Topé este libro en la biblioteca de la escuela y fue un grato descubrimiento. Se trata de la transcripción revisada de una serie de lecciones que Manuel García Morente dio en la Universidad de Tucumán, en Argentina, en la década de 1930. El texto es una buena introducción a varios temas, y resulta diferente a otros manuales de filosofía que he leído.
Lo usual es que estos manuales estén escritos desde un enfoque histórico, como una sucesión cronológica de la obra de diversos autores. García Morente, trata más de los problemas y métodos de la filosofía. Inicia explicando que la única forma de entender qué es la filosofía es estudiándola, una respuesta que decidí repetir para mis alumnos del curso que inicia.
También dedica una buena parte de su libro a hacer una breve reseña histórica, y se enfoca en la metafísica, la ontología y la epistemología, dejando de lado las cuestiones de estética, ética y política. El eje de su exposición son las que considera las preguntas fundamentales: ¿qué es lo que es?, ¿qué es lo que existe? y ¿cómo lo sabemos? Esto es la base de todo otro cuestionamiento que queramos abordar, y constituye a la vez lo más abstracto y lo más puro de la filosofía.
Como se trata de lecciones que el profesor dictó, su intención es claramente didáctica y en ello demuestra tener una gran capacidad para explicar con claridad temas complejos. Tiende a repetirse, pero eso no es malo, sino que ayuda a recordar lo que ya se había discutido en lecciones pasadas.
Es interesante que García Morente se aleja de los criterios de clasificación tradicionales (empiristas, racionalistas, idealistas, etc.). En cambio, afirma que la filosofía occidental es toda realista desde Parménides hasta Descartes, y que sólo a partir de éste nace un verdadero idealismo que culmina con Kant (a quien dedica seis lecciones), y tiene argumentos muy convincentes para plantearlo así.
No oculta sus simpatías por los filósofos vitalistas que son sus contemporáneos: Heidegger, Husserl, Bergson. A mí no me caen muy bien, pero leer sobre ello me ayudó a entender mejor sus ideas. También me resultó muy útil para comprender la importancia de Parménides, y me voló la mente con sus explicaciones de las categorías ónticas y las ontológicas, y la diferencia entre los objetos reales y los objetos ideales.
Incluso cuando no logró convencerme, me hizo pensar, como en su capítulo dedicado a la ontología de los valores. García Morente cree que los valores son objetivos, postura que yo no comparto. Pero sí logró convencerme de que tampoco es posible reducirlos a simples preferencias subjetivas. Algunos filósofos dirían que nuestros conceptos de lo bueno o lo bello dependen simplemente de cómo tal o cual cosa nos hace sentir. García Morente señala una distinción: si yo digo que algo me desagrada, no hay discusión posible sobre esa experiencia subjetiva mía, nadie puede comprobarla ni refutarla, sino que es algo que está en mí y ya. Pero si yo digo que algo es injusto o que una obra de arte es mala, cabe la discusión, caben los argumentos y es posible discutir racionalmente con otra persona y hasta de hacerle cambiar su postura. No creo que eso baste para demostrar su punto, pero sí que logró sembrar en mí una inquietud.