlos y podemos llegar a colapsar. Este puede ser el caso de Mike, un adolescente objetivo constante de los abusones de clase y que no para de escuchar a sus padres discutir en casa. Y todo se complica sobremanera cuando nace un árbol en mitad de la pared de su cuarto y no para de crecer a velocidades imposibles.
Lourdes Navarro construye una pequeña metáfora perfecta para hablar sin tabús sobre esa manía que tenemos los humanos de guardarnos las cosas. Explica, con una bella metáfora, la enorme bola que te aplasta autogenerada tan solo por la angustia de no ser capaz de asumir o compartir ciertas situaciones. El cómic nos enseña a reconducir, abordar y enfrentar estas barreras para crecer y madurar. Es la única forma de no ahogarse en uno mismo. A la vez, también es una forma visual de presentar a cualquier joven que el divorcio de un matrimonio no es el fin, ni él es el culpable del mismo.
"El árbol que crecía en mi pared" es una obra dirigida a niños a partir de los 8-10 años. Ganadora del premio a Mejor obra infantil/juvenil en el 37° Salón del Cómic de Barcelona (ahora sólo 'Cómic Barcelona'), nos cuenta la historia de Mike, un niño-preadolescente con una situación familiar difícil, con el matrimonio de sus padres yéndose a pique por momentos, que en el cole es acosado por los típicos malotes y cuyo refugio son las plantas que cuida en su habitación. Todo cambia cuando de la pared de su habitación empieza a brotar una planta que crece descontrolada y que tiene mucho de metáfora de los problemas de su vida. Una historia sencilla, con un dibujo bonito y amable y un coloreado que me ha gustado mucho. Aunque esto es un detalle menor, me descuadra un poco que la autora, que es canaria, utilice nombres como Mike y Sarah, en vez de otros con los que la juventud hispanohablante pudiera sentirse más identificada.