"Carlos Raymond no soy yo. Carlos Raymond no es Leo Sandler. Carlos Raymond ni siquiera es. Y si es, es un ente de ficción que creamos juntos a partir de la mezcla de muchas cosas. Sí, creo que si Carlos Raymond es algo, es eso; una ensalada de lecturas, guiños y homenajes... Si Boogie parodia a los tipos duros de los policiales negros, Carlos Raymond lo hace con la literatura con la que crecimos nosotros: la generación Beat y el canto desangelado de la poética “white trash” de autores como Charles Bukowski y Raymond Carver"
Nació en Bahía Blanca, el 31 de mayo del `78. Actualmente vive en Buenos Aires. Es Licenciado en Letras en la UBA. Publicó las novelas Frío (Llanto de mudo, 2008) y La edad del sueño (Perro, 2002) y el poemario Cuando digo (Editorial Imaginante, 2007). Escribió el libro de relatos gráficos La Fábrica (Loco Rabia, 2010) realizado por siete excelentes dibujantes y La historia del otro Juan Moreira (3 tomos, Llanto de mudo, 2010-11) Participó de las antologías Ebrio (Llanto de mudo, 2010) y Traición (Loco Rabia, 2008), entre muchas otras. Publicó historietas en la revista Sudestada, G7, Subversos (Brasil) y Larva (Colombia). Junto a Leo Sandler, la tira Zacarías en los sitios El circo de la productora y sus amigos, Comiqueando online y en la revista electrónica Tomate de Árbol. También participó en varios números de la revista Blanco Experimental (Chile) Dirije la sección de historietas (Bang Bang) de la revista No-Retornable y, junto a Marcos Vergara, la editorial Loco Rabia. En el 2010, obtuvo una beca de creación literaria otorgada por el Fondo Nacional de las Artes para el proyecto La vida está en otro lado, una novela gráfica que trabaja sobre la novela Los suicidas, de Di Benedetto y las vidas de Lugones, Quiroga y Storni. En teatro, es Gerente de Producción de la Asociación de Ópera, Buenos Aires Lírica y fue director del Teatro de la Capilla del 2003 al 2009. www.tengolospiesfrios.blogspot.com
Carlos Raymond recibe su nombre -como nos explica el propio Farias en el prólogo- de la conjunción entre dos escritores -Charles Bukowski y Raymond Carver- un poco para reirse, un poco para parodiar, un poco para hacer leña del árbol caído, sobre la figura del "poeta maldito". Ese sujeto tan habitué a los espacios bohemios, siempre con la frase justa en los labios, ese tono oscuro, ese "atractivo" puesto esencialmente al servicio del levante del sexo opuesto. Farias mismo referencia al Boogie el Aceitoso en sus palabras iniciales y hasta hay que decir que el diseño del personaje a cargo de Sandler recuerda al paródico pistolero. Así, en las primeras historias de este libro hermosamente editado -producto del esfuerzo conjunto de editorial Loco Rabia y la debutante Karkass- hay mala leche, hay burla mordaz y hay mucho humor (muy adecuadamente dibujado -y coloreado, que es una de sus más recientes virtudes- por Sandler) en historias breves -no más de cuatro carillas- que emulan siempre un mismo formato. Uno podría llegar a creer que el recurso corre peligro de agotarse, pero la historia -el persona de Raymond, en realidad- deriva de a poco hacia otra cosa. Asume como verdadero su reflexivo existencialismo, su lirismo, su poesía (hay al menos uno de los capítulos que es literalmente un poema ilustrado) y deja atrás concientemente el humor, el chiste. Gana en profundidad, cierto es, pero se transforma en otra cosa y limita en cierta manera a su público lector (yo, confieso, no soy para nada lector de poesía por lo que es claro que prefiero la primera mitad del libro). El propio Farias ya advertía de esta transformación en el mentado prólogo -el que avisa no es traidor- como si fuera quizá el propio personaje que se rebela ante su condición de mera parodia y gana identidad propia por sus fueros. Farías y Sandler son una dupla muy consistente -su longeva tira Zacarías, su adaptación de la ópera Jénufa- y este libro no es la excepción, sobre todo si el lector está en la misma sintonía que su protagonista.
Claro. Conciso. Sólido. Raymond es una colección de historietas brevísimas con un laburo casi documental de las referencias de las que deviene y que, para ser sinceros, los dos autores aclaran con toda fidelidad en el prólogo. Es un canto a la generación Beat, a Bukowski y a Carver, a toda una subcultura de artistas independientes, generación beat que nos llegó a coletazos, trampa criolla que se mete de cabeza en el zanjón del alcoholismo y la filosofía de cafetín. No es un mal libro, pero sinceramente lo sentí más un homenaje de los dos autores a una parte de su formación como artistas que un libro intentando contar una historia nueva. Quizás si lo hubiera agarrado con menos años (y en otro momento histórico) lo hubiera disfrutado más, pero es un libro que apela claramente a la nostalgia de un público lector muy específico para el que, creo, quedé demasiado chico.